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Mal tiempo by Verónica Boletta

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En en Taller de Escritura comenzamos una nueva Actividad, escribir desde frases que aparecen en otros libros. Verónica Boletta nos invita a ver su experimento. -j re

Esta primavera es muy seca, y la radio crepita al captar su estática, la ropa se eriza al contacto con la electricidad del cuerpo, el peine eriza los cabellos imantados; es una primavera dura. Tan dura como la piel cuarteada del desierto. Habrán sido esas anomalías, la anticipación del verano con toda su crudeza, no lo sé. El rigor enciende los ánimos. Fui sumisa hasta entonces, ¾créame doctor. Me posee un fuego. Lo despido por ojos y nariz. En mi boca las palabras se envenenan.

Con la llegada de la sequía comencé a sentir las miradas. Se clavaban en la nuca, hirientes. Recuerdo los murmullos a mi paso, las risitas disimuladas y también las otras, sonoras y a mis espaldas. Ellos actuaban con sigilo. Lo juro. No soy paranoica, doctor.

Señores jueces, no existe más que un hombre en el mundo: los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de fidelidad. La acusada, mi representada, presa  de la violencia de sus emociones se ha dejado llevar. No padece una enfermedad psiquiátrica. No carece de juicio. Las circunstancias lo interrumpieron momentáneamente. Así lo describe el facultativo y cito: «ante una crisis nerviosa la paciente, en defensa de su psiquis, se desconecta. Manipula la tecla on/off de su mente, de sus sentimientos».

Desfilan los testigos. Los días se suceden monótonos. En la soledad de la celda, acuciada por la culpa, sobra el tiempo para recordar. Cuando le tiró los pedazos a la cara, Delia se tapó los ojos y empezó a sollozar, jadeando en un hipo que la ahogaba. Susana no tenía práctica descuartizando cuerpos. Ricardo fue el primero, el único importante. El adulterio duele sin importar el discurso de su abogado. La traición de su amiga es imperdonable, infinita como una cadena perpetua.

 

Las frases que me inspiraron

Esta primavera es muy seca, y la radio crepita al captar su estática, la ropa se eriza al contacto con la electricidad del cuerpo, el peine eriza los cabellos imantados; es una primavera dura. Clarice Lispector en Porque yo quiero, Para no olvidar, página 68

Señores jueces, no existe más que un hombre en el mundo: los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de fidelidad. Marguerite Yourcenar en Clitemnestra o el crimen, Fuegos, página 106

Cuando le tiró los pedazos a la cara, Delia se tapó los ojos y empezó a sollozar, jadeando en un hipo que la ahogaba… Julio Cortázar en Circe, Bestiario, página 114

 

 

 

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