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UN MISTERIO MUY GORDO by Beatriz Berrocal

Ha ocurrido algo terrible. Nadie me va a creer, ya lo sé, porque a los niños de cuatro años no se les hace mucho caso, pero es algo muy, muy horroroso: 

¡¡Mamá se ha comido a mi hermano!!

            Sí, sí, ya sé que parece imposible, pero es la verdad verdadera, que yo no miento nunca…bueno, casi nunca.

            Todo empezó hace mucho tiempo, cuando me dijeron que iba a tener un hermano, pero pasó por lo menos una semana y aquí no vino nadie. Pensé que se podía haber perdido por el camino, pero no, porque si preguntaba que cuándo llegaba, siempre me decían que todavía faltaba un mucho. 

Pero, vamos a ver, ¿cómo viene mi hermano? ¿Viene andando? ¿Es que nadie puede poner un coche o un AVE para que llegue antes? 

            Todo lo que ocurre en mi casa es muy raro. Las abuelas no hacen más que preguntarle a mi madre que qué tal está, le dicen que tiene que comer, que tiene que cuidarse, y otra vez que tiene que comer, así todo el rato, y claro, mamá se ha puesto como un obús, tiene una barriga que parece Obélix, y se ve que se ha sentido acorralada de tanto preguntarle por el hermano, porque ayer, confesó.

            Sí, sí, confesó tranquilamente, me cogió la mano, la llevó a su tripa y me dijo: “Mira, cariño, aquí está tu hermano, a ver si notas cómo se mueve”.

            O sea, que además de comérselo, ¡se lo ha comido vivo! 

Y está tan campante, como si fuese lo más normal del mundo enterito, se ha comido un hijo y se queda así. Dice que por tener ahí el niño está más cansada y se le hinchan las piernas. ¡Pues que coma macarrones y no hermanos pequeños!

            Y desde ayer, me dice que qué me pasa, que estoy muy raro, que si es por lo del hermano.

            ¡Pues claro que es por eso! ¿Quién me dice a mí que solo le gustan los hijos pequeños?

            Por ejemplo, esta mañana me dijo: “¡Pero qué lindo eres! ¡Si es que te voy a comer!”

            Salí corriendo de allí y fui a contárselo a papá porque veo que al final nos zampa a todos, pero me quedé helado cuando papá, después de reírse mucho, me dijo que es verdad que mamá tiene al hermano en la barriga, pero que no es porque se lo haya comido.

            Mucha risa, muy bien, pero cuando le dije que entonces, si no se lo había comido cómo había llegado el niño ahí, se le pasó la risa y no supo qué decirme.

            Yo, por si acaso, hoy duermo con los abuelos, que comen poquito y además, por las noches ponen los dientes en un vaso y me quedo más tranquilo.

            GANADOR DEL PREMIO TERTULIA GOYA SANTANDER (2008)

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