Vidas paralelas

Vidas Paralelas XI by Valentí Gómez i Oliver

                       preguntas y respuestas: los gimnosofistas

Alejandro Magno (IV a.C.) se hallaba de correría por la India y después de haber sometido a muchas comarcas y grandes ciudades, capturó a 10 gimnosofistas. Dichos personajes tenían la fama de contestar a las preguntas con maestría y concisión. De manera que el curioso Alejandro decidió establecer con ellos un singular diálogo a base de hacerles preguntas de difícil respuesta, advirtiéndoles, además, que mataría a quien contestara de manera incorrecta. Ordenó al más anciano de los gimnosofistas que hiciera de juez.

         Al primero le preguntó: “¿quiénes creía que eran más numerosos, los vivos o los muertos?”, a lo que él respondió que “los vivos, pues los muertos ya no son”. Al segundo le preguntó: “¿si los animales más grandes se crían en la tierra o en el mar?”, a lo que él respondió que “en la tierra, pues el mar no es sino una parte de aquélla”. Al tercero le preguntó: ¿cuál es el animal más mañoso?”, a lo que él respondió que “aquel que el hombre no conoce todavía”. Al cuarto le preguntó: “¿con qué razonamiento había incitado a la rebelión a Sabas?” [reyezuelo de una comarca montañosa, al oeste del río Indo; tal como aparece en Alejandro, 64 (Plutarco, Vidas Paralelas)], a lo que él contestó: “que con la intención de que aquél viviera noblemente o muriera noblemente”. Al quinto le preguntó: “¿si había sido antes el día o la noche?”, a lo que él respondió: “el día, por un  solo día” y al advertir la sorpresa del rey, añadió: “que las respuestas a preguntas insolubles han de ser por fuerza incomprensibles”. Al sexto le preguntó: ¿cuál es la mejor manera de hacerse querer?”, a lo que él respondió: “siendo el más poderoso sin inspirar el terror”. Al séptimo le preguntó: “¿cómo podría un hombre convertirse en dios”, a lo que él respondió: “haciendo aquello que no le es posible al hombre hacer”. Al octavo le preguntó: “¿cuál es más poderosa, la vida o la muerte?”, a lo que él respondió: “que la vida, puesto que es capaz de sobrellevar tal cantidad de desgracias”. Al noveno y último gimnosofista le preguntó: “¿hasta qué momento le vale la pena vivir al hombre?”, a lo que él respondió: “hasta el momento en que considera la muerte preferible a la vida”.

         Alejandro, entonces, dirigiéndose hacia el juez le pidió que dictara la sentencia. El juez respondió que “unos habían respondido peor que otros”. A lo que Alejandro le dijo: “Pues bien, tú serás el primero en morir, en vista de tan buena sentencia”. A lo que el juez remató: “No ha de ser así, señor, a menos que mintieras cuando dijiste que moriría el primero que diese la peor respuesta”.

         De lo que se deduce que si bien han de ser acertadas las respuestas, han de  ser del todo adecuadas las preguntas.

                                                                 Valentí Gómez i Oliver

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