Archipielago

Caníbales: HÁGASE ESTOICO Y LLÉVESE UNA CUBERTERÍA by Lucas Corso

No hace mucho escribí un pequeño artículo sobre el estoicismo, esa corriente de pensamiento           que desprecia las emociones más destructivas. O más bien hablé sobre los estoicos para explicar una posible manera de afrontar la vida que a uno se le pone por delante cada día, por más perra que esta sea. Pues verán, el otro día leía con sorpresa que el estoicismo está de moda. Y no es cosa mía, no se vayan a pensar. Mi influencia no llega todavía a tanto. Todo se andará. La cuestión es que está de moda porque sí, que es la manera más corta de decir que está de moda por muchas razones. Veamos algunas, que la cosa tiene miga.

Para empezar, el bicho. O sea, el covid. ¿Sabían ustedes que en algunas plataformas audiovisuales les pueden censurar por llamarlo por su nombre? Pues ya lo saben. ¿Y saben por qué? Yo tampoco. Pero la cosa es que el bicho parece ser el pistoletazo de salida a esta fiebre repentina por lo estoico. Resulta que mientras andábamos aplaudiendo encerrados (sí, usted lo hizo y yo también, por mucha vergüenza que nos dé ahora), más de uno se pensó que esto era el fin del mundo tal y como lo conocíamos. Luego se ha visto que bueno, el mundo que conocíamos sigue ahí a lo suyo, si acaso un poco peor, pero sin demasiados cambios que lo dejen irreconocible. Ante eso el personal que andaba acojonado por lo que pudiera pasar se ha llevado una sorpresa, o una decepción. Y más de uno ha decidido no tomarse tan a la tremenda nada de lo que a partir de ahora le cuenten que está por llegar. Es el cuento de Pedro y el covid. Pero hay más.

La crisis con la que tanto han venido asustándonos y que ya asoma la patita ha sido otro detonante. Los que venían entrenados del covid lo han llevado más por la mano pero, los que no, se han tenido que poner las pilas. Eran muchos miedos acumulándose ya y el covid uno no lo ve y, mal que bien, se queda en nada en la mayoría de casos. Pero las deudas se ven de lejos y el banco no perdona ni una. Así que el estoicismo pareció ser la solución para otros tantos. Le deberé dinero, pero aquí me tiene, impasible.

La cosa sigue con la guerra en Ucrania. Lo de Ucrania también viene de lejos, pero de tan lejos que viene uno tiende a olvidarse a ratos, y en una de esas se han liado a tiros. Putin, con su rostro impertérrito, puede parecer un estoico de manual, pero no se confundan: sólo es frialdad soviética; lo de perder lo lleva tan mal como cualquier hijo de vecino. De ahí que anden todos con la mosca detrás de la oreja por lo que pueda hacer, como si fuese poco lo que ya ha hecho. Y por eso muchos han dado el paso hacia esa manera de ver en el mundo en la que el miedo y las dudas no tienen cabida. Mientras que a uno no lo apunten con un kalashnikov, se entiende.

Y luego está el Mundial de fútbol. Sí, ese. El que nadie apoya pero todos ven porque los derechos humanos hay que respetarlos pero golazo por la escuadra. ¿Y qué tiene que ver el Mundial con los estoicos? El Mundial nada, pero Luís Enrique todo. Porque este entrañable entrenador, de sonrisas escasas y palabras parcas, se ha rendido a ese movimiento que inició Zenón de Citio hace ya más de dos mil doscientos años y que le está ganando la tostada a ese otro que inició Jesús apenas dos siglos más tarde. Y cuando una personalidad del mundo del fútbol habla, el mundo escucha. Y si habla de estoicismo y de las ventajas que le ha aportado a su vida que, dicho sea de paso, no ha sido nada fácil en los últimos tiempos, pues la gente toma nota y copia. Y uno lee entonces cosas tan maravillosas como ¡He decidido que voy a ser estoico! Ahí, como el que un día decide que se va a hacer del Betis porque mira, suena exótico y aunque se sufra seguro que mola. Luego está Omar Montes, con quien quiero cerrar porque se la ha dejado botando a todos para que le marquen el gol. El cantante, que ha ido a Catar a hacer lo suyo en la ceremonia inaugural, comentó que nunca hubiese ido de haber sido invitado por el gobierno catarí porque él está a favor de los derechos humanos y en contra de lo que allí se hace. Pero a mí me invitó la Federación Española de Fútbol, y por eso acepté. Y se quedó tan tranquilo mientras las críticas y las risas sobrevolaban su simpático corte de pelo. Eso, amigos, no es estoicismo. Eso es pocas luces. Y mucha cara.

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