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NIEVE by José Luis Serrano

Nieve
Nevó.
El sol, al estirarse en el horizonte encontró el pueblo bajo una hermosa capa blanca y acaso pensó en no lucir demasiado…

Los niños -y los que saben- hicieron batallas de bolas con guerrilleros agazapados quizás tras el buzón o la furgoneta del panadero y francotiradores a buen seguro en balcones y azoteas…tregua para comer y armisticio poco antes del ocaso…muñecos con orejas y nariz vegetal, ojos de antracita, botones saqueados del costurero de las abuelas y la escoba ascendida a cetro… alguien trajo una bufanda y una enorme gorra vieja…. Y risas, muchas risas de ojos brillantes y manos frías.

El estaba seguro de que la nieve caída en su patio era de su propiedad. Que podía hacer con ella lo que le viniese en gana más allá de un estúpido muñeco que no duraría mucho … podría hacer una bonita foto y vender el póster con el título de “mi nieve”… quién sabe, ilustración para un libro, una portada de disco … pero eso no era su nieve sino una foto de su nieve… ¡envasarla en cajas térmicas y …! y …! y al fin y al cabo los neveros no eran asunto nuevo sino que ya los romanos dos mil años antes de Cristo… fíjate: producto más que tradicional: ¡histórico! y en el medievo y hasta bien entrado el siglo veinte se recogía nieve y se almacenaba para hacer hielo y conservar alimentos y hasta para curar enfermedades… ¿quién la recogía? ¿de dónde? …Ahora se podría vender hielo hecho con nieve… mucho más natural y ecológico dirían los anuncios… ¡su copa con un hielo de nieve!

Su rapidez mental ya le tenía imaginando envoltorios… nieve con denominación de origen… nieve de las cumbres de …de… bueno de algún lugar o nieve caída en algún paraje de renombre…. ¿quién le daría las licencias de recogida? ¿Habría que pedirlas….? Sin duda cuando fuese un asunto rentable habría competencia pero ahora el factor sorpresa jugaba a su favor … lo malo es que los alcaldes eran una panda de avispados que en cuanto alguien pedía algo se les disparaba la máquina de idear tasas y eran capaces de imaginar una a futuro de cualquier ocurrencia…Hay que proteger la idea antes de que nadie pudiera no ya verla sino intuirla siquiera… Hay que ocultarla a la rapacidad desmedida de algunos desaprensivos que no dudarían en apropiarse de ella en su propio beneficio…

Acudiría el lunes sin falta a la oficina de patentes nada más redactar su proyecto reservándose de capacidad de incorporar nuevos apartados al incipiente proyecto de negocio… ¿a qué inversores podrá interesar?… Será necesario diseñar maquinaria apropiada para recoger la nieve sin tocar la superficie donde caiga para no mancharla con aceite de la carretera o tierra de los campos… Un producto como el que pensaba no podría permitirse esas imperfecciones que pudiera soportar una segunda marca más barata… todo el mundo tiene derecho al fin y al cabo… pero la primera, la marca de bandera… ¡etiqueta oro!

Todo el domingo estuvo imaginando productos y aplicaciones… redactando febril el documento que llevaría al registro…

Esa noche soñó que acudía inscribir a su nombre su sombra… ahí si que no se pueden plantear dudas, la sombra es de uno, personal e intransferible… pero había un tribunal que examinaba las peticiones de los postulantes. Un tribunal con dos niñas, el tonto del pueblo, un monaguillo y el encargado de llevarse a golpe de manguera las hojas del otoño y los folios de alguna que otra petición… y comenzaron las preguntas.
-¿Es suya la sombra?
-Por supuesto -contestó casi con tono de ofendido-
-Bien: De lo que se deduce que puede vd. usarla a la hora que quiera…
-… bueno, siempre y cuando haya sol…
-o sea que no es decisión suya que la sombra esté o deje de estar.
-es que si no hay sol, si está nublado o es de noche….
-Ha quedado demostrado que el solicitante no puede tener sombra a su voluntad.
-Eso no es del todo así, -interrumpió- con un buen foco…
-Ya. Pero como no es eso, va a ser mejor que se calle y conteste a lo que se le pregunte. ¿le parece?
-Sí. Me parece –convino a regañadientes-
-Continúo: Dadas las circunstancias para que su sombra comparezca, ¿puede vd. decidir que no lo haga?
-¡Es que es el mismo problema pero al revés! –intervino sin querer parecer molesto aunque lo estaba- Cuando el sol, o la fuente de luz…
-O sea: que tampoco puede. Así que por la intensidad ya ni le pregunto. -Mazazo sobre la mesa-
Sonó una campanilla y los miembros del tribunal se reunieron ante el estrado juntando las cabezas y abrazando cada uno a quienes tenía al lado formando un círculo que giraba en que por el rumrum que se oía parecía una deliberación. Otro toque de campana señaló el final del debate. Cada uno regresó a su sitio y la niña dio lectura al acta:
“Examinada su pretensión y a la vista de que no puede vd. controlar su sombra, venimos en denegar la posibilidad de inscripción. Aceptamos –para ahorrar tiempo, que es muy caro– antes de que la presente la moción donde argumentará que si bien la sombra no es suya por lo demostrado en el punto anterior, tampoco puede ser de otro en modo alguno por lo que no vemos inconveniente en que registre a su nombre su propia sombra y haga valer el título donde le convenga o plazca siempre que, además de los condicionantes antedichos conste que aparejada a la propiedad va la responsabilidad subsidiaria de los males, daños, molestias o cualquier otro perjuicio que su sombra pudiera causar a terceros. Hemos dicho. Monaguillo: Proceda.”
Y el monaguillo procedió a incensar los folios del expediente que con un certero manguerazo el encargado le hizo llegar a las manos.

Sobresaltado por el salpiconazo se despertó recordando perfectamente el contenido del ensueño. Dio en pensar si sería premonitorio y se felicitó a sí mismo por tener una mente tan ágil que incluso le mandaba mensajes durante los periodos de descanso. Volvió a dormirse satisfecho aunque con un par de puntos de contrariedad porque su petición onírica no había sido aceptada según sus planes. Sus exactos y precisos planes. Sus justas pretensiones.

Él no lo supo nunca pero la alegría por aquel muñeco de nieve se extendió en el tiempo mientras alguien lo recordaba, mientras un niño pudo imaginarlo a través de las palabras de su abuelo que le contaba que un día nevó y que el sol, al estirarse en el horizonte, encontró el pueblo bajo una hermosa capa blanca.

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