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Dios prefiere a los bastardos, cuentos del otro México by J. Félix González-Encabo

Gonzalo Trinidad nos ofrece sorprendentes bocetos del otro México en “Dios prefiere a los bastardos”, una de sus colecciones de cuentos


Gonzalo Trinidad Valtierra (Ciudad de México) ha publicado varios libros de relatos en la última década y es coeditor de la revista cultural CanCerbero
El pasado mes de febrero tuve el placer de compartir una divertida velada con los escritores mexicanos Gonzalo Trinidad Valtierra, Enrique I. Castillo y Samuel Segura en la Casa de los Azulejos, un imponente palacio colonial español de la época del virreinato, de fachada recubierta con cerámica talaverana de Puebla y situado junto al zócalo. En este antiguo palacio a día de hoy se sirven almuerzos y cenas en el enorme patio rodeado de columnas de mármol y vodkas dobles en happy hour desde las 7 hasta las 8 de la tarde en el café piano de la segunda planta, un elegante punto de encuentro para turistas avezados, gente que no desea ser encontrada y bohemios románticos.
Allí, en el café, Gonzalo y sus compadres literarios me sirvieron nada más llegar dos vodkas -sin cena previa- porque en happy hour sirven dos por uno y no recuerdo si hubo que repetir la orden. Se habló de proyectos “como justo tributo a la corona”, del actual presidente de la república mexicana y sus carencias, de los nuevos virreyes de Profesor Jonk en México y de la próxima publicación de una compilación de cuentos de colaboradores de nuestra revista y de CanCerbero, éstos mexicanos y los nuestros de España y toda América. El título de esta primera compilación es “Ficciones y fricciones” y orbita en torno al mundo de las relaciones afectivas, sean del tipo que sean. Queda aquí cursada la invitación informal a contactarnos.
Al terminar la noche, tras unas quesadillas y jarras de cerveza en un bar para autóctonos, del que salimos por la cocina, tomé un Uber que correspondía a una tal Patricia, tomé el correcto y repasé los libros que me habían regalado nuestros amigos, entre ellos este “Dios prefiere a los bastardos”, de Gonzalo Trinidad Valtierra (Vodevil Ediciones, Ciudad de México 2018).
“Dios prefiere a los bastardos” abre con una cita de Manuel Múgica Laínez, que dice “el crimen y la santidad son las dos desembocaduras supremas, en el sino del hombre, y ambas, conocidas o no, están presentes en toda serie de eslabones humanos”.
Y de eso va esta fantástica colección de relatos de Gonzalo Trinidad Valtierra, de muerte y santidad, de un México existente y otro mitificado, de personajes inventados y otros con rastro de andar deambulando por la inmensa Ciudad de México, de perros desconfiados y gringos, de rifles, botellas y pistolas, de accidentes y crímenes en los que víctima y culpable bailan hasta el final, de familias disfuncionales -¿qué no lo es hoy en día?- y padres ausentes que nos tocan tanto.
Los relatos de Gonzalo Trinidad Valtierra nos llevan formalmente a la literatura contemporánea, en buena medida de raíz norteamericana, si bien tienden a cerrarse de un modo firme, no dejando las posibilidades en ocasiones abiertas del maestro Carver. Aquí los asuntos se cierran y las deudas se pagan. Y nunca se sabe quién pagará la cuenta.
Los relatos que cierran el libro, “Pequeñas decisiones” y “Cómo odié sus lágrimas” nos incorporan la figura del padre de un modo tierno, real y doloroso, dentro de las ambivalencias de ausencia notable que esta figura tiene en el libro. Extraordinarios relatos.
Por su parte, “Albóndiga” es una divertida oda a los chuchos más o menos amaestrados que un día cambian de dueño. Amor, fidelidad o interés en una jungla compleja, perros y humanos.
Hay varios cuentos que nos hablan de malecones, ron, gente postrada en el puerto y barcos que apenas ejercen como tales, espacios ideales para buscavidas que ya no encuentran, punto y final al camino. En algunos se nos deja entrever la fuga a Estados Unidos de sus personajes o personajes colaterales que cambian la vida de quienes quedan o se ven obligados a marchar con ellos.
Y la violencia, a veces buscada, normalmente intuida y amenazante, a veces accidental y trágica.
¿Amor?: lo hay, hay que descubrirlo en los camiones, las cantinas, las humildes viviendas, las ausencias, las mascotas, las personas que de verdad están ahí. Existe y ni en este “Dios prefiere a los cobardes” deja de comparecer. Que no falte.

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