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Mujer by Paula Castillo Monreal

Mujer, refugiada del sol bajo la sombrilla verde tropical. Tienes los pies tapados por el frío y duermes. Mientras, el mar se desgañita.

Mujer, con sombrero de paja. El bikini blanco y negro, la braga floja porque a cierta edad, ya no hay culo que marcar. Las piernas sostienen juntas tu cuerpo cuadrado, porque a cierta edad las líneas curvas se vuelven rectas, en el mejor de los casos.

Mujer morena, de moño alto, que sacudes la toalla en toples, temblándote todo. En toples recoges la bolsa a la vez que hablas por teléfono, y en toples te vas, y nos dejas en toples. ¡Bendita tú!

Mujer con tanga que te tumbas boca abajo y lees mientras mueves las piernas. ¡Qué felicidad!

Mujer rubia, que escondes la melena larga de caracoles dorados con el sombrero de ala ancha. La tripa te cuelga sobre el bikini negro que aprieta la cadera amplia que no te importa mostrar. Sentada en la arena, sonríes.

Mujer anoréxica, sin carne. Solo la piel pegada a los huesos, protegiéndolos a penas de la arena sobre la que reposan cada día al sol.

Mujer hundida en la hamaca vieja que te arquea el cuerpo. Llevas horas sin moverte contemplando el mundo. ¿Para qué ir a buscarlo? La tela raída chirría con tu movimiento y cuando el sol se esconde tras la montaña de Guía, tu esfuerzo por levantarte es ímprobo. Tu figura señalada en la tela se niega a desaparecer.

Mujer de pelo blanco que miras por encima del horizonte. La cabeza erguida, el cuello tieso, la voz alta. ¡Envidio tu elegancia!

Mujer, tatuada de nalga a nalga, del cuello a los pies. Mujer paisaje de pájaros, letras y monstruos estampados. Mujer cubierta, tapada, oculta.

Mujer que te ríes abrazada a otra mujer. Abrazos que hacen temblar la risa. ¡Bendita intimidad de los cuerpos rozándose!

Mujer que vienes del agua, brillante, entera. El pelo negro, la piel negra adornada de pequeños cristales minúsculos que te hacen brillar.

Mujer, niña casi. Casi mujer que corres y saltas, que enseñas tu vientre liso como una tabla y descuelgas tu lengua gorda con los pulgares hacia arriba para mostrarte al mundo que ya no te observa.

Mujer recatada, de cuello corto adornado con perlas, la espalda ancha abrazando el corazón hundido, ¿por qué arrastras los pies?

Mujer pálida que solo bebes café o infusiones. No relajas el gesto fruncido que la vida te fue estampando mientras corrías hacia tu jubilación. ¿Y, ahora qué?  

Mujer tapada hasta los ojos; incluso con los ojos tapados. ¿No estás harta de no ver el mundo? ¿O está tu mundo interno tan lleno de paisajes que ya no necesitas ver? ¿Qué hay detrás de la cuadrícula? Un mundo de celosía. Mujer contenida, ¿y si te revelases conmigo?  ¿Revelarme de qué? Entonces podríamos ver los paisajes.

¡Ay, mujer intrépida, sensible y gloriosa! De boca grande para tragarte el mundo, de zancada larga para atravesarlo, de soledades para comprenderlo. Deseada y sensual sin provocarlo, violada sin protestar, siempre con los ojos cerrados.

¡Ay, ay, mujer!, ¿qué hacemos?

Yo que soy mujer sin querer reparar en ello, que fui una niña que no recuerdo, que escapé de la infancia sola; me encontré con una adultez sin desbravar. Yo que soy mujer hace ya un tiempo te digo, que en estos momentos de confusión es casi mejor no escuchar.

Solo al mar, su rugido.

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