narrativa

EL BRAZO DEL PODER by Rosa Marina González-Quevedo

Imagen tomada de Pinterest

Hace algunos años —cuando todavía el optimismo más elemental cosquilleaba mis sienes y era una impetuosa estudiante que pretendía dejar huellas en la universidad italiana— me vi, sin saber por qué, asumiendo el rol de leader de mis condiscípulos. La anécdota es muy simple: inciábamos un curso de teatro shakespeareano. El aula —no lo suficientemente amplia en relación con el número de matriculados— no daba abasto en sillas para cada alumno, razón por la cual muchos tendríamos, o que presenciar la conferencia de pie (haciendo malabares para tomar notas en el aire), o tirarnos en el suelo como en sesión de meditación (los más hábiles quizá lograsen la posición del loto).

Sin grandes objeciones, muchos de mis compañeros escogieron la opción de besar la tierra. Yo, sin embargo, observaba las baldosas mugrientas, innoble palco para seguir un drama de la Era de Gloriana, the Virgin Queen

Entonces, a la armonía de la obediencia sobrevino la tragedia cósmica, cuando levanté la mano para hablar:

 —Permiso, pero tengo que decir que nosotros pagamos un impuesto para estudiar en esta universidad; lo menos que nos toca es una silla… y yo no tengo la menor intención de usar mis pantalones para limpiar el suelo…

(Aplauso ensordecedor)

—¡Conque aquí tenemos la leader del curso!

La sonrisa sardónica de la catedrática se clavó en mis atónitas pupilas. Mientras tanto, los seguidores del liderazgo (esos que esperan a que sea el prójimo quien saque la cara) continuaban aplaudiendo al espectro de mi desventura…, pues, bajo la lluvia de ovaciones, el brazo herido del poder me estaba arrastrando al patíbulo de los santos inocentes…

En suma, sucedió lo previsto en estos casos: en el examen, tenía que haber sido estrella en lengua inglesa y recitar varias escenas del Otello (recordando el texto de memoria) para sobrevivir a la cruel venganza. (Sin dudas, el brazo del poder da siemnpre el golpe final).

Así, la muerte de Desdémona (estrangulada por el moro de Venecia en ataque de celos) pasó a ser símbolo de la ejecución fatal:

—Si usted no quiere la nota mínima, tendrá que presentarse nuevamente en septiembre…

Y es que la anécdota de la leader que no quería limpiar el suelo con sus pantalones nos podría conducir a una simple conclusión: el límite del «poder ser» está en la exuberancia del «no poder hacer». Dicho de otro modo: de nada vale tomar parte en la batalla cuando sabemos, de antemano, que nuestra espada no puede triunfar contra los dardos enemigos. Como bien sabemos, los dardos son armas de largo alcance, mientras la espada, reina de la mitología y de la épica, tiene que ser usada con valor, sí, pero metiendo por delante el cuerpo y la vida.

Queda en pie una cuestión metafísica aún no resuelta, que es la siguiente: ¿qué arma usar cuando, huérfanos de miedo, nos lanzamos a desafiar el brazo del poder?

Nota al margen: como todo lo temporalmente finito, también las armas del poder son efímeras. Claro está, aun siendo efímeras, son aplastantes. Y —para ser coherente en lo que digo— la representación de los aplastados sigue siendo la caricatura del Homo sapiens en cuclillas.

BLOG: http://www.reginaenvenus.blogspot.com.es/

1 reply »

  1. Reblogueó esto en AGA | IMECU – Growth Hackingy comentado:
    ¿Un aplastado, Rosa Marina? Mi sentir, mi criterio me dice que lo aplastado; queda muerto´` cualquier ser. Prefiero la idea de la lombriz según Friedrich Nietzsche—, esa`. ¨El gusano se enrosca cuando lo pisan. Esto es una medida inteligente, pues de esta forma evita—, el riesgo fatídico´? -¨Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre¨. /En el leguaje moral a eso se le llama humildad>>. Que en mi sentir es la forma/Continua de la supervivencia- el avance entre todas la realidades, Así sin saber de nuestro tiempo restante’ al menos añadir fe/Esperanza a una duración indeterminada, sin que importe el tiempo, que es relativo. Importa la esencia-que-no-se mide por tiempo< ^sino por el resultado^. Y en ese mismo tiempo/Vivencia descubrir que uno es: el dueño/Mediador de uno mismo.

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