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Elsa by Conchi Ruiz

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ELSA

A veces en ciertos momentos de la vida las circunstancias obligan a tomar decisiones, pueden ser las acertadas o no pero indudablemente hay que buscar aquel lado que nos facilite el camino correcto o por lo menos el que se acerque más al que se desea recorrer hasta un final deseado.

Elsa siempre fue una mujer activa y exigente consigo misma en un mundo donde el teatro y la música eran su luz y su guía, un matrimonio roto y sin hijos llegó a esa edad en que hay que tomar la decisión más importante para realizar el cambio, dejar un pasado atrás y crear un futuro seguro y deseado. Elsa decidió dejar la bulliciosa ciudad de Londres y volver al campo. Indudablemente pensaba que le iba a ser difícil acostumbrase a ese cambio y volver al lugar que abandonó en plena juventud y con ilusiones de llegar a ser una gran actriz, lo que consiguió sin grandes dificultades, pero el paso de los años no perdona y antes de llegar al fracaso total, había que hacer una retirada digna consciente de sus limitaciones.

Hay momentos en nuestra existencia que la cercanía, la comprensión y el entendimiento entre las personas, es capaz de variar ese destino que creemos o suponemos que ya nos vienen marcados desde que nacemos. El destino que nos ha sido asignado se hace sentir en todos los momentos de nuestro paso por la vida.

         Era una mañana desapacible y gris de mediados de octubre, las últimas hojas otoñales volaban entre los árboles. Apretadas nubes bajas cubrían el cielo y su constante movimiento no dejaban ver un claro, el viento frío algo inusual para la época, la hacía caminar con paso brioso y Clot, su perro recién rescatado de la perrera, trotaba tras sus talones, sabiendo que aquel era su ejercicio diario y no tenía más remedio que sacarle el máximo provecho. El coche de Elsa, bastante viejo, crujió cuando sintió el peso en la trasera de los bultos que su dueña iba apiñando hasta quedar completamente lleno. Una última mirada a través de la ventanilla y puso en marcha el motor que ronroneó varias veces antes de decidirse y salir. Clot miraba complacido como ante ellos se iba abriendo una larga carretera y extensos campos que la niebla no tardaría en cubrir.

Cuando sus amigos supieron de su marcha le decían: –“¿Estarás bien? ¿No te arrepentirás? ¿Te encuentras a gusto?

Elsa contestaba: «Claro que estaré bien, ese será mi refugio geriátrico y allí pasaré el ocaso de mi vida.»

 Y así fue. Al principio se sintió algo sola, pero en el presente no se imaginaba viviendo en ninguna otra parte.

 Mañana continuará…

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