Ensayo

Viaje a Marte sin retorno

By Javier Salazar Calle

En 2013 nació una empresa, Mars One, lanzada por un emprendedor holandés, con el sueño de enviar humanos a Marte y con la particularidad de que los astronautas nunca volverían a la Tierra. La idea para financiarla era seguir la línea del espectáculo Gran Hermano y tener un canal 24 horas donde todo el que se suscribiese podría seguir las aventuras (y desventuras) de los voluntarios. El coste del proyecto se estimaba en 6.000 millones de euros (mucho menos de lo que la NASA dice que costaría) En 2019 se declaró en bancarrota. Hay muchas cosas que me gustaría comentar de esto:

  1. A mí el proyecto me atrajo desde el principio. Como entusiasta del espacio que soy, la idea de colonizar Marte siempre ha estado en mi imaginario. Me compré en su tienda una taza preciosa sobre la misión y un libro sobre los efectos del aislamiento del espacio para apoyar la causa. Nunca creí que fueran a conseguirlo, pero todo lo que sea agitar el panorama de la conquista espacial tiene mi apoyo. Con la entrada de muchas empresas privadas en la carrera espacial, los fans vivimos grandes tiempos.
  2. El coste que decían era ridículo. El programa Apolo para llegar a la Luna costó 98.000 millones de dólares (16 veces más de lo que estimaban en Mars One) e involucró a casi medio millón de personas. En Mars One no llegaron a recaudar ni un millón de euros, así que se quedaron muy lejos de cualquier cifra (por decirlo de una forma elegante).
  3. Insistían en que la tecnología existente en 2013 era suficiente. Los expertos decían que no. De hecho, diez años después, estamos viendo cómo mandar a alguien a la órbita de Marte y que vuelva. Ni hablamos de dejarle allí con todo lo necesario. En todo caso, consiguieron atraer a muchos expertos que trabajaron en las ideas del proyecto dándole más empaque y una apariencia mayor de seriedad. Aún así, los retos eran inmensos. Por poner algunos ejemplos: estado físico y psicológico de los astronautas tanto en el camino como ya en Marte, climatología hostil marciana con tormentas de polvo terribles, necesidad de producir suficiente oxígeno, agua y alimentos o la tecnología necesaria para llevar todo lo necesario allí a un coste asumible.
  4. Los voluntarios morirían en Marte en el mejor de los casos (o durante los más de 6 meses de camino si algo iba mal) La idea era evitar los costes elevados de un retorno y la exposición a la radiación que eso supondría. El sueño despertó pasiones y se presentaron, según las cifras oficiales, casi 200.000 personas (aunque hay gente que dice que no llegó a las 3.000 solicitudes) ¿Qué lleva a una persona a apuntarse a un viaje sin retorno con muchas posibilidades de acabar mal? Esto me recuerda al anuncio de Ernest Shackleton en el Times en 1907: «Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito» Al final respondieron 5.000 aspirantes. Por fortuna para la Humanidad, siempre ha habido gente dispuesta a jugársela del todo por expandir nuestras fronteras. Yo mismo me habría planteado apuntarme si no tuviese a mi mujer y mis fantásticos hijos conmigo. Un viaje sin retorno a un mundo desconocido. Lo que me sorprendió es que se apuntó mucha gente con familia, incluidos hijos pequeños. Me cuesta pensar en irme para siempre y dejarlos atrás. Al menos con Shackleton había alguna posibilidad de volver.
  5. Hoy en día este proyecto se da por terminado y la mayor esperanza de pisar Marte es SpaceX, que planea enviar el primer cohete a Marte en 2024 e instalar una base habitable en el planeta rojo para 2028. Tengo claro que estos plazos tampoco se cumplirán; pero si venden tazas, me compraré una.

No hay que perder la esperanza.

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5 respuestas »

      • Según tengo entendido, alguno era menos noble de lo que parece. Creo que Pizarro, cuidaba gorrinos, lo cual, dicho sea de paso, es un trabajo honesto, aunque la verdad, poco noble.
        De hecho fue Carlos III (échale guindas al pavo) el que «autorizó» a los nobles a trabajar.
        Me temo que de estos, los nobles que no dan un palo al agua, estamos manteniendo hoy en día unos pocos.

        Le gusta a 2 personas

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