Sin categoría

El Tesoro de la gruta by Conchi Ruiz

cad5fd4505e505312e670b6d23ab4a94

Los dos amigos avanzaban por el subterráneo en silencio, al hablar sus voces se repetían con un eco que recorría la oscuridad de las galerías y en lugar de perderse se amplificaban. El suelo resbaladizo les hacía caminar despacio y con recelo porque cualquier paso en falso podría ser el final de su aventura y también de sus vidas, o con algo de suerte, algunos huesos rotos. Alex tampoco dudaba de la posibilidad de nidos de serpientes venenosas o repugnantes cobras, aunque Ronald en su infinito optimismo, afirmaba que eran bellas. No pensaba igual Alex desde que conoció la historia de Cleopatra o la muerte de un amigo en el desierto. Al principio la luz entraba por pequeños orificios que la naturaleza había creado, posiblemente con la ayuda de las lluvias torrenciales, los fuertes vientos o movimientos sísmicos. A través de esos pequeños fragmentos de luz, se veían ratas de un tamaño bastante regular y que se escabullían por los resquicios de las paredes húmedas por finos hilos de agua fétida que peligrosamente colgaban del techo. No tardó mucho tiempo para que notaran sus pies empapados.

— Ronald preguntó: ¿y si damos la vuelta?

— No Alex, ya no, hasta que encontremos lo que buscamos. Y no hables.

— La cuerda que has atado a nuestras cinturas están muy tensas y me cuesta respirar ¿las podríamos aflojar?

— Ni lo sueñes, hemos de estar juntos y no separarnos, podríamos perdernos.

— Y si uno tropieza y cae nos caemos los dos, no podríamos ayudarnos. ¿No es lo lógico?

— ¡No, no insistas Alex, vamos a seguir y en silencio, sólo pendientes del camino si se puede llamar así! — Su voz irritada hizo callarle.

 

Un mes atrás y antes de entrar en la idea de una aventura en las selvas de Colombia, preparaban algo especial para las vacaciones de la Universidad, pero Andrea que formaba un trío amigable con ellos y su ardor por las aventuras, les sugirió ir a Colombia de donde ella procedía y deseaba conocer, ya que apenas nacida, su madre emigraba a Nueva York con bastantes problemas para conseguirlo. Su padre, Danko, era un gran experto en Geología y había hecho un descubrimiento que nunca vio la luz porque lo asesinaron de varias puñaladas en una calle tortuosa donde entrar era más que peligroso para salir con vida. Días más tarde visitaron su casa dos hombres con una amabilidad casi extrema que hicieron mil preguntas sobre el profesor y si conocía algún dato o documento por lo que se sintiera interesado y compartido con ella. La señora Burnes conoció al profesor en un viaje guiado desde California y nació una gran atracción entre ellos. Ella ya no volvería a Estados Unidos.

A las preguntas de los americanos negó cualquier cosa que la relacionara con los estudios y actividades académicas de su marido. A partir de ese momento se sintió vigilada y asustada por la proximidad de su maternidad. Como ciudadana americana, no quiso nunca la nacionalidad colombiana, con grandes precauciones y a través de amigos y admiradores del profesor Danko, consiguió salir del país y volver a California. Consigo llevaba un mapa envuelto en su cuerpo, unas pequeños piedras que guardaba su marido bajo llave y dentro de un libro de Geología, al que había arrancado todas las hojas menos las dos primeras y dos últimas, una precintada de su marido que desconocía.

 

Súbitamente Alex se detuvo sujetando a su amigo por el brazo, de repente el pasadizo daba una brusca curva y les llegaba un resplandor y voces casi en murmullos. Sigilosamente se asomaron, estaban sentados en el suelo y hablaban en inglés. El que parecía el cabecilla lo hablaba perfectamente, los otros mataban el idioma. Sin lugar a dudas hablaban de negocio cuando comprobaron la entrega de un abultado fajo de billetes a cambio de un mapa que les era difícil saber de qué trataba, pero que era importante.

Alex con un gesto indicó a su amigo que debían volver antes que lo hicieran aquellos hombres y los sorprendieran. Andrea los esperaba y con seguridad impaciente y asustada. Al verlos salir sucios y con hedor a orines de ratas, se abalanzó sobre ellos dando saltos de alegría.

— ¿Lo habéis conseguido?— el tono era impaciente.

— No del todo, pero creo que estamos en el camino, pide a tus brujas y adivinos que nos ayuden a buscar al cabecilla, aunque no creo que sea difícil.

— Primero fuimos hasta ese charco que Andrea llama riachuelo a lavarnos y después a esa selva de donde nunca se sabe si saldremos — Su voz era jocosa pero el “¿otra vez”? de Ronald era un lamento.

— Pero ahora, directamente a los mercadillos, ya sabréis el motivo, aunque habrá que comprar algún souvenir que no abulte mucho.

 

A esas horas del mediodía el mercadillo estaba abarrotado, la gente iba y venía en todas direcciones y entre las llamadas de los vendedores a sus puestos y las conversaciones casi a gritos de compradores y curiosos, era un verdadero caos. Alex se dirigió directamente a un puesto donde se encontraban las cosas más dispares, desde lanzas de caza hasta ratones o pájaros dorados. El hombre era alto, curiosamente de piel blanca y pelo rubio oscuro, gafas oscuras muy difíciles de encontrar a dos pasos de la selva y no en la gran ciudad bonita y turística. Se dirigió en inglés.

— ¿Qué precio tiene ese mapa de la ciudad?

— No se venden, se regalan a los turistas que compran— la respuesta en un correcto inglés.

Siguieron mirando cosas y al final un par de collares y las obligatorias pulseras de hilos de colores para los tres. Pagaron en dólares sin problemas. Andrea saludó a su estilo colombiano figurando cordialidad, el rubio no respondió y dio las gracias en inglés.

— Estamos en el camino correcto— dijo Alex escuetamente

— ¿Quieres decir…?— la frase de Ronald quedó inacabada

— Si, el cabecilla de la gruta, el americano disfrazado— Cambiamos el rumbo, a la Embajada de Estados Unidos. Andrea, prepara el mapa de tu padre. Y llama a tu madre que se traslade a la Embajada de Colombia con el mapa auténtico, las tres ratas disecadas y el arma que quedó junto a su cuerpo al ser asesinado y que ella, tu madre, nunca limpió y conservan huellas. El Tesoro de la Gruta, va a ser recuperado.

 

1 reply »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s