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“El exilio republicano en México”

by Julián Fernández Cruz.

Ese artículo pertenece al libro descatalogado: “El exilio republicano en México”, una tarea de reconstrucción de aquellos datos realizada por Julián Fernández Cruz.

El exilio cultural republicano de 1939 fue un tema silenciado desde el tiempo de la posguerra en la investigación histórica hasta los breves e intensos años de la transición a la democracia, en que se fomentó su estudio, que fue nuevamente impulsado a partir del comienzo de la década de los noventa. Queda mucho por conocer del movimiento cultural que propició la II República y que marchó al exilio. Se desconoce, de igual modo, qué hubo en él de coyuntural y qué de respuesta. Sin embargo, se mantiene como testimonio de una experiencia.

Los republicanos exiliados, en particular los vinculados al mundo de la cultura, contribuyeron sustancialmente al desarrollo intelectual de los países americanos. Pertenecían a esa «Edad de Plata»  de la cultura española que floreció a principios del siglo XX hasta los días de la Guerra Civil. América heredó uno de los grupos de pensadores más brillantes de la Historia de España. Sus años de mayor actividad intelectual en el exilio son los que van del final de la Guerra Civil española hasta el comienzo de la década de los cincuenta.

La consolidación del régimen de Franco fue destruyendo progresivamente las esperanzas de los exiliados de retornar a su patria. Buena parte de los exiliados intelectuales se encontraba en 1939 en plena madurez creadora, investigadora o académica. En cambio, la generación de españoles nacida o formada en el exilio adoptó, por lo general, la nacionalidad del país de nacimiento o acogida, y se incorporó a otra cultura y otros problemas. El paso del tiempo y cierta desvinculación del exilio por parte de las nuevas generaciones, marcaron la lenta decadencia de la obra cultural de la emigración española.

Dos corrientes tipificaron la diáspora: una de ellas fue esencialmente pequeño-burguesa e intelectual, que tuvo como destino América, sobre todo México, y la otra, de base más popular y sindical, se asentaría en países europeos, básicamente en Francia  .

En general, se puede hablar de una emigración de carácter político  , cuyas características son ser la más numerosa de nuestro país, al menos en este siglo y que la mayoría de los emigrados no haya regresado a España, entre los cuales encontramos un alto porcentaje de intelectuales.

La emigración hacia América, a diferencia de la europea, como es sabido, halla en su mayor distanciamiento y en el mismo ámbito idiomático una mejor perspectiva para la creación literaria o artística; esto no quiere decir que se desinteresara de los problemas políticos (a pesar de la continua desorientación de los Gobiernos en el exilio sobre los acontecimientos en el interior de España), sino que su reflexión sobre estos temas aparece más decantada hacia la explicación de los fenómenos o aconteceres que hacia las consecuencias que tales hechos producen.

Atendiendo al caso concreto de México, es sabido que la primera ayuda prestada a los exiliados españoles consistió en acoger a quinientos niños evacuados de la zona republicana en junio de 1937  , en la condición de «hijos adoptivos del gobierno de México» en la figura de su Presidente, Lázaro Cárdenas. La mayoría de ellos eran conocidos como «los niños de Morelia» , al quedar asilados en una institución escolar en la ciudad que lleva ese nombre.

Un año más tarde, el presidente invitaba a un grupo de intelectuales para proseguir sus trabajos en un centro fundado con tal motivo, la Casa de España en México, que más tarde se convirtió en el Colegio de México . Como es sabido, esta institución recibió desde entonces a lo más granado de los escritores, artistas, científicos, humanistas de la España desterrada, y sirvió como centro de selección e irradiación de ese talento hacia diversas instituciones del país.

En los primeros meses de 1939, conociendo Cárdenas la difícil situación en Francia de los refugiados españoles, decidió admitir en México a un número ilimitado de ellos si las instituciones republicanas en el destierro se comprometían a costear el transporte y a contribuir a su instalación. En colaboración con el Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles

(SERE), la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), y a partir de 1940, de la Comisión Administradora del Fondo de Auxilio a los Refugiados Españoles (CAFARE), que acabó sustituyendo a las dos anteriores, el Gobierno de México preparó la evacuación masiva y la instalación de refugiados españoles. También con el apoyo de los cuáqueros y algunas organizaciones privadas ocasionales, estos organismos lograron fletar varios barcos desde los puertos de Francia hasta Veracruz.

En julio de 1940 ya había en México 8625 emigrados republicanos de la más diversa extracción y oficio. Según datos del consulado mexicano en Marsella, hasta el 31 de marzo de 1941habían embarcado rumbo a México 9695 españoles, a los que hay que añadir los 2534 que, según datos oficiales, entraron en el país en 1942 . Aún hubo más en años posteriores que fueron llegando tras pasar por Santo Domingo, Cuba, Colombia y otros países americanos y europeos. Vicente Lloréns calcula que el número total de refugiados españoles en México sobrepasó los 15000 y no anduvo muy lejos de alcanzar los 20000 tras 1945, cifra que apoya Javier Rubio  .

La actitud de México hacia los republicanos españoles no tuvo igual en ningún otro país. Inició su apoyo a la causa republicana, desde el comienzo mismo de la sublevación rebelde con la venta de armas, municiones y pertrechos de guerra, y con el envío de medicinas y alimentos.

Otras manifestaciones de solidaridad mexicana con la II República española se dieron tanto en la Sociedad de Naciones como en los demás foros internacionales, con la apelación constante a la soberanía de los Estados y a la solidaridad con aquellos cuya integridad fuera lesionada y México reconoció oficialmente el Gobierno de Giral en 1945. Por el contrario, nunca concedió estatutos de legitimidad alguna al Gobierno militarmente establecido del general Franco.

El Gobierno de México no distinguió edades, sexo, filiación política o religiosa. Además, a partir de 1940, otorgó la ciudadanía mexicana a todos aquellos refugiados que la desearan. Se calcula que, a partir de entonces, la eligieron cerca del 80% .

Fue tanto el éxodo de hombres de ciencias como de letras el que compuso la emigración republicana española en México, y en toda América. Entre ellos figuraron los precursores del renacimiento intelectual que se produjo en nuestro país en el último cambio de siglo. Con pocas excepciones, los llegados –rectores, catedráticos, profesores de universidad, escritores, filósofos, etc. – obtuvieron puestos docentes universitarios, la mayoría en la Universidad Nacional Autónoma de México; también en el Colegio de México o en Institutos de relevancia .

Wenceslao Roces fue uno de ellos. Pertenece a la extensa nómina de los universitarios vinculados a las facultades de Derecho españolas como Laureano Sánchez Gallego o Niceto Alcalá-Zamora y Castillo; junto a ellos encontramos, en el grupo de exiliados, a filósofos como José Gaos, Eugenio Imaz, o historiadores como Pedro Bosch Gimpera o Ignacio Mantecón, mientras que en el campo de la pedagogía destacaban Domingo Barnés y Luis Álvarez Santullano. Buen número de profesores y educadores emigrados encontraron ocupación en centros de enseñanza mexicanos, pero a su vez crearon otros donde trabajaron ellos mismos y educaron a sus hijos.

Junto a ellos, muchos escritores expatriados encontraron asilo en México, como León Felipe, Juan Larrea o Altolaguirre y otros de la generación del 27 como Jorge Guillén o Luis Cernuda.

Algunos de ellos gozaron de mayor difusión ya fuera de España como Max Aub o Ramón J. Sender. También es sobradamente conocido que hubo actores y actrices de drama y de comedia, cantantes líricos, directores y escritores de teatro; y, en cine, encontraron ocupación directores, autores, adaptadores, actores, gerentes de empresa y técnicos. De todos ellos destaca Luis Buñuel. También periodistas, gente de la radio y más tarde incluso de la televisión, redactores, traductores (como el propio Wenceslao Roces), críticos de arte, pintores, escultores, músicos, editores, libreros, etc.

Existe otro tipo de intelectuales al que se presta menor atención, los niños y adolescentes que acompañaban a sus mayores o que nacieron ya en México, que entendían a medias o a su modo las desoladoras circunstancias, y que crearon con el tiempo una generación intelectual de gran vitalidad y de perfil singular . Son los «Cachorros» de Manuel Andújar. La mayoría de ellos escribieron poesía: Carlos Blanco Aguinaga, Manuel Durán, García Ascot… pero al cabo de un tiempo derivaron hacia géneros más abstractos como el ensayo especulativo o la crítica literaria. Su conciencia del exilio era diametralmente opuesta a la de sus padres. Pronto desaparece el exilio en la temática aunque no en la estilística.

                                                                                      JULIÁN FERNÁNDEZ CRUZ

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