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Opinión: QUIEN TIENE LA RAZÓN…

By Francisco Bravo

Se habla mucho, y por doquier, de la crisis migratoria, de los refugiados, los damnificados, y de los que huyen de las guerras. También hay quienes hablan de las tragedias y de los sufrimientos que le amargan el camino a esta pobre gente mientras tratan de llegar a un lugar donde puedan descansar tranquilos y en paz. Pero pocos nos damos cuenta lo que todo eso significa, para el país, para Europa y para el mundo entero.

Somos muchos los que hemos padecido alguna de estas cosas o que conocemos a quienes sí, y tal vez eso nos hace tener empatía con las víctimas. Además es posible que nuestro ADN conspire con nuestra conciencia para que nos coloquemos siempre de parte del débil y del que sufre las injusticias y los incontables abusos que se cometen contra tanta gente en tantos países de la tierra. O quizá sea que a algunos nos han enseñado que hay que hacer por los demás lo que queremos que los demás, quizá algún día, hagan por nosotros. ¿Acaso no es esa la regla de oro?

Pero la moneda tiene dos caras y cuando se habla de inmigrantes o de refugiados la cara opuesta a la nuestra se sulfura hasta estallar. ¿Que será, la tolerancia, la falta de Caridad? No juzgo a nadie ni critico el criterio de los que no quieren nada que ver con estos desafortunados. Sé que los que no quieren que se les deje entrar a España son también gente decente, obediente y muy amante de la ley y el orden. Estas son cualidades de un buen paisano.  Pero para ser un ciudadano extraordinario hay que también saber ser el buen samaritano.  Claro, dirán ellos, a mí que me importan los samaritanos ni la cabeza de un guanajo*.

Entonces me pregunto, ¿quién tiene la razón? Hace muy poco vimos como una veintena de refugiados subsaharianos murieron tratando de cruzar a Melilla. En EEUU un grupo bastante numeroso de inmigrantes, probablemente de Sur América, murieron asfixiados mientras los llevaban ocultos en un camión cruzando el desierto que separa EEUU de México. Y así de nuestro lado, o del otro, mueren tantos intentando buscar mejor vida.

Esto no se va acabar porque los problemas que hacen que la gente huya y abandone su casa y país no se han resuelto, ni se resolverán y por ende el flujo de refugiados e inmigrantes hacia países del “primer” mundo seguirá. Como igualmente seguirá la polémica entre los que los aceptan y quieren ayudar y los que no quieren que ninguno de ellos entre a su tierra o a la meua terreta.

Así que ¿quién tiene la razón? Os pregunto y me urge saber.

Nota Bene:

Ni La cabeza de un guanajo, es un dicho que aprendí durante los años que viví en Miami entre los cubanos. No sé su origen, pero al leer la frase creo que se hace obvio su significado.

13 respuestas »

  1. Comprendo que bajo ciertas circunstancias, haya personas que se vean obligadas a salir de su país. Pero hay límites.

    En Marruecos no hay guerras, ni persecuciones religiosas, ni tribales. Todos los que vienen, son jóvenes entre 18 y 30 años, fuertes, sanos, saltarines y en edad militar. No tengo por qué alimentar a un adolescente aquí, cuando tiene padres allí.

    Por otro lado, no entiendo que un sirio, un pakistaní, un eritreo o un libio, se planteen trasladarse a vivir Estocolmo, Berlín, o Jerez de la Frontera. Europa es de tradición cristiana, un espacio donde se respetan los derechos humanos, incluidos los de las mujeres; un territorio donde a las niñas no se las obliga a casarse con viejos ni se les somete a la ablación.

    África es un continente enorme en el que hay países (muchos) donde se puede vivir y trabajar. Lo hacen millones de africanos.

    Europa no puede ser el albergue del mundo, porque en España, hay españoles que han trabajado toda su vida, y ahora no pueden pagar la luz, la comida o la calefacción. O les ocupan su casa y el gobierno dice que no puede hacer nada.

    Podría extenderme, pero creo que se capta el mensaje.

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  2. ¡Qué complicado es responder a esta pregunta!
    Posiblemente todo el mundo tenga su parte de razón.
    Tal y como apuntas, a mí se me parte el alma al ver cómo siguen muriendo personas que buscan un lugar mejor en un mundo que debería ser de todos, que no es de los que están ni de los que llegan, pero cuando manifiesto esta opinión en alguna reunión familiar o de cualquier otra índole en más de una ocasión me han dicho: «Genial, pues llévate unos cuantos a tu casa. ¿A que no lo haces?»
    Y es cierto, no lo hago. Hay otras formas de ayudar, en mi cado, con mis escritos, visibilizando situaciones que todos conocemos pero con frecuencia olvidamos o no nos gusta recordar.
    No sé quién tiene la razón, pero sé que todo lo que se gestiona en despachos de nobles edificios, lo pagan personas que solo reclaman una oportunidad de mejorar su vida en este mundo que creemos con dueño pero que no debería tenerlo.
    Una utopía, sí, pero es lo que siento.

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