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j re crivello: harry el Sucio -02

—Sin cambios la vida se estanca y ya no esperas nada —Harry el sucio.

Esta frase del inspector Harry Callahan que encarna la película citada, nos recuerda las decisiones personales que nos afectan. A veces los mortales asumimos que la vida debe estancarse, debe detenerse como si no mereciéramos continuar y nos abandonamos a un valle escondido y siniestro. No entraré en detalles si es una depresión, una rara enfermedad etc. Intento explicar ese momento en que decidimos detener nuestro crecimiento para sumergirnos en meandros, giros donde no hay explicación.

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Cuatro memorias en la obra de Jorge Luis Borges by Aldana Muñoz

Su obra resulta ser, en gran medida, una denuncia y a la vez un alegato. Denuncia el poder secuestrador de la memoria imperante de otras generaciones que suelen alienar a los individuos en una historia de otros que no les conciernen, y los retienen fatalmente en un laberinto clausurado al cambio. Por otro lado, su obra constituye un alegato en defensa de una memoria liberadora tanto para el sujeto como así también para los pueblos. Para T.S. Eliot, la memoria opera como una clave para ingresar con esperanza en un renovado acto de liberación, mientras que en la obra del autor de El Aleph la mayoría de sus personajes permanecen inexorablemente abrumados y con desesperanza, bajo el peso agobiante del poder de una memoria excesiva e impuesta. Esta es la utilidad de la memoria, para la liberación. No disminución del amor, sino expansión del amor. Más allá del deseo, y así liberación del futuro. Tanto como del pasado. Entre los pliegues de la “cambiante forma de la memoria que está hecha de olvido” (Borges, 1983) distingo cuatro memorias: la del rencor, del pavor, del dolor, y la memoria del esplendor.

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j re crivello: Harry El Sucio -03

—Anda, alégrame el día —La mirada de Harry el Sucio con su pistola, le dice al asesino donde están sus límites

Pues hablamos de límites si les parece. A veces escapamos de ellos, como si los nuevos territorios nos brindaran una seguridad que lo conocido no nos seduce. Cuando tenía 19 años me subí a un barco y me bajé en Barcelona. Mi familia hizo hasta una misa y fiesta. El hijo rebelde se marchaba hacia algún sitio impreciso, pues la Barcelona de antes del 92 no la conocía nadie.

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