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Los dos somos tres… by Carla de la Garza

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Nos conocimos de frente hace algunos años. Desde que nos vimos por vez primera hubo un click inmediato, aunque he de aceptar que de inició me caía de peso su presencia. Parecía que este encuentro no era fortuito, con el paso de las semanas sentirte cerca todavía no era del todo grato, aunque empezó a generarse la familiaridad. Llegó un punto tal, que entre palabras nos dimos cuenta que, como diría Cortazar, “andábamos sin buscarnos sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Nos volvimos compañeras, amigas y enemigas, compartíamos mucho más que con cualquiera, cafés de la mañana, tintos por la noche, reí, lloré, filosofé, recordé dormí, quise desaparecer… hasta que lo conocí.

Él empezó a ocupar mi tiempo, mis pensamientos y mis sentimientos, la alejé, no del todo pero sí lo suficiente. Volví a ser feliz, acompañada de otros, disfrutaba, estaba emocionada y obnubilada. Juro que sentí sus celos, los sufrí. No me importó, creía que todo volvía a esa normalidad tan añorada y eso era más fuerte que lo que había construido desde que la conocí.

Conforme los días transcurrían la esencia de él se descubría un poco más. Comencé a conocerle mejor, nuestras esencias se apresuraban a dejarse ver al desnudo. Él cada vez más en confianza con toda solemnidad me confesó que compartía el tiempo ella también. Lo iba a joder, lo sabía, y lo iba a hacer como sólo ella sabe. Debo confesar que no me sorprendió, aunque fingí que sí. No entendía incluso, cómo había elegido un hombre así (todos los demás eran “normales”) ¿por qué?, ¿por qué tenía que querer todo de mí, todo de él? aunque en el fondo lo entendía a él y la entiendo a ella.

Durante casi dos años viví con la (in)seguridad de que mi única rival era ella. Para describirla sólo tengo cinco palabras que la alcanzan: enigmática, cautivadora, obscura, asfixiante, totalizante. Extravía, enajena, envuelve, cobija, aísla, complementa. Ante eso no tenía experiencia, y efectivamente, en esta lucha siempre me ha llevado una vida de ventaja.

En ocasiones, ha matado mis ilusiones, me ha hecho odiarlo y odiarla, sólo para luego bendecir los problemas que engendra, su existencia misma; saber lo necesaria que se ha vuelto para mantener la tensión hacia y entre ambos e incluso, que sin ella complicándolo todo, manteniendo mis celos al rojo vivo, la complicidad entre los tres; cada uno con su cada cual, nada de esto sería lo que es.

Por ella, se llora en gris, se sufre en negro a pesar de ser blanca, no hay matices. Llena de todo y nada, se sufre y se ama, se necesita y maldice, es adicción y libertad. Contigo me voy, contigo se va mi amiga y rival: Soledad, mi chole.

 

Un jardinero de amor, siembra una flor y se va.
Otro viene y la cultiva, ¿de cuál de los dos será?

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