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CLARA by José Luís Serrano

¡Desde luego, Clara, qué preguntas! ¿no esperarás que te conteste ahora, de repente? Porque hubo muchas, afortunadamente, y espero que siga habiendo ¡eh!…. pero…¡sí!… verás:  hubo una  digamos especial… y si mejor te lo escribo y te hago un relato ordenado…¿no?…bueno, a ver cómo te lo cuento…

Llevábamos un tiempo juntos, algunos años y nos sabíamos más que al dedillo. 

Ya habíamos compuesto sinfonías de suspiros y jadeos,  habíamos logrado matices inenarrables mezclando no ya colores sino  delicados tonos salidos de mezclas magistrales. Aquel poema de afinar los suspiros con el diapasón del viento ya tenía añitos.

Fue al poco de instalarnos aquí, en nuestra fortaleza, en nuestro castillo/nido/escondrijo bien al abrigo de miradas reprobadoras, de esas que agazapan “adúlteros” y lindezas así en las pupilas que te recorren de arriba a abajo… ya sé que a ti te  gusta más “amancebados” que tiene mejor y más rancia sonoridad y ya puestos… pero a lo que voy:

 “Voy a hacer un café”-dijiste- y viniste con las tazas, pero en vez de sentarte en tu sitio lo hiciste a horcajadas sobre mí con lo que me cobijaste en el amplio vuelo de aquella falda que se volvió campana tocando a rebato y tus piernas quedaron junto a mis manos que aceptaron la sugerencia viajera de recorrer la hermosa cueva donde de repente estaban…

así que tus piernas: estalactitas deseosas por siglos de una caricia o siglos suavizando formas para honrar la visita de  las manos que habrían de recorrerlas y las bocas buscándose a la carga porque los ojos dijeron ¡vamos!…  Eco para tus manos desabotonando  mi camisa  fueron las mías soltando la presilla de tu falda sin más que hacer ya que volverse ola en bajamar y deslizarse … mis dedos retomaron la tarea de comprobar la totalidad de tu geografía, volver a inventariar valles  y cimas, recodos y vaguadas tan queridos, tan deseados, tan perfectamente conocidos al tiempo que tus manos levantaban acta de mi cuerpo…

¿por qué dijiste medio bajito “llévame a la cama” si eras tú quien, levantándote, tirabas de mí? 

Fue un segundo desprendernos de la ropa ayudándonos uno a otro… menos la última prenda que te dejaste puesta al tenderte sobre la sábana y dijiste “espera, espera…” cuando quise quitar la mía… tampoco era tan raro, además aquella sonrisa provocadora, de lúdica lascivia y un brillo zipizape en los ojos… Debajo de la almohada tenías un estuche y en él unas tijeras que sacaste ceremoniosamente y sin un asomo de duda en dos cortes- que debías tener muy ensayados- te deshiciste de mi slip y me entregaste la herramienta.  Supuse que debía hacer lo mismo que tú y eso hice: dos cortes seguramente algo más torpes y ya desnudos ambos me atrajiste a sobre ti y a mi oído “queda inaugurada la sesión de esta tarde”

–¿eso dije?

–No. Fue algo menos solemne… puede que hasta soez pero igual de claro y eficaz.

–¿Y?

–Y mucho más apropiado para la ocasión, qué duda cabe.

–¿Yyyyy?

–Una buena inauguración  aunque no hubiera prensa ni banda de música

–música sí

–ya, en el compact

–¡pero estuvo bien!

–¡Ajájaja, mírala ella! Así que te acuerdas… pues sí, pero no: Mejor que bien.

–¡Anda, ven acá!

–¿Qué?

–Shhhhh… que vengas….

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