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Sant Jordi&Orígenes: Raíces by Pilar Escamilla

Yo tengo mis raíces en tus manos,
fuertes y frágiles a la vez.
De joven suaves, lisas, dulces.
Ahora las arrugaron
el trabajo y los años.
Yo tengo mis raíces en tus brazos,
fuertes para soportarme
a mí, y a mis hermanos.
Quizás por eso, ahora,
te molestan tanto.
Yo tengo mis raíces en tu mirada,
siempre presente, observadora.
Traspasas mis ojos con los tuyos,
y la edad se oculta tras ese amor profundo.
Yo tengo mis raíces en tu vientre.
Alimento, hogar y simiente.
Esbelto y hermoso.
Ni hijos ni vida lo estropean.
Yo tengo en ti, madre,
mis raíces más queridas.

(Mi sombra sobre la falda de la montaña, Caradeluna Ediciones, 2012)

No recuerdo cuándo empecé a escribir. Pero siempre me recuerdo escribiendo y leyendo. Antes de escribir poesía, estuvieron los diarios. Los diarios son algo que, como el Guadiana, han ido apareciendo y desapareciendo de mi vida conforme he ido necesitando aclararme a mí misma las cosas, explicármelas, desahogarme. De esos diarios surgieron los primeros vómitos en forma de versos que yo no era capaz de identificar como poemas. Los poemas que estudiaba en el colegio eran algo distinto. Lo mío, teniendo algo de música interna, eran más bien frases cortadas estratégicamente. Me daba vergüenza llamarlos poemas. Mi tía Bego, mi madrina, era una de mis primeras lectoras en casi todo lo que hacía. Ella fue la que me animó a continuar. Ella veía en mí algo que ni yo era capaz de ver. Yo, simplemente, tenía la cabeza rebosante de palabras que, o volcaba en algún lado, o me ahogaban. Ha habido temporadas en las que me han ahogado. Pero en general he ido intentando dejarlas escapar. No estoy orgullosa de todo lo que tengo publicado. Ahora, con mis 45 años a punto de acabarse, me gustaría borrar de los anaqueles de las bibliotecas y librerías de segunda mano gran parte de los textos que he publicado. Pero ahí están. Son yo. Son mi vida. Mi historia. Quizás por eso debería quererlos un poco más. Y agradecerles la labor que cumplieron en su momento. Aunque ahora me avergüence de ellos. Siempre voy con un libro, un cuaderno, la agenda y mogollón de bolis de varios colores. Siempre. Y ahí estoy. Siempre con algo que contar. Guardándome casi todo. Sacando lo poco que mi filtro va dejando. Evolucionando. Y estos útiles llevan yendo conmigo desde siempre. En mi maleta al pueblo no faltaba el cuaderno. Ni los libros, evidentemente. Me leí una de las bibliotecas del pueblo donde crecí entera. Bueno, la sección infantil. Las bibliotecarias me dejaron coger libros de adulto antes de tener la edad porque sabían que no me quedaban libros por leer. Y de las lecturas, los vómitos, la escritura, el llanto, y poco a poco, la vida. Empecé este pequeño texto con un poemilla que escribí hace muchos años, muchos. Creo que más de 30. Necesitaba que supierais, que sin esas raíces maternas, sin mi madre, sin mi abuela, sin mi tía Bego, yo, hoy, no estaría ni escribiendo ni siendo quién soy. Por eso, les doy las gracias. Y me siento, con ellas, con mis raíces, eternamente en deuda.

1 respuesta »

  1. Me encanta y me siento identificada. Es la magia de los escritores. Nunca sabremos qué día llegarán con palabras bajo la manga en dónde parece que describen un parte de nuestras vidas. Saludos!

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