narrativa

Vidas Paralelas VII : los cinco ríos by Valentí Gomez y Oliver

Antiguamente, cuando los humanos dejaban este mundo  ̶ accidente inevitable  ̶  lo primero que hacían era dirigirse a la orilla del río Aqueronte y esperar que la balsa del barquero Caronte los llevara a la otra orilla, puerta de entrada del Inframundo.

Los tres jueces allí aposentados ̶  los hermanos Minos y Radamantis, reyes de Creta y Éaco, rey de la isla Egina ̶  eran quienes decidían donde iban las almas/espectros de los recién fallecidos: a los Campos Asfódelos (quienes habían sido ni muy buenos ni muy malos); al Tártaro (los que habían cultivado la maldad); y, finalmente, a los Campos Elíseos (quienes habían practicado la bondad).

Además, para todos los nuevos inquilinos que allí se reunían, en el Inframundo, había dos lagos muy especiales. Uno era el lago Lete, donde quienes en él bebían se olvidaban de todo cuanto habían vivido en el mundo de los vivos. Otro era el lago Mnemósine, donde por el contrario, quienes allí se bañaban recuperaban una extraordinaria memoria y permitía congregar en su seno a las almas que estaban iniciadas en los conocimientos esotéricos.

Sin embargo, lo más inquietante era la cantidad de ríos terribles que cruzaban el Inframundo. El primero, el “Aqueronte” ya citado. El segundo el “Flegelonte”, que cuando se encabritaba se inundaba de terribles llamas de fuego. El tercero era el “Cocito”, que se caracterizaba por ser el almacén de todas las impresionantes lamentaciones de los humanos. El cuarto era el “Leteo”, con la propiedad de que quien en él se zambullía, se olvidaba de todo. Por último, el quinto, el “Estigia”, que imbuía de odio a todo aquel que se adentraba en sus aguas.

Sorprende, pues, que algunas de las propiedades fluviales del Inframundo, elemento esencial de la mitología helénica clásica, hayan tomado cuerpo, a nivel mundial, en la ideología contemporánea de la extrema derecha. Son “voces” que proclaman: lamentaciones, fuego, olvido y odio. ¡Esperemos que muy pronto se apaguen dichas voces y las aguas del lago Mnemósine acojan a la mayoría de la humanidad!

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