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Putin, by j re crivello

No muy alto, cara de niño travieso que fue capaz de llegar al poder desde una familia humilde y trabajadora. Vio como la URSS era destruida a través de los ojos de su padre. Ahora se precia de gestos grandilocuentes que a sus ojos le amplían, pero a los nuestros le empequeñecen. Por ejemplo cuando firma los decretos en una sala de grandes columnas en una mesa pequeña que es el 10 % de lo que muestra. O cuando negocia con Macron en una mesa gigante que se alarga tras el infinito pareciéndonos como si fuera alguien desvalido allí al fondo sin más obsesión que retener el poder desde la soledad.

O, en estos días, cuando anuncia día si y día no que el arsenal nuclear puede ser activado y con ello traerá la destrucción de la Humanidad.

Y uno se pregunta: ¿Es este Hitler putiniano aquel que nos acompaña de lo paternal del abandono? Si no me das lo que deseo, te destruiré. Contigo ira mi muerte, pero también la tuya. Pareciera recitar.

Algunos conciben la creación o el desarrollo de su sociedad como un gradual equilibrio que lleva sus objetivos a cumplirse.

Putin concibe su sociedad como una jugada de tablero donde aquel no se levanta nunca, pues no concibe perder. Y si pierde lo destruirá todo.

Su primera entrega es esta destrucción de Ucrania. Aquí su paranoia se pone en la práctica. ¿Qué busca?

Su objetivo es destruir la integridad de la sociedad de Ucrania. Al poder acabar con una sociedad pacifica demuestra se reafirma. Es el hijo que recuerda al padre que le devolverá con la violencia. Transforma las reglas del juego. No es vencer, es destruir y aniquilar compensando aquella ausencia del Totem paterno.

Putin no es un pandillero. El Putin actual ya es un autócrata que en su guerra busca el fin de las sociedades que le rechazan, y ha elegido Ucrania como podía haber sido otra.

Camarada: ¿Le sirvo un whisky? Putin mira con esa mirada de latón reluciente y dice si, y luego agrega.

—¿Ganaremos en Ucrania?

—Si camarada ganaremos —responde su ayudante de cámara.

—Ud. conoció la Gran Guerra Patria?

—Sí, camarada.

—¿Qué recuerda de ella?

—El hambre y la destrucción nazi —camarada presidente. ¿Y Ud.? Su ayudante se arrepintió de la pregunta. Se hubiera quitado todo lo que tenía, para pedir disculpas ante tamaño error. En Putin brillaron los ojos de latón. Sonrió y dijo

—Yo recuerdo, que aquella guerra que mi padre: “era un trabajador en una de las muchas fábricas de Leningrado. Aunque él contaba con un documento que le permitía no ir al frente, emitido principalmente para los trabajadores de la industria de la defensa, se ofreció como voluntario después de unirse al Partido Comunista.

Luego el pasó formar parte de un escuadrón de sabotaje de la NKVD (la policía secreta de la época, predecesora del KGB). En una de las misiones uno de los militares cometió traición, lo que casi acaba con todo el escuadrón. Los nazis mataron a 24 de sus 27 miembros. Mi padre logró sobrevivir porque pasó varias horas en un pantano, escondido bajo el agua, respirando a través de una caña mientras escuchaba pasar a los soldados alemanes”.(1)

Por ello camarada, la vida consiste en saber respirar a través de una caña —terminó Putin

—En sobrevivir —dijo el ayudante, mientras recogía, y de los ojos de latón, salía un fiero brillo.

Nota:

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