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El Viaje -01 by Carlos Moya

Sin encomendar ni Roma ni Santiago, ahí va un cuento, que digo yo, deseo que sea comprendido como valiente texto sin sentido:

De porqué hubo una avería eléctrica en la catenaria de la línea ferroviaria, nunca a se sabrá la explicación, en realidad la causa será muy diferente a las razones esgrimidas por la corporación, los responsables de una concesión siempre mienten, mentir es su sistema para que les cuadren las cuentas, tantos van y cuantos vienen, sí acaso algunos se pierden por el camino, sólo se trata de ajustar un poco mejor las cifras e insistir machaconamente, en que nuestro servicio es el mejor de país con una precisión por encima del noventa y cinco por ciento pactado en el contrato, un resultado estadístico perfecto…

La estación aparecía amarillenta bajo una extraña iluminación que retemblaba, sin necesidad de que las farolas se moviesen ni un milímetro, la luz se acercaba y se alejaba a su antojo, Elisa sentía un cierto resquemor ante la soledad absoluta que ofrecían los desiertos andenes, las baldosas parecían mojadas con una humedad extraña, con una humedad seca, que resonaba bajo las suelas de los zapatos, toc,toc, toc, toc, el tacón de aguja llamaba a sus miedos. ¿Por qué se había puesto ese tacón, y porqué compró esos zapatos tan escandalosos, toc, toc, toc, toc, que emitían ese ritmo hasta sus oídos?

Siempre los llevaba planos que son mucho más cómodos, además que coño, pensaba, que no me gusta llamar la atención y que los mamones con los que me cruzo por la acera, se giren a mi paso y me miren el culo, son mis nalgas y de quién yo quiero que sean, no están en venta, no sería la primera vez que de improviso se daba la vuelta y sorprendía al atisbador en falta.

Seguiremos publicando esta serie que se compone de 20 capítulos (Los editores)

¿Que tenían esos zapatos tan poco prácticos? Entró en la tienda a punto de cerrar, camino de la estación y en un par de minutos dejaba la compra resulta, hacía semanas que no llovía, pero las baldosas cuando bajaba los ojos reflejaban sus pasos, toc, toc, toc,toc, ella no los veía, no los podía ver de ningún modo, pero estaba segura que, desde algún escondido observatorio alguien podría ver como el suelo reflejaba su avance a lo largo del tren, mientras buscaba el coche asignado …

También parpadeaban los carteles hurtando a su mirada el número de coche, las ventanas empañadas ocultaban el interior de los compartimentos, como si obstinasen en cifrar esa información, a medida que se alejaba de la sala de espera, la luz se atenuaba más y más,  a cada metro que avanzaba hacia su escalón de destino, crecía el silencio, en la cabecera del tren se movían extrañas formas que se encogían y se estiraban, o sería que se agachaban para cerciorarse de algo y se ponían de pie par comunicarlo por gestos y a los gestos respondían otra siluetas con incomprensibles señas.

Desde sus ojos se deslizaron de improviso gruesos lagrimones, que acelerando recorrieron sus mejillas como bólidos, con el bolso en una mano y la otra ocupada por el asa de la maleta. ¡Idiota! pensó consigo misma enfadada no es el momento adecuado, de hecho es el peor momento para dejar que se ablande el corazón., con los pañuelos escondidos dios sabe en que rincón de que oculto bolsillo y los mocos colgando, como una adolescente perdida en un tren…una niña de cincuenta años que aterrada no querría llegar nunca a su destino, ni siquiera que el tren comience el viaje, Ojala que se rompa y se vaya todo a la mierda…

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