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Big Bang – Reality by Manolo Madrid

La creación del mundo, el Big Bang, las sociedades desaparecidas por catástrofes naturales, la oscuridad del pasado remoto y la idea subyacente en la humanidad de un sumo creador, un hacedor capaz de generar todo un cosmos en siete días, no deja de ser algo inquietante pero a la vez incomprensible por la mente consciente y racional de cualquier persona.

Me he tomado por tanto la libertad de interpretar con un cierto tono humorístico y un ápice de sarcasmo la historia en la que los personajes, fantásticos e imaginarios, se comportan como escolares llenos de ganas de ser traviesos y afectados por los defectos humanos tan al uso como la envidia y otros. También el conocimiento de ciertas teorías al respecto del inicio del Universo me han dado cierta agilidad para fraguar mi propio “paraíso” desde donde se dirigen y consolidan las “operativas celestiales”.

Sucedió cuando, en contra de las prohibiciones recibidas, alguien empujó su dedo con­tra la membrana que circundaba el Paraíso y el apéndice se hundió en la cortina de niebla. Quizá fuese por curiosidad o por descuido, o simplemente un juego con alguno de los compañeros alados: una apuesta, un intento de demostrar algún argumento esotérico o puede que una broma que se pasó de rosca.

Entonces una vibración electromagnética inundó la gran paz del “antiverso”.

El zumbido espeso y profundo aturdió a todos los espíritus celestes y se hubieron de tapar los oídos y saltar sobre las piernas acosados por el dolor agudo en el fondo del cerebro, huyendo de la oscilación que emanaba del suelo y ascendía por sus miembros hasta apuntalarse en sus rodillas generando unos pinchazos muy desagradables. Incluso algunos saltaron hasta lejanas cornisas de luz impulsados por el efecto muelle que el suelo ejerció sobre sus chinelas de piel de estrellas. Otros lucharon por zafarse de la succión terrorífica que se produjo en los alrededores del orificio y solamente escaparon del tirón por haber introducido la mano, para agarrarse, en uno de los agujeros blancos masivos que en ocasiones usaban para apalancar grandes masas de cúmulos galácticos, incluso supercúmulos, y poder desplazarlos a otros lugares del espacio tiempo. Después se escucharon los grandes alaridos de Él indagando quién había sido el botarate que había provocado la fuga de hidrógeno y energía oscura, clamando que viniesen los de mantenimiento y seguridad para taponar el desperfecto.

— ¡Burros, botarates! — aulló Él con tanta fuerza que algunos de los filamentos de galaxias se estremecieron y se abombaron pendulando de atrás adelante consiguiendo que algunos quasares se desprendiesen de sus poderosos rayos gamma, sobre los cuales giraban como si fuesen sus ejes, que luego flotaron perdidos aquí y allá dando enormes chispazos cuando tocaban algún otro cuerpo celeste —. ¿No os dije que tuvieseis cuidado…? Ahora hemos creado otro universo más y así no vamos a conseguir vaciar nunca el cosmos. Estamos siempre igual, no hacéis más que protestar y quejaros… ¡Dios, Dios, nos falta sitio! ¡Estamos muy apretados! ¿Cuándo vamos a estar más cómodos?… ¡Cuándo, cuándo, cuándo! Os tengo dicho que hasta que no se enfríen los otros universos no vamos a conseguir más espacio tiempo y ahora, por si fuese poco, acabamos de crear otro más…

Luego el trueno se calmó y únicamente un bramido de fondo se fue estabilizando mientras un grupo de revoloteantes alas mezcladas de chillidos, grititos y risas se afanaban alrededor del desaguisado intentando evitar la fuga de hidrógeno que formaba torbellinos y bufaba entrando por el agujero para desaparecer en una oscuridad que pronto, en apenas una trillonésima de segundo, se fue hinchando y al segundo después estallando hacia la nada de una nueva brana que se cimbreaba chispando cada vez que se acercaba demasiado a la contigua.

Enseguida, en otro segundo más, el nuevo universo tenía ya el tamaño de varios años luz y para cuando pudieron colocar un tapón estéril en el orificio la luz bañaba el nuevo lugar al haberse agrupado los átomos con sus núcleos y demás partículas, haciendo permeable el nuevo espacio tiempo a la circulación de los fotones.

Todavía algunos cuerpos alados, antes de que el tapón se solidificase completamente, fueron a saciar su curiosidad y miraron la nueva creación que ahora se había expandido sin que pareciese tener fin.

— Bueno — dijo uno que tenía sus plumas iridiscentes — tardaremos aún algo más en conseguir un aumento de sitio, pero por ver esto — señaló hacia el lugar que poco a poco se iba desvaneciendo — ha valido la pena.

— Pues más vale que te calles — apuntó otro que presumía de una cresta de radiaciones azules y malvas — no sea que Él te oiga y te envié a un subuniverso.

— ¡Y eso sería terrible! — apostilló un tercero agitando unos penachos espirales de brillante color malva que le pendían de las orejas —. El tamaño que tendrías entonces sería menor que el de los fermiones, los bosones y los quarks…

— Sí y tendrías que moverte sólo a base de ondas…

— Bueno, bueno, que me estáis poniendo los pelos de punta — se defendió el aludido mientras de su cabeza se elevaron enormes halos magnéticos que lo rodearon como si fuese una bata protectora —. Al fin y al cabo hay tantos y tantos universos que uno más o menos poco importa.

— Y hasta es posible que esta vez consigamos crear otro mundo apto para que se desarrollen seres semejantes a nosotros — remachó el de las plumas iridiscentes.

— Pues no creas que eso a mí me produce demasiada alegría — agitó de nuevo los halos magnéticos de sus cabellos mientras sacudía sus alas en un palpitar convulso.

— Ahí tienes razón. Eso no nos daría más que trabajo. No quiero ni pensar en todo lo que tendríamos que hacer — condescendió el del plumaje iridiscente —. Que si desviar aerolitos, que si desarrollar seres y especies, que sí componer espacios para que los habiten…

— Que si crear milagros — añadió el anterior entre evanescencias de sus cabellos que ahora se alargaban retorciéndose con reflejos y hálitos de brillante luz acompañados de un crepitar epicúreo —, perseguir oponentes y líderes de la oposición…

— Y no olvides lo de montar un guión teatral provisto de promesas e incentivos para infundir objetivos a los más débiles y que olviden sus propósitos de autodestrucción… — repuso el de los penachos haciendo florecer como por ensalmo unas líneas de signos en el centro del grupo.

Enseguida, girando sobre sí mismo para que todos pudiesen verlo, añadió con voz algo quejumbrosa:

— Observad lo que acá dice acerca de un diluvio universal, de una torre que llegue hasta el cielo, de unas plagas y de un mar que se ha de abrir para que lo traspasen las gentes de un pueblo que huyen de sus enemigos…

— Además de hacerles llegar las normas de la Creación y darles un dirigente que los adoctrine y dirija… — perseveró el de los halos señalando nervioso con su dedo índice en un pliego de alisadas ondas magnéticas que acababa de aparecer en su mano, en el cual destacaban agrupamientos de signos formando líneas de distintos colores —. ¡Mirad! — persistió en sus golpecitos con el dedo —. Crear un guía espiritual que sea mártir y héroe, crear una doctrina que se perpetúe a partir de ese guía, otorgarle poder para hacer milagros…

— ¡Espera, espera… no sigas! — le detuvo con gestos exagerados el de las alas iridiscentes bajando la voz y consiguiendo con ello que los demás se acercasen para poder escucharle —. Yo casi prefiero que este nuevo universo sea estéril. Y sé como hacerlo…

Con ello los alados se apretujaron aún más tratando de no perderse la idea que su compañero iba a proponer mientras la energía neblinosa recubría poco a poco el orificio ya cerrado haciendo aparentar que allí no había ocurrido nada.

— Bastará con observar el planeta que despunte en condiciones medio ambientales para crear una especie inteligente y luego desviar un meteorito o un cometa para que colisione y elimine las especies incipientes.

— ¡Qué buena idea! — aplaudió el de los penachos espirales.

Poco más tarde, una fracción de idea de algún cerebro homínido, la colisión de un enorme aerolito provocó que el planeta azul que giraba en torno a la estrella en su tercer lugar adquiriese un color rojo cereza demostrando el incremento de temperatura provocado por el choque de la enorme masa de roca circulando a una velocidad de más de cincuenta mil kilómetros por segundo.

— ¡Ji, ji, ji! — se escucharon las risitas contenidas de los serafines entre agitados aleteos y roces de túnicas de niebla magnética —. Ahora ya está resuelto el problema — susurró uno de ellos.

Pero el bramido se escuchó llegando desde el fondo y el pequeño grupo se escurrió cada uno hacia una nebulosa donde algunas estrellas comenzaban a cobrar vida, intentando poder confundirse así entre las fluctuaciones y los brillos inesperados de las fusiones atómicas.

— ¡Será posible! — gritó Él apareciendo de repente, observando con sus ojos de fulgor intenso el sitio por donde hubo escapado el hidrógeno y los rastros de irradiación que delataban las huidas en varias direcciones de los causantes —. ¡Estos burros egoístas han hecho desaparecer la especie humanoide con un desastre estelar! Pero no van a conseguir sus propósitos narcisistas y materialistas — añadió introduciendo una larga varita entre la niebla fluctuante.

— Habrá que darles un escarmiento. Menos mal que tengo muy buena vista y el oído fino. Y, por esta sucia jugarreta a estos desobedientes, comodones y rebeldes, voy a convertirlos en gluones o leptones y los voy a dejar así hasta que me aburra. O mejor aún, hasta que haya una nueva colisión de materia y antimateria.

Él, haciendo un largo silencio, movió la cabeza canosa adornada de una larga barba blanca en gestos de desagrado.

— Ahora tendré que renovar las condiciones de ese planeta para que vuelva a resurgir la vida. ¡Veremos cómo se las apaña mi colega del subconjunto microcósmico inferior peleándose con­tra estos pillos cuando se los envíe!…

—o—

Big Bang – Reality

Del libro de relatos “Auspicios y vaticinios” de Manolo Madrid

D.A. : ZA-64-14    ISBN: 978-84-617-43339   Dep.Legal:AS-02728-2016

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