narrativa

Orígenes: El trabajo de una vida by Franco Puricelli

Queremos festejar el II Aniversario del nacimiento de Masticadores, por ello 26 autores publicarán hasta el día 23 de Abril, Dia de Sant Jordi y del Libro. Gracias a todos por apoyar la plataforma y sus contenidos. Orígenes es un proyecto transversal que nos habla de momentos y espacios evocados por nuestros autores en su recorrido personal.

J re crivello


El trabajo de una vida by Franco Puricelli

     Nos solía decir “cuando yo me muera, busquen en la casa, revisen bien que tengo toda la plata escondida ahí”. Si alguien se atrevía a mencionar el tema de la inseguridad, la abuela no tardaba en responder que, en este país, hay que estar loco para confiar más en los bancos y en el gobierno que en las paredes y las cerraduras.

     Cuando llegó el momento, siguiendo estas exhortaciones, fuimos a revisar. Hacía años que no veíamos más que el primer tercio de la casa, la vieja era estricta en no permitir que nadie subiera las escaleras ni traspasara la puerta que daba al comedor. Descubrimos, ni bien comenzamos la inspección, que ella tampoco frecuentaba esos lugares.

     Su vida, como una comedia de televisión, transcurría casi por entero en un puñado de ambientes: una sala de estar en la que desembocaba el pasillo de entrada, una habitación y un baño que estaban en planta baja, el bar de la esquina.

     En la sala, tenía un escritorio con todo el papelerío de los alquileres, una mesa con un jarrón de cristal en el centro, dos sillones individuales y un televisor. La cocina se encontraba en un estado intermedio entre el primer tercio de la casa y las partes prohibidas: la abuela la mantenía limpia, acaso por costumbre o por dignidad, pero no la usaba, a punto tal que ni siquiera la heladera estaba ahí, sino que había sido convenientemente desplazada a la sala de estar, junto al televisor. Adentro no guardaba más que yogures, golosinas y gaseosas. La vieja debía tener sus razones: un acto tan feliz como el de abrir la heladera no podía suceder en un espacio tan rechazado por ella como la cocina.

     Nuestras visitas sucedían en la sala o en el bar de la esquina. Nos sentábamos en los sillones o alrededor de la mesa con el jarrón. Si no queríamos ir al bar, la abuela levantaba el teléfono y mandaba a pedir el café con medialunas. Cuando estaba de mal humor, hacía comparaciones ofensivas y explicaba una y otra vez por qué no podía llevar una vida mejor, haciendo recaer la culpa en distintas personas y circunstancias. Cuando estaba de buen humor, se reía maliciosamente de algún suceso local y contaba la historia de cuando estuvo, siendo muy jovencita, en Buenos Aires, acompañando a su hermana enferma y sobreviviendo a base de todo tipo de pequeñas estafas. La enfermedad de la hermana nunca era el eje del relato: era apenas la circunstancia que había hecho posible la gran aventura de su vida.

     Cuando entramos a la casa, unos días después de su muerte, fuimos inmediatamente a las “partes prohibidas”. Desde aquella tarde, empezamos a llamarlas “partes abandonadas”. Primero, tuvimos que remover una densa y pegajosa capa de tierra. Debajo de la tierra, había cajas de cerámicos y otros materiales, comprados para arreglos y remodelaciones que nunca se hicieron. Había tasas, copas, toallas y manteles sin usar. Había vajilla y muebles. Había restos de otras cosas y basura acumulada de años.

     Debajo de esas tantas capas de abandono y proyectos fallidos, estaban las restantes habitaciones de la casa. En la planta alta, una pequeña salita con un sillón hamaca, una habitación y un baño. En la planta baja, un comedor enorme con un juego de mesa y sillas de madera, tres sillones alrededor de una mesita y cantidades de adornos incomprensibles. Encontramos también un lavadero, otro baño y un patiecito con asador. Encontramos, por último, una habitación que parecía haber sido un depósito, aunque en ese momento no estaba más sucio ni más desordenado ni más lleno de cajas que el resto de la parte abandonada.

     La cocina estaba superficialmente limpia. No había un solo objeto a la vista, ni siquiera la pava. Todo estaba detrás de las puertitas de los estantes, amontonado y sucio. Encontramos utensilios y aparatos de distintas épocas, todos sin usar desde hacía años. Arrinconada en el estante más alto, junto a una vieja máquina de hacer helado, encontramos una foto encuadrada del casamiento: ella con vestido de novia, él con el pelo engominado. Más allá del parecido físico, los de la foto no tenían nada que ver con mis abuelos.

     Revisamos toda la casa y fue apareciendo, de a poco, el famoso dinero de la vieja. Estaba guardado en paquetes de papel o de plástico, distribuidos en distintos escondites: detrás de una madera floja del cielo raso, adentro de una falsa columna, entre la ropa, en los almohadones.

     La abuela había ahorrado toda su vida, pero el resultado final no era el esperado. Varios sobres tenían billetes de signos monetarios que ya no existían: Australes, Pesos Ley 18.188, Pesos Ley 22.707. Adentro de la falsa columna, había un bolsito con dólares comidos por las ratas y la humedad. Apenas si pudimos rescatar algunos papeles enteros y con la imagen del prócer reconocible. Lo único que seguía teniendo vigencia eran unos pesos actuales que ya no valían ni remotamente lo que había costado ahorrarlos.

     Después de varios días de limpieza y revisar, finalmente abandonamos el lugar, tal vez no muy satisfechos pero entretenidos. El tesoro de la abuela era tan disparatado como la casa en la que pasó la mitad de sus años y acaso también como su propia vida. Los paquetes guardados eran un reflejo de la historia del país, una mezcla perfecta de sacrificio y descuido, el resultado de décadas de meter agua en un balde agujereado. La vieja se fue y nosotros recordaremos para siempre el chiste de su tesoro escondido, la más de media casa abandonada, la heladera junto al televisor, el barcito de la esquina y la historia de cuando estuvo sobreviviendo en Buenos Aires.     

5 respuestas »

  1. Reblogueó esto en Q.M.y comentado:
    Queremos festejar el II Aniversario del nacimiento de Masticadores, por ello 26 autores publicarán hasta el día 23 de Abril, Dia de Sant Jordi y del Libro. Gracias a todos por apoyar la plataforma y sus contenidos. Orígenes es un proyecto transversal que nos habla de momentos y espacios evocados por nuestros autores en su recorrido personal.
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