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Me enamoré de un demonio By Frank Spoiler

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La tristeza se había apoderado de ella, la melancolía usurpaba su corazón y la angustia hacía que sus pies le pesaran una tonelada, haciéndo ese día imposible disfrutar de la lluvia tanto como a ella le gustaba. Recordó, sentándose sobre sus rodillas, sus juegos de niños,  cuando Amarillo (lo llamaban así por su color de piel pálido), bromeaba y la hacía rabiar metiéndose con su pequeña nariz, decía que era pizpireta y le parecía muy graciosa, (ella ni sabía lo que significaba pizpireta). Crecieron juntos en el mismo barrio, en “entrevías” (Puente de Vallecas), comunidad de Madrid.  Sonrió emocionada, mientras miraba por la ventana, sin ver,  los enormes goterones que golpeaban sin cesar el asfalto.  Pensaba en sus labios, en sus dientes perfectos, en su simpática sonrisa. Él siempre tan optimista, logrando llenarla de vida, alegría y felicidad. Se puso seria de repente. Recordó su despedida, él ni la habló. En silencio y estupefacta, se quedó contemplando el fulgor de sus ojos magenta, que  brillaban húmedos por las lágrimas, antes de darle la espalda y desaparecer de su vida, en silencio, sin una sola explicación, sin un beso de despedida.

Sabía ahora que él era un demonio, pero no que ella fuera su sirvienta. Levantó la cabeza, tenía que refrescar su memoria.  La lluvia se había convertido ya en tormenta y los relámpagos y truenos hacian temblar los cristales de la ventana.

¿Quién se lo iba a ella decir? ―se decía entre dientes― «Madre amorosa que todo lo perdona, que todo lo disculpa. Mujer fuerte que vence su debilidad derrotándose así misma. Ella fue la esencia pura de la vida, madre del universo.  Aunque antes también  fue hombre, cuando creyó ser un dios. Siendo  tan solo  la costilla de un asno tallada en barro. Era menos aún que un átomo diluido en la tierra». Guan Yin, “alegoría” de misericordia, “la que todo lo perdona”, visión nocturna de un águila e hija poderosa de Argos y Medea. Guerrero invencible entre las huestes de Atila, “rey de los Hunos”. León, bestia sanguinaria… Hoy solo, una mujer… y sirvienta del demonio.

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¡Vaya mierda de fiesta! ―Pensaba Marcos― mientras miraba compungido hacia su novia Lourdes. Justo unos minutos antes ésta casi le jode el menisco con una patada, y todo por echarle una “miradita” a su cuñada Fina, que, además de fina, estaba muy apetitosa. Claro que eso no fue lo peor, con la patada,  casi se come todas las viandas, y no lo hizo porque dio con sus dientes en el canto de la mesa. Lo peor vino después, cuando su suegra ejerció de catapulta, enviándolo de un ostión contra el cenador. Por cierto, ahí sí, ahí se comió un farol.

 

El narrador

 

Me pongo serio ahora. Grande es la transparencia que la victoria nos impone, mientras el tiempo se encarga, dándonos su confianza, de marcarnos la aventura a seguir mientras nos dejamos llevar por el tic, tac del reloj. Nuestros pasos, uno tras otro tropezando sin descanso, cayendo en la ingrávida derrota, destrozando una vez y otra cuanta esperanza pusimos en el empeño por vivir, amando con desprendimiento… aunque perdiendo la amabilidad. Tal vez llevados por la mano de la ilusión o imbuidos por la sátira. Como en una función de teatro, somos muñecos de trapo, manejados por el ir y devenir de las horas.

En fin, que os lo lo tengo que confesar, soy un extraterrestre. ¡Lo he dicho, me atreví!, ahora a esperar qué consecuencias me puede traer esto. Sé que ahora me diréis que se ha perdido la magia, porque, ¿quién de vosotros me va a dar ahora calor, si ni siquiera me parezco a Chewbacca? y como sois unos chivatos, también se enterarán los de la productora Disney que no soy persona ni humano, no como vosotros claro.

Adiós a mi posible inclusión en la trama androide de esta novedosa duodécima nueva versión de “la guerra de las galaxias” titulada esta vez: “La batalla de los cochinos vestidos de pingüinos”. ¡Qué título más feo!

¡Me cago en la…! Siempre me acabo perdiendo y yendo por las ramas… ¿Os estaréis preguntando qué tiene que ver el demonio, Guan Yin, o Marcos y su novia Lourdes en toda esta trama no? Claro que también: ¿qué hace aquí un extraterrestre, más feo que el Chewbacca, contándoos esta historia? ¿No os preguntáis también el porqué os dejais cortar las alas (y algunos los huevos) por malos gobernantes, corruptos, viciosos  y exentos de dignidad ninguna,  cuando os dejais arrebatar la libertad? Vivís hoy en un ambiente rancio, viejo, hipócrita, cargado de viejas glorias fascistas que no os dejan avanzar y rodeado de una falsa y mentirosa solidaridad. Donde habitais encerrados no os dais cuenta que os están arrebatando la democracia ganada con tanto esfuerzo por vuestros ancestros.

Del amor… ¿para qué hablar? y no digamos del  respeto, éste ya ni existe, entre todos lo matastéis, no os queda ni dignidad. Desde fuera, en lejanos paises (o cercanos), os mencionan con sarna y burla y mucho de desprecio, dicen que vivís en: “Españistan”.

¿Y os vais a preguntar qué hace un extraterrestre contándoos esta historia?

En fin, prosigo.

Marcos dejó de pensar en la fiesta y en su boda, algo lo tenía mucho más preocupado, la situación vivida en Cataluña en los últimos días, pensaba para sí: «De nada me servirá la obstinación ni la decencia que me asiste si, pese a mi inteligencia, sigo aceptando que me continúen considerando un primate sin derechos ni dignidad. ¡No, no podrán conmigo! ¡Soy libre!  Aunque por esa misma razón también sé que ya no me queda  más reducto donde guarecerme que mí rebeldía, porque, ¡jamás cederé mis derechos a quienes se rascan la panza ignorando o despreciando mis razones para no votarlos! No, no cometeré esa indignidad ni caeré en la tentación de votar a quienes menoscaban, roban y corrompen mi hermosa provincia y nación ¡Cataluña y España! Aún resonaba en mi cabeza, estando en la soledad de mi habitación, el clamor de todo un pueblo, con la necesidad imperiosa de gritar, como la letra de una canción mil veces repetida, en un gesto de rebeldía, un arrebato de apasionada locura. Aunque para otros pueda ser un decepcionante dislate, una auténtica bravata, (escriben o desinforman medios afines al poder).

Para la inmensa mayoría era una petición justa. Piensan que tienen derecho a decidir, mediante un referéndum, legal, eso sí. Y que decidan si quedarse o no en un país, España, donde una minoría de ellos no parece sentirse cómoda.

Miró Marcos a la que, recien, se había convertido en su esposa. Recordaba el día en que la miró a los ojos buscando hallar en ella profundidad pero, lo que halló fue aún más increíble. En sus grandes ojos castaños, vio comprensión, humildad, compromiso, y mucha, muchísima personalidad.

Supo entonces que ella, sin duda, era la más apropiada para ayudarle llevando por el mundo, con gran orgullo y dignidad, su verdadera bandera, la de la solidaridad, para ayudarle a construir un mundo más solidario y humano. Sin duda, elegió bien: Lourdes  Olesa Monturiol era la persona apropiada, por ser, aparte de hermosa por dentro y por fuera, un gran ser humano y digna de ser la embajadora de la ONG “Solidaridad sin fronteras,” junto a él, su ahora esposo Marcos.

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Amarillo, no era Chino «por algo lo llamaban “demonio”,  ni sus genes tenían ni por asomo familiaridad con asiático alguno. Simplemente, su faz tenía ese aspecto desagradablemente amarillo. Nunca nadie se había atrevido a preguntarle el motivo. Sabían, eso sí, que era un sujeto incapaz de amar ¡ni a su madre! Le encantaba el ajo, y cuando mataba (por cierto) sin anestesia,  se comía un par de dientes de ajo justo antes de comunicar a sus “jefes” que había llevado a buen puerto el encargo. Su último trabajo fue  el asesinato de Cesar Lapiedra, concejal de urbanismo en el ayuntamiento de Alcobendas. ¿Por qué? no lo sabía, nunca preguntaba, era un profesional.

Lo mató entrando por la ventana de la cocina, fue muy simple, era ágil y delgado como un fideo. Había aprovechado que estaban de fiesta mayor (se escuchaban sonoras explosiones de petardos y cohetes por doquier), para romper un cristal atándose antes su pañuelo al puño de la mano derecha. Como imaginaba, el ruido fue disimulado por el repiquetear de una traca de petardos lanzados por unos vecinos cercanos. Nada más entrar lo vio en el salón, su próxima víctima estaba hablando con un concejal compañero de partido y de ayuntamiento…

―No insistas JJ, me cansé de medrar, de engañar y robar a incautos. De vivir angustiado pensando que un día le pegarán una patada a mi puerta y sea la policía que viene a arrestarme.  La corrupción nos ha tocado a todos. No, no me mires así, se hizo endémica y nos ha llenado a todos de mierda. Incluyo a nuestro presidente.

JJ lo miró apesadumbrado, entendía a su amigo, él estaba igual pero, podía más su miedo.

― Sé que me vas a llamar majadero, Portillo, el alcaide, lo hace continuamente en cuanto tiene oportunidad. JJ lo miraba con pena desde el quicio de la puerta.

―No te equivoques César, “el partido” jamás dejará que abandones. No vivo. Sentenció cerrando la puerta. Y así fue, aunque eso, el concejal Cesar, jamás lo supo. Amarillo fue rápido, le quebró el cuello con sus fuertes brazos de atleta fuertemente adiestrado.

Lo encontraron a la mañana siguiente sin vida  al pie de las escaleras ¿Lo que dijo la prensa?: «desgraciado accidente doméstico».

 

Marcos

 

Aquello era una pesadilla ― Marcos se quejaba amargamente, sentado a pocos metros de una oscura y sucia alcantarilla, estaba abierta y el hedor que desprendía era espantoso. Por ella acababa de salir. Ni siquiera podía acordarse cómo había llegado hasta allí. Era de locos. ―se machacaba interiormente―. De lo poco que recordaba, le venían flashes, como luces intermitentes en forma de imágenes inconexas y muy confusas. Solo una cosa tenía clara, él estaba disfrutando junto a su esposa de su viaje de novios en barranquilla, (Colombia) y creía, aunque no estaba del todo seguro que, con su esposa, (o su chica, que tampoco lo tenía nada claro ahora). De pronto pegó un bote, algo había llamado poderosamente su atención, enfrente y sentada en una desdibujada barandilla, estaba una rubia impresionante, la veía perfectamente, a pesar de ser de noche, por la iluminación de un sucio letrero de un viejo y cochambroso motel. La rubia sujetaba entre sus dedos índice y pulgar de la mano derecha un cigarrillo mentolado con boquilla dorada. Jorge supo exactamente que era un cigarrillo mentolado porque conocía perfectamente a alguien que los fumaba asiduamente, su chica, Lourdes, ella siempre fumaba de esa marca: “pall mall mentolados”.

Pero, ¿por qué se acordaba de su chica, del tabaco que fumaba y del lugar de vacaciones? ¿Por qué no recordarlo todo? La cabeza de Jorge intentaba reorganizar cada flash o imagen que pasaba por su cabeza pero, era inútil, solo le aparecían tres cosas: su chica, Barranquilla y la marca del tabaco mentolado.

Algo salió volando desde una ventana del motel, era una silla, detrás de ella y por una escalerilla de incendio, apareció un chiquillo de apenas doce años, bajando corriendo. Era un ladronzuelo al que habían pillado infraganti robando. La víctima fue la que tiró la silla por la ventana intentando alcanzarlo. El chico a punto estuvo de romperse la cabeza al tropezar con una vieja esterilla, perdiendo la gargantilla que llevaba en la mano, supuestamente producto del robo. ¡Qué pesadilla! ―exclamó Marcos, pensando extrañamente tras un suspiro, en la imagen de un buen vaso bien fresco de zarzaparrilla…

 

 

Por esa razón no pudo ver la amenazante sombra que se le acercaba por la espalda. Era Amarillo, el mismo demonio venía a matarlo. Y éste jamás fallaba.

Continuará…

 

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