“Todo en mi es tendencia para ser a continuación otra cosa; una impaciencia del alma consigo misma.” -Fernando Pessoa
Escribir acerca de un escritor es adentrarse en su mente y su vida. Usualmente se revisan sus grandes momentos, se relaciona su vida con sus historias y se encuentran similitudes, tributos, personajes que influenciaron sus historias y una forma de interpretar a tan enigmático personaje. Pero hay autores como Fernando Pessoa que exploran la literatura por medio de heterónimos, por medio de otras personas y vidas que, a pesar de ser su creación, no le pertenecen.
Su trabajo con la otredad a través del heterónimo.
Pessoa fue un escritor cuya obra fue corta, en vida sólo publicó un poema y su expresión literaria sería conocida hasta después de su muerte a diferencia de sus contemporáneos Alberto Caeiro, Álvaro de Campos o Ricardo Reis, poetas y escritores que transformaron las letras portuguesas en esos años. Y es que Pessoa fue todas estas personas, creaciones fantasmas a las que él creó; ellos se convirtieron en sus heterónimos (figura literaria creada por el autor para atribuirle sus escritos), ellos, inexistentes, soberbios y con un lenguaje implacable eran quienes a partir de la mente de Pessoa difuminaron la realidad y entregaron obras maestras.
Sus heterónimos tenían toda una vida, fechas de nacimiento y de muerte. Historias trágicas que permitían darle una voz diferente a sus textos y que fueron necesarios para que Pessoa escribiera no con dos o tres voces; los personajes en los que el escritor se transformó fueron 72. La habilidad de metamorfosis del escritor muestra a personas que negaban la filosofía, homosexuales creados por él para rendir tributo al amor, extranjeros en su propio país e incluso mujeres. Su imaginación no estaba limitada por la razón ni la eternidad, elementos que llegó a cuestionar ampliamente en los textos que se llegaron a publicar bajo los nombres de sus heterónimos.
Pero Pessoa tuvo un heterónimo especial. Una creación metafísica que vivió con él toda su vida, Bernardo Soares. Él representaba su realidad transformada en literatura porque esa era su prioridad sobre todas las cosas:
“Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir”.
“Toda mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser. Todos (…) tienen que convencerse de que soy así, de que exigirme sentimientos —que considero muy dignos, dicho sea de paso— de un hombre común y corriente es como exigirme que sea rubio y con los ojos azules”.
La obra más cercana a la vida del escritor está marcada en El Libro del Desasosiego; un conjunto de hojas dispuestas en un orden preciso para darle la mayor coherencia posible, pues la obra de Soares es en realidad una reflexión filosófica que incluye ensayos cortos en prosa que analizan la realidad del cuerpo, del alma y la sociedad. Textos tristes de un hombre aburrido que vive sabiendo de su aburrimiento…pero más que algo patético es un ser enteramente absorto en el arte, quien ha sido llamado a leer, a cultivarse y traducir los sentimientos artísticos en la cotidianidad de su vida.
“Pasar de los fantasmas de la fe a los espectros de la razón no es más que ser trasladado de celda. El arte, si nos libera de los abstractos ídolos de costumbre, también nos libera de las ideas generosas y de las preocupaciones sociales- ídolos también”.
“Y duermo, a mi manera, sin sueño ni reposo, esta vida vegetativa de la suposición, y bajo mis párpados sin sosiego se cierne, como la espuma quieta de un mar sucio, el reflejo lejano de las farolas mudas de la calle”.
Fueron las reflexiones profundas acerca de la modernidad lo que agobió a un hombre que vivió a través de sus creaciones. A pesar de que viajó por el continente africano y conoció a grandes escritores contemporáneos (reales), su vida trascendió en la pasividad de quien tiene miedo a la gente, en una soledad autoimpuesta desde niño, pues su madre se casó con un hombre con muchos hijos y él fue relegado por lo que las sesiones de autorreflexión eran cotidianas. Un hombre tan discreto que la muerte sorprendió de forma extraña a todos a su alrededor. La cirrosis generada por una vida de alcoholismo pasivo, invisible a los ojos de los demás pero discreto como él, lo acompañó en esas sesiones de escritura solitarias.
Ya sea en cuerpo metafísico de sus heterónimos creando poesía, antifilosofía y más, o en sus propias experiencias solitarias y filosóficas. Los escritos que este hombre dejó a los 47 años de vida son de importancia trascendental para la literatura del siglo XX y XXI. Pero hay en su obra dos elementos más trascendentales. Uno, el que tuvo con la propia definición de literatura. Su trabajo es una oda a está actividad que tal como él lo dijo: “El ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación”.
“Tudo em mim é uma tendência a ser outra coisa a seguir; uma impaciência da alma consigo mesma. «
Fernando Pessoa
Fernando Pessoa era um escritor português. Sua influência na literatura mundial é tão grande que, apesar de a literatura portuguesa não ser a mais popular internacionalmente, ele marcou a maioria dos grandes escritores depois dele. E talvez a razão pela qual esse autor seja tão importante tenha sido porque ele trabalhou com a alteridade.
Pessoa era um escritor cuja obra era curta, na vida ele publicou apenas um poema e sua expressão literária seria conhecida até depois de sua morte, ao contrário de seus contemporâneos Alberto Caeiro, Álvaro de Campos ou Ricardo Reis, poetas e escritores que transformaram letras portuguesas em aqueles anos. E é que Pessoa era todas essas pessoas, criações fantasmas que ele criou; tornaram-se seus heterônimos (figura literária criada pelo autor para atribuir seus escritos); inexistentes, arrogantes e com uma linguagem implacável, foram os que, na mente de Pessoa, obscureceram a realidade e entregaram obras-primas.
Fernando Pessoa Heteronimos
Seus heterônimos tinham uma vida inteira, datas de nascimento e morte. Histórias trágicas que permitiam dar uma voz diferente aos seus textos e que eram necessárias para Pessoa escrever não com duas ou três vozes; os personagens em que o escritor se transformou eram 72. A capacidade do escritor de se metamorfosear mostra pessoas que negaram a filosofia, homossexuais criados por ele para homenagear o amor, estrangeiros em seu próprio país e até mulheres. Sua imaginação não era limitada pela razão ou pela eternidade, elementos que ele chegou a questionar amplamente nos textos publicados sob o nome de seus heterônimos.
Mas Pessoa tinha um heterônimo especial. Uma criação metafísica que viveu com ele a vida toda, Bernardo Soares. Ele representou sua realidade transformada em literatura, porque essa era sua prioridade sobre todas as coisas:
«Se escrevo o que sinto, é assim que reduzo a febre do sentimento».
“Toda a minha vida gira em torno do meu trabalho literário, bom ou ruim, seja o que for, seja o que for. Todo mundo (…) tem que me convencer de que sou assim, que exigir os sentimentos – que considero muito dignos, por sinal – de um homem comum é como exigir que eu seja loira e com olhos azuis. ”
O trabalho mais próximo da vida do escritor está marcado em O livro da inquietação; um conjunto de folhas dispostas em uma ordem precisa para lhe proporcionar a maior coerência possível, uma vez que o trabalho de Soares é na verdade uma reflexão filosófica que inclui pequenos ensaios em prosa que analisam a realidade do corpo, da alma e da sociedade. Tristes textos de um homem entediado que vive conhecendo seu tédio, mas mais do que algo patético, ele é um ser completamente absorvido na arte, que foi chamado para ler, cultivar e traduzir sentimentos artísticos na vida cotidiana.
“Ir dos fantasmas da fé aos espectros da razão nada mais é do que ser transferido de uma célula. A arte, se nos libertar dos ídolos abstratos usuais, também nos libertará de idéias generosas e preocupações sociais – ídolos também. ”
«E durmo, do meu jeito, sem dormir ou descansar, essa vida vegetativa de suposição, e sob minhas pálpebras paira como a espuma quieta de um mar sujo, o reflexo distante dos silenciosos candeeiros da rua».
Foram profundas reflexões sobre a modernidade que dominaram um homem que viveu suas criações. Apesar de ter viajado pelo continente africano e encontrado grandes escritores contemporâneos (reais), sua vida transcendeu a passividade de quem tem medo de pessoas, numa solidão autoimposta desde a infância, pois sua mãe se casou com um homem com muitos crianças e ele foi relegado para que as sessões de auto-reflexão fossem diárias. Um homem tão discreto que a morte surpreendeu estranhamente todos ao seu redor. A cirrose gerada por uma vida de alcoolismo passivo, invisível aos olhos dos outros, mas discreta como ele, acompanhou-o naquelas sessões solitárias de escrita.
Ou no corpo metafísico de seus heterônimos, criando poesia, antifilosofia e muito mais, ou em suas próprias experiências solitárias e filosóficas. Os escritos que esse homem deixou aos 47 anos são de importância transcendental para a literatura dos séculos 20 e 21. Mas existe no seumais dois elementos transcendentais funcionam. Um, o que ele tinha com sua própria definição de literatura. Seu trabalho é uma ode a essa atividade que, como ele disse: «Ser poeta ou escritor não é uma profissão, mas uma vocação».
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.