narrativa

Los nombres en la narrativa de Roberto Arlt by Aldana#Lunfafirule

(Blog de Aldana)

Los nombres que se despliegan en la narrativa de los Siete Locos -Los Lanzallamas- son de una naturaleza absolutamente anómala: son raros, diferentes de los habituales y casi todos los personajes poseen además de un nombre, un sobrenombre. Lo que comúnmente se entiende por nombre propio es una marca convencional de identificación social que designa siempre y de manera única a un individuo siendo, por tanto, significante puro. Si un nombre tiene valor etimológico o de otro tipo, deja de ser nombre y se transforma en sobrenombre. El nombre es un significante inmotivado y aun en aquellos casos en que haya un significante similar que se usa en la función comunicativa, referencial de la lengua, no implica de ningún modo, que quien lo lleva tenga algunas de las modalidades del objeto aludido.

Los nombres de los personajes de Los Siete Locos- Los Lanzallamas, tienen siempre una connotación, (por lo menos), están motivados. Así están “los señalados de Dios”: la Bizca, la Ciega, el Sordo, haciendo aparecer en primerísimo plano la deformidad física que los caracteriza y, sobre todo, la combinación de formas animales y humanas.

La exageración, el hiperbolismo, la profusión, el exceso, son signos manifiestos del grotesco. La configuración del cuerpo y de sus partes aisladas (cabeza, nariz, orejas) alteran la dimensión grotesca cuando se transforma o se asemejan animales o cosas.

Varias descripciones de Los Siete Locos ilustran los rasgos mencionados, por ejemplo, así aparece caracterizado el Astrólogo: “la nariz torcida arrancando de la frente de tumultuosa, la oreja arrepollada, el pecho enorme contenido dentro de la ropa negra y sin lustre, su cadena de cobre cruzando de parte a parte el chaleco, el anillo de acero con una piedra violeta en su mano de dedos deformes y piel curtida”

Barsut: “las orejas puntiagudas, la huesuda nariz de ave carnicera, el mentón chato para soportar tremendos golpes y el prolijo nudo de la corbata negra arrancando el cuello almidonado”



Las descripciones están muy cerca de la caricatura que se lleva a cabo una degradación extrayendo del conjunto del objeto un rasgo aislado que resulta cómico. Sin embargo, la animalidad que roza a los personajes alcanza significaciones distintas, y es así que autoriza a hacer algunas reflexiones: si son parecidos a animales, no entran (o no deberían entrar) en el orden social y con eso se justifica su marginación; pero, la animalidad atañe a lo físico, es natural, por lo tanto, ellos no son culpables de poseer tales rasgos ya que al comprometer solamente el cuerpo, dejan intacto el comportamiento y por estar marginados voluntariamente, hay implicado un alto grado de conciencia diferenciación social, de alteridad. A partir de aquí, podría concluirse en dos disyunciones: la primera s que la animalidad de los personajes es una respuesta al desarraigo, de carácter bidireccional cuyo exponente máximo es el Rufián Melancólico: como profesor de matemática, había llegado aun rango que lo ponía en una esfera de reproducción de la ideología dominante (estaba en una cara del poder); al abandonar la profesión y hacerse macró (se pone en la otra cara del poder) puntualiza la otra marginalidad en la que se mantiene el inmigrante, dejando abierto el tema de la inmigración en la Argentina y, a la vez su deuda de filiación con el grotesco teatral. La segunda es que la animalidad de los personajes no es xenofobia, respuesta que se resuelve en el plano textual uno de los recursos del mayor eficacia declaratoria es acercar en algo un ser humano un animal; y sin embargo, en Los Siete Locos son precisamente los personajes que conllevan en sí la animalidad los que tienen más peso narrativo.esto se debe a que lo bajó el periodo se muestra siempre me lo dice así como comienzo lo que explica el papel de propulsores de la que ellos tienen.
En Los Siete Locos, además, hay otra categoría de personajes que está delimitada por la posesión de un sobrenombre de características muy particulares. SE trata de Blomberg “el hombre que vio a la partera”; el absurdo de este sobrenombre se enmascara con un enunciado-síntesis de un relato que lo respalda. Otros personajes tienen el sobrenombre que su función, profesión, ocupación o rango designan: el Astrólogo, el Abogado, el Capitán, el Mayor, el Comentador. Un caso aparte lo constituye el Rufián Melancólico: es rufián porque es macró y es melancólico porque un día intentó suicidarse y falló. En este sobrenombre se condensan dos modalidades: sinécdoque y una historia que brinda sustentación al significante melancólico. Como en el caso de Blomberg, nuevamente lo arbitrario aparece encubierto por una motivación.

De acuerdo a los nombres y a los sobrenombres, en Los Siete Locos hay tres clases de personajes: los que conocemos solamente por el apodo: el Buscador de Oro, el Mayor, el Capitán, el Comentador. Un caso aparte lo constituye el Rufián Melancólico: rufián por ser macró y es melancólico porque un día intentó suicidarse y falló. En este sobrenombre se condensan dos modalidades ya observadas en Bromberg: sinécdoque y una historia que una sustentación al significante melancólico. Nuevamente lo arbitrario aparece en cubierto por una motivación.

De acuerdo a los nombres y a los sobrenombres, en Los Siete Locos tres clases de personajes: los que conocemos solamente por el apodo el Buscador de oro, el Mayor, El Capitán; los que conocemos por nombre y el apellido; Elsa, Erdosain, Barsut, Ergueta y Luciana Espila; los que se van a ambos: Hipólita, “la Coja”; Alberto Lezin, el Astrólogo; Arturo Haffner el Rufián Melancólico; Bromberg, “el hombre que vio a la partera”; Eustaquio Espila, “el sordo”. En la sobreabundancia nominativa palpable en Los Siete Locos, adquiere relevanciarelación a la cuestión de migratoria pero, a la vez, lleva a cabo el cierre de un ciclo, radicalizándolo. En efecto, la posesión de un sobrenombre evidencia el enmascaramiento del nombre y opera como un elemento que borra/ hace olvidar el nombre verdadero que es justamente el que indica el marco de procedencia. El encubrimiento del nombre por el sobrenombre supone una doble negación: la negación del nombre del padre, ya que el nombre es impuesto por el padre y su herencia y la negación del grupo social al que pertenece el padre ya que el sobrenombre adquirido, al ser dado por los otros, analogía fónica existente entre apellidos, nombres y sobrenombres que inaugura familias significantes: Erdosain, Elsa, Ergueta, Eustaquio Espila, Barsut, Bromberg, Buscador de oro, Astrólogo, Abogado. Una vez más, aquí presente, la lengua incluyendo sorpresas del sentido.
Consecuentemente, se puede argüir qué la falta de hijos es ausencia de una línea de filiación social y de proyección histórica de clase: todo finiquita con ellos y ellos finiquitan con todo, ecuación que hace traje color propuesto por el grotesco teatral, cosa que se confirma cuando observamos que si todos los personajes están condenados a muerte, (real o metafórica), el ciclo Los Siete Locos- Los Lanzallamas, es un largo proceso agónico o la agonía de un grupo social, o por lo menos la pérdida de la identidad social que no está reflejada en una posible armonía sino que aparece invertida en profusión nominativa. Desde este punto de vista, se echa luz al asunto en derredor del rol de la mujer que siempre se aleja o es prostituta, única vía que posibilita la ruptura de la continuidad familiar y social. El fracaso de Erdosain como inventor entra también en esta legalidad porque el éxito implicaría la paternidad de una nueva realidad, la trascendencia.

Categorías:narrativa

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