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LA ENANA by Rosa Marina González- Quevedo

la enana

(Fragmento de la novela LA ENANA)
En sueños, la pequeña Furia iba y venía por espacios lejanos que, de tanto visitarlos, comenzaban a parecerle familiares.
Cada noche, al quedarse dormida, abandonaba su cuerpo e iniciaba el recorrido de siempre, acompañada por aquella muñeca articulada que decía ser su hermana mayor. Tomadas de la mano llegaban al salón del apartamento. La figura de madera abría la puerta y salían al corredor. Caminaban hasta el final del pasillo, donde estaba la escalera. Y subían, escalón por escalón, hasta desembocar en aquella torre gótica. Desde allí, se asomaban para ver un puente muy ancho, largo y con estatuas y farolas a ambos lados. Luego, si la niebla lo permitía, llegaban a distinguir la imagen de un castillo sobre la colina. Descendían hacia el puente y comenzaban a volar sobre la multitud de personas que transitaban por él sin reparar en ellas.
Así, llegaban al otro lado del río. Bajaban las escaleras, entraban en una callejuela… Y encontraban aquella casita pintada de blanco con puerta y ventanas verdes. La puerta estaba siempre abierta. Adentro, en una sala no muy amplia, había infinidad de marionetas por doquier, todas colgando de sus hilos.
En general, se trataba de un sueño muy raro, si bien el momento más espeluznante del mismo era cuando, para sorpresa de la niña, enganchada a un madero del techo encontraba también a su compañera de viaje. Algo demasiado absurdo: en realidad, su cabecita infantil no podía explicarse en qué momento la muñeca se soltaba de su mano para colgarse de la viga. Pero viéndola así, la pequeña Furia constataba la enorme semejanza existente entre ella y la marioneta. Porque su hermana mayor (la muñeca) era como ella: una enana.
Y bien, según la psicóloga infantil, este viaje no era otra cosa que un sueño recurrente, algo bastante normal en niños de su edad.
Una noche, sin embargo, algo nuevo sucedió: por primera vez, la enana de madera propuso a la niña realizar un extraño juego:
─¿Qué te parece si hacemos el juego de la sincronía? ─le dijo al pie de la cama.
─¿«Sincronía»? ¿Qué es? Yo no sé jugar a eso.
─Pero… ¡Si es muy fácil!… ¡Ya verás! Se trata de unirnos en el mismo sitio al mismo tiempo, de forma tal que lleguemos a ser una y la misma persona ─explicó la muñeca, con la certeza de que la niña llegaría a comprenderla. Y continuó─: Nosotras somos hermanas, ¿no es así?… Sin embargo, pertenecemos a épocas y a espacios distintos. Y ello nos separa aún.
─¡Pero si ya vamos a pasear juntas! ─exclamó la niña, haciendo, una vez más, galas de su extraordinaria inteligencia.
─Eso es cierto. Aun así, siempre regresamos a tu habitación ¿O no? Y entonces, tú te quedas y yo tengo que irme…
─Sí, para que nadie te descubra.
─Pero en esta ocasión, habrá una diferencia: en el juego que te quiero enseñar no hay retorno. Y no podrás volver a tu habitación.
─¡Ah! ¿No?
La pequeña Furia sintió que un escalofrío recorría su menudo cuerpo. Por un instante, tuvo miedo y dudó si debía seguir o no a la muñeca… Porque eso de irse en un viaje sin regreso… Eso de no volver a ver a sus padres de nuevo…
─¿Es que no te apetece jugar? ─insistió la marioneta.
─Sí. Pero al final, quiero regresar a mi casa.
─¿No confías en mí?
La niña había quedado sumida en un profundo letargo. Su vista estaba perdida. Y sus oídos sólo escuchaban la voz del extraño ser. Habían jugado ya muchas veces, era cierto…
─Es que no sé ni cómo te llamas, ni cuántos años tienes ─preguntó entonces.
─¡Ah, claro! Es que no te lo he dicho hasta ahora: me llamo Mari-Bárbola. Y tengo muchos años ─respondió la marioneta.

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2 replies »

  1. Me ha encantado “conocerte” a través de este fragmento de tu novela, Rosa. Por lo que he leído de ti, tienes una vida que da para contar muchas cosas. Y algo en lo que coincido contigo: a León le falta el mar para ser perfecta, yo también lo hecho de menos. Saludos.

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  2. Hola, Bestriz. Ante todo, muchas gracias por tus palabras. “La enana” toma como escenarios aquellas ciudades en las que he vivido durante algún período más o menos largo y de las cuales llevo conmigo recuerdos inolvidables. Y sí, León es una ciudad a la que el mar le pondría una corona de reina absoluta. Por supuesto, nada es perfecto. Me encantaría compartir contigo tus vivencias lectoras de mi novela, así que, cuando quieras, aquí estoy. Un abrazo fuerte.

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