Viajes

Artículos: Barcelona secreta El fantasma de Markus by j re crivello La Memorias de las ruinas —01 / Buenos Aires: La influencia de Gaudi by Esteban Ierardo

Barcelona secreta. El fantasma de Markus by j re crivello

Estoy enfrente de su casa, su cantidad de rejas impide verle. Le reguardan ante la hostilidad de los transeúntes. Llevo una llave en mi bolsillo, me la ha conseguido un político socialista del Ayuntamiento de Barcelona quien me advirtió: “hace 5 años que no entramos”. Por el lateral esta la puerta de acceso. Dicen que el fantasma vaga sin cesar aproximadamente desde el año 1447. Me sorprende que esta alma sin paz, al cual, le llamaremos a partir de ahora Gran Visir, este malhumorada y deshecha de tanto cantar y bailar. No poseo más datos y, solo mi atrevimiento me dejará en paz. Al entrar no hay pasillo, solo una gran planta similar a una iglesia antigua, luego una escalera. ¿Estará en la primera planta? ¿Su espíritu voluble y burlón se acercara a mí? O, debo llamarle con suavidad: ¡Gra-an Vi-siir! No sé. Algunos temen, pero mi amigo es uno de los primeros gitanos llegados a Barcelona (1) Ante lo cual me atrevo a pensar que su corazón flamenco es parte de la historia de este país, de su espíritu barroco y alegre, donde la variedad de sus gentes, las comidas y sus pactos tribales para formar un reino se superponen a multitud de rencillas.

Gra-aan Vi-siir! Debo insistir, ayer antes de venir, consulte con un fantasmologo, no sé si esta profesión es así, pero me costó la visita, 100 Euros y puestos en una mesa redonda y con una vela conecto con mi genio y convino con él una cita, también me previno que este gitano que vive en el corazón de Barcelona no aguantaría más de media hora de charla, luego su furia –podría aplacarla, me recomendó- con cola, por ello he traído conmigo, dos latas de coca Cola estaban en mi mano, frías, y un poco de hielo en un vaso. ¡Si es, que venía preparado!

– Gra-aan Vi-siir!

–Estoy aquí. Una voz recia, llena de humor irónico me hizo darme vuelta. Una nube alargada del que podía ver una cara viva y rolliza, me dio ganas de decir: ¿se come bien en tu estado? Pero me contuve. La fumarola se veía bien, nada que ver con los estúpidos programas de la Dimensión Desconocida que ponían en la tele. Le pregunte.

– ¿Tú me ves? Que cosa más estúpida se me ocurrió y rectifique: ¿Por qué… te quedaste aquí desde aquel año?

–Barcelona es mi casa y me pertenece. La cuido. La persigo cada noche desde aquella torrecilla que tiene esta iglesia reconvertida y no soy el único en esta comunidad.

–Ayer cuando mi amigo conecto contigo… –dije

–Ese es un charlatán –me corrigió. El contacto entre nosotros, es desde hace 30 años cuando pasaste dos veces frente a esta casa y miraste en mi puerta. Su respuesta me llevo a esa época vil y despreocupada, y recordé esta casa y hasta uno de aquellos días, era de noche, hacia frio, y las nubes bajas impedían que la luna regase esta parte de la calle

–Eso es –dijo el, como si pudiera leer dentro. Luego ya más confiado le acerque una lata de cola y abrí la otra para mí. El hielo quedo a un lado. Al beber su estómago, o lo que fuera emitía un ruido al estilo catarata del Niágara. Movió los ojos con picardía y pregunto:

– ¿Qué quieres?

–A decir verdad –respondí- nada, solo verte

–Y luego crear un circo sobre esto

–Solo explicar que eres el fantasma más famoso de la ciudad

–Y llenar mi portal ¡de estúpidos japoneses con flashes a toda hora!

–Si –respondí y reí un largo rato

– ¿Y yo que gano? No se me ocurría nada que ofrecerle, si hasta era despiadado y pueril meter en una guía a un tipo que vivía tranquilo en esta casa/iglesia. Preferí preguntar:

–En tu estado ¿tenéis sexo?

–Sexo e imaginación –y, esta vez él rio de buena gana.

– ¿Y si no te ofrezco nada? – pregunte. Él se agito y pudo asomarse a la ventana y regresar.

– Déjamelo pensar –respondió y agrego: los japos son gente odiosa, los observo pasear aquí cerca en el Museo Picasso, le echan fotos hasta a las cagadas de los perros.

–Si –dije- y me despedí.


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By Esteban Ierardo (Publicado en Perfil)

¿Qué huellas encontramos en la ciudad del magnífico artista catalán?

En Nueva York pudo haberse levantado un especial hotel rascacielos de 360 metros de altura. El Hotel Atraccion diseñado por Antonio Gaudí (1852-1926), el gran arquitecto, nacido en Reus, en Tarragona, Cataluña. La construcción, nunca realizada, habría exhibido una forma paraboloide, con un cuerpo central más alto que los laterales, flanqueado por ocho cuerpos con galerías de arte, museos y auditorios, y rematado por una estrella.  

En la ciudad de la Estatua de la Libertad también, las calles 13 y 14 llevan a las pasarelas de acceso a un patio de recreo, de diez hectáreas con un especial diseño arquitectónico del británico Thomas Heatherwick, que semeja una alfombra voladora, propia de la imaginación oriental, que se “despliega” en Little Island, sobre el Río Hudson, lugar antes con una frenética actividad portuaria. Pero su signo distintivo son las 132 “tulipas” que rematan las columnas que reciben todo el peso de la plataforma-alfombra cubierta por cientos de árboles, arbustos, plantas y césped. Al contemplar esas columnas rápido se comprende que están inspiradas en el arte de Gaudí.  

Y en la ciudad de Buenos Aires, también podemos descubrir otras huellas del inefable artista catalán.  

El edificio de la cúpula  

Cada vez que pasamos por la esquina de Ayacucho y Rivadavia, siempre nos sorprende el edificio coronado por una cúpula que, en un día diáfano, resplandece como un vivaz ojo hipnótico; y todo esto muy cerca de otras cúpulas, más prominentes que bellas, como la del Congreso Nacional, y la del Santuario Nacional de Santa Rosa de Lima, en la avenida Belgrano y Pasco.  

Desde el suelo hasta su altura de 40 metros, en el edificio de Rivadavia 2009, se suceden una planta baja (hoy una concesionaria de autos), un entrepiso, luego cuatro pisos con departamentos; y una terraza de 350 metros cuadrados y ornamentaciones que replican la gaudiniana Casa Battló, en Barcelona.  

En lo alto, se emplaza la cúpula de forma de cebolla, facetada por 952 piezas de vidrio espejado resplandeciente, magnético, y rematada por una veleta de hierro. Desde Rivadavia, o desde Ayacucho también, se divisan réplicas de la puerta del Dragón del Parque Güell de Gaudí en Barcelona, y también las chimeneas con las figuras de guerreros medievales como las que abundan en la fachada de la Sagrada Familia gaudiniana, o en la terraza de la Casa Milà, también conocida como La pedrera (“cantera” en catalán).  

Dentro de la cúpula, un acto de magia astronómica, astrológica, celeste: un telescopio para ligar ojos terrenales con la luz de las estrellas en las noches, o con el fulgor plateado de la Luna y otros cuerpos siderales.  

El creador de la rareza fue el ingeniero civil Eduardo Rodríguez Ortega (1871-1938). Admirador de Gaudí, decidió entonces homenajearlo con una obra representativa de su arte. En 1907, se inauguró el edificio. El deterioro de décadas sin conservación, condujeron a un necesario trabajo de restauración en 1999, por el arquitecto Fernando Lorenzi. Se restauró el revoque de piedra parís original, y se incorporó un elemento simbólico que reafirmó la raigambre gaudiniana del edificio: el escudo de Cataluña y una frase en catalán: “No hi ha somnis impossibles” (No hay sueños imposibles).  

Rodríguez Ortega gustaba de las matemáticas, de la mentalidad científica y de los grandes desafíos constructivos. La ingeniería civil era el camino adecuado para unir esas predilecciones. Pero era una carrera que aún no existía en Argentina. Por eso marchó a Europa para cursar estudios en La escuela para Nobles de Berlín. Se graduó con medalla de honor, y recibió su diploma de manos del mismísimo káiser Guillermo II de Alemania.   

El nuevo ingeniero era de origen español. Eso quizá en parte influyó en su admiración por el modernismo de Gaudí. Al emprender la obra, Rodríguez Ortega, conocedor de las novedades más avanzadas de su tiempo, recurrió a una técnica innovadora: el ferrocemento, precedente del hormigón armado. Esto derivó en controversia. El desconocimiento de la técnica en el medio local hizo creer que la construcción colapsaría. Algunos de sus colegas lo denunciaron. Pero en su defensa Rodríguez Ortega fue tan convincente que la novedad fue aprobada, e incluso, después, se difundió con rapidez.   

Durante casi un siglo, el edificio permaneció desatendido. En el momento de su restauración, la terraza era un virtual vertedero al aire libre colmada de escombros, heladeras y bañeras en desuso. Y allí estaban también las réplicas de hierro a escala del Dragón Ladón de las Hespérides de la finca Güell, y unos bancos en trencadís rojo que recuerdan al famoso Park en Barcelona. El trencadís es la ornamentación a través de fragmentos cerámicos, azulejo principalmente, y pegados en argamasa, propios de la arquitectura modernista catalana.​ 

Y el dragón pertenece originalmente a la reja de entrada de la finca Güell, un diseño forjado en hierro que hace visibles pasajes del poema “L’Atlàntida”, de Jacint Verdaguer; y que se inspira en el momento mitológico de uno de los trabajos de Hércules cuando el héroe griego arrebató las manzanas de oro del árbol que crecía en el Jardín de las Hespéridas, custodiado por el dragón Ladón. Ladón fue vencido, y como castigo se lo convirtió en una constelación.  

Y de hecho la forma del animal imita la distribución de constelaciones del cielo boreal: la cabeza equivale a la constelación del Dragón, la pata a la de Hércules, y la cola corresponde a la Osa Menor.  

Así, inadvertidamente, no solo por la cúpula y su telescopio, sino también por la forma del tenso dragón de boca abierta y cola enroscada, el edificio en Buenos Aires se corresponde con una trama celeste.  

Más allá de Cataluña  

Si la presencia de Gaudí se extendió hasta la Argentina es porque primero se propagó más allá de Cataluña. Ejemplos: en Colmillas, un pueblo cántabro en el norte de España, se levanta El capricho (1885) inspirado en el arte oriental; en León, el Palacio Episcopal de Astorga (1915), diseñado a distancia sin la presencia del arquitecto en el lugar; la Casa de los Botines (1894), o la Casa Fernández y Andrés, también en León, hoy sede de la Caja España; y la reforma, en 1902, del interior de la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca.   

Obras fuera del territorio catalán, junto a los otros grandes momentos de la arquitectura gaudiniana en Barcelona como la Casa Milá (1910), ya mencionada. Y, claro, el Parque Güell (1914), llamado así por Eusebio Güell, gran mecenas de Gaudí: y la belleza sólida, solemne y conmovedora de la Sagrada Familia, iniciada en 1883 y todavía en construcción.  

En sus comienzos, Gaudí recibió la influencia oriental de la India, Persia (de ahí sus dorados y plateados), Japón; y también Egipto, o la arquitectura islámica española, como el art nazarí y mudéjar. Luego absorbió el neogótico por la intermediación del restaurador Viollet le Duc; una corriente a la que, no obstante, vio como defectuosa, siempre dependiente del compás y el apuntalamiento de los contrafuertes, una arquitectura con muletas, que mejor reluce cuando está inacabada o en ruinas. Sin embargo, esto se relaciona también con su famoso modernismo, y su estética que recrimina laos productos en serie, iguales, estandarizados, de la Revolución Industrial; por eso su valoración de lo ornamental y lo artesanal en la línea de William Morris; y los nuevos materiales; y también una vuelta a las raíces culturales catalanas.  

Pero al final, Gaudí confluye en un estilo personal de vanguardia fuertemente inspirado en la naturaleza, por paisajes como la montaña de Montserrat, las cuevas de Mallorca y otros lugares; e inspirado también en formas geométricas paraboloides, hiperbólicas, helicoidales, espirales; o la curva cuaternaria generada por una cuerda o un cable sin rigidez. También juncos, cañas, huesos, troncos de árboles lo inspiraron. De ahí lo dinámico de sus formas, la impresión de una vida orgánica que irradia sus creaciones.    

Y la naturaleza también está presente en la segunda casa en Buenos Aires que se inspiró en el naturalismo de Gaudí, pródiga en lo curvilíneo y formas orgánicas: la Casa de los Lirios.  

Una casa vegetal  

Eduardo Rodríguez Ortega acometió su segunda obra gaudiniana, la llamada Casa de los Lirios, en Rivadavia 2027, inaugurado en 1905, y declarado Monumento histórico nacional con un nivel integral de protección.  

El anti-academicismo del art nouveau estaba en auge, y evidenciaba sus puntos de coincidencia con el estilo personalísimo de Gaudí: apropiación con fines decorativos de la naturaleza, plena de líneas curvas y sinuosas formas vegetales.  

El patrón botánico predominante en la creación de Rodríguez Ortega es el lirio. Lirios tapizan en una ondulación ascendente toda la fachada; se propagan como un ser viviente, fluido, con el poder de fijar y sostener balcones, y de confundirse con el hierro de rejas también dinámicas, curvas, florales, vivientes. Lirios en expansión desde el suelo, convertido en una suerte de lugar-raíz, hasta llegar a la baranda superior que cobra la fisonomía de un hombre barbado de yeso y cabellos extendidos; un posible Eolo, dios del viento griego, que sopla para vivificar lo que, en definitiva, es un edificio de vivienda, con planta baja (hoy con una confitería y una dietética), y tres pisos, y una puerta principal que conduce al vestíbulo, escalera, ascensor.  

La ornamentación botánica con tallos, troncos y flores, compone la nervadura que hace circular, imaginariamente, savia y agua por ventanas y balcones. Lo fluido y vivaz es lo que destila también las figuras curvilíneas de la puerta que delatan una calidad de elaboración de los materiales, hoy, perdida.  

Existen muchas casas con cubiertas vegetales, capas agregadas de plantas y hojas sobre las duras superficies. El brillante arquitecto argentino Emilio Ambasz, por ejemplo, creador de una extraordinaria Casa de Recreación espiritual en Sevilla, concibió un edificio cubierto con un amplio y ondulante techo jardín en Fukuoka, Japón. Pero aquí, lo vegetal es nuevamente algo que se superpone, no lo que está integrado a la estructura edilicia misma. Diferente entonces a los lirios que simulan ser, no un añadido, sino el espíritu mismo del edificio. La casa de los Lirios entonces, gran singularidad de la ciudad a orillas del más ancho río.  

Lo excepcional, no percibido  

El sello de Gaudí no se extiende solo a Buenos Aires, New York, o distintos lugares de España, más allá de Cataluña. En 1922, cuatro años antes de su muerte, le envió una carta al sacerdote chileno, el franciscano Angélico Aranda. En la misiva había un regalo: un proyecto de capilla de su autoría para ser erigido en Rancagua, a 100 kilómetros al sur de Santiago. El diseño de Gaudí pensado específicamente para un sitio de Latinoamérica espera todavía su realización.  

Pero, aunque no fueran proyectos originales de su mano, en Buenos Aires, dos obras revestidas con la imaginación del artista catalán reposan cerca del Río de la Plata.  

En el universo de Gaudí se funden naturaleza y arquitectura. Por su proyecto artístico las formas orgánicas naturales se inyectan en el cuerpo de los edificios. Entonces, en el teatro de su arte arquitectónico se escenifica lo que parece vivo y en movimiento, lo que se resiste a la impresión de la materia puramente quieta, estática. La Casa de los Lirios expresa entonces la ciudad reconciliada con el reino vegetal. Ciudad-vegetal, ciudad-lirio, por uno de sus edificios más excepcionales. Por Gaudí, traducido por Rodríguez Peña, lo urbano rompe los patrones estandarizados, inexpresivos. Una medicina de la arquitectura como lo quería el inconformista artista austríaco Hundertwasser.  

Y en Rivadavia y Ayacucho, la otra huella del catalán, la edificación se convierte en corona-faro, luz-vidrio, ojo de telescopio; la no percibida escenificación, entonces, de la ciudad suelo, planta, tierra, y la ciudad cielo, estrella, en los dos edificios en Avenida Rivadavia, entre Ayacucho y Rincón. La profundidad imaginativa de Gaudí que aparece entre la ciudad más complacida con las paredes planas, el hierro, el cristal, y los edificios jaula.     


Bio: Esteban Ierardo es filósofo, docente, escritor, su último libro La sociedad de la excitación. Del hiperconsumo al arte y la serenidad, Ediciones Continente; creador de canal cultural “Esteban Ierardo Linceo YouTube”.  

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La memoria de las ruinas. Por Mercedes G. Rojo y Olga Orallo

Pasado y presente unidos en imagen y palabra.

Serie: Viajes. La memoria de las ruinas

Con el comienzo de este nuevo año que, sinceramente, espero que sea mejor que el que acabamos de dejar atrás, comienzo una serie de artículos que tienen que ver con viajes, pero no viajes cualquiera, sino viajes a esos lugares que están ya sin ser y que tal vez muy pronto dejen definitivamente de estar más allá de la huella dejada en la memoria de quienes los hallan visitado y en las fotografías que de los mismos hayan realizado personas como Olga Orallo, fotógrafa en torno a cuyos reportajes va a girar esta sección que llegará a vosotros/ustedes, público lector, cada primer sábado de mes, aunque este primero que lo inicia llegue a deshora. «La memoria de las ruinas», que así hemos querido titular este espacio, es una propuesta doble, a caballo entre la imagen que pondrá Olga y los textos con los que yo iré completando y dando vida a cada uno de sus reportajes.

LA MEMORIA DE LAS RUINAS:

Cada fotografía cuenta una historia, a veces la historia tenemos que construirla nosotros, en otras nos llega un fragmento de la realidad (Olga Orallo)

El título escogido para esta sección define perfectamente el carácter del proyecto hacia el que Olga Orallo ha conseguido arrastrarme con su pasión, en un encuentro fruto de la casualidad en torno a diferentes y comunes intereses: la pasión por la fotografía en blanco y negro y una atracción especial por las ruinas que se desperdigan por doquier, y que también llena mis archivos fotográficos, a los que de vez en vez recurro como fuente de inspiración para algunas de mis historias. Esta atracción por las ruinas, que está hoy en día bastante extendida, no es nueva ni fruto de lo «fácil» que los actuales medios han puesto al servicio de una gran mayoría de personas. Ya en su momento esta atracción fue manifestada, por ejemplo, por viajeros y artistas del Romanticismo inglés, que fue extendiéndose por otros países hasta crear una corriente artística que dio lugar a libros de viajes, grabados, pinturas, fotografías posteriormente, …, surgidos en torno a ese vínculo emocional que las ruinas producen en muchas de las personas que bien las encuentran bien las buscan y, a su vez, dejándonos, en no pocas ocasiones, verdaderas joyas artísticas que han servido de inspiración para otras personas, como estos versos surgidos de mi inspiración en torno a una de las imágenes de las ruinas de Sintra, captadas por otra fotógrafa amiga que, a su vez, ilustró una exposición surgida en torno a textos propios de mi primer poemario Días Impares. El diálogo se convirtió en un feed-back creativo que concluyó con este nuevo poema, ilustrativo -creo yo- de lo que unas ruinas pueden inspirarnos en un momento dado:

CON EL TIEMPO

Con el tiempo 
sé que retornaré a aquel lugar
que tal vez un día soñaron por mí,
ajenos, 
mis sentidos. 

Encontraré paisajes antes no pisados
y arquitecturas no vividas
aunque pasearé por ellas
como si las recordase de otros tiempos. 
Escucharé entre sus muros
músicas y sonidos ahora inexistentes
y sentiré junto a mí
la presencia de otros cuerpos. 

Caminaré entre ruinas
por lugares que se han perdido 
en el tiempo y sus paisajes.
Y al deslizar mis pasos
		por sus rincones
sabré si alguna vez ya estuve en ellos
y si entre ruinas perseveró de algún modo
mi presencia, 
esperando a que volviera a recobrarla

…con el tiempo. 

              (Del poemario De este lado de la luz. MGR)

Y es que las ruinas nos hablan de lugares que fueron, que tuvieron su momento de utilidad y -tal vez- de esplendor, pero también nos hablan de las vidas que los llenaron dejando en ellos la huella de sus alegrías, de sus sufrimientos,…., sentimientos y emociones que tal vez trasciendan el tiempo y el espacio como en un hecho mágico que hace que para determinadas personas tengan estos lugares esa atracción tan especial, como si fueran capaces realmente de contarnos sus historias. Es la memoria de cada uno de esos lugares y de las vidas que por el mismo transitaron más allá del tiempo y las circunstancias. Pero hoy no voy a extenderme más en torno a esa «memoria» por rescatar, si es que la tienen, tal como en los versos anteriores se deja entrever. Con dichos versos, y antes de dar comienzo a los reportajes inspirados por las fotografías de Olga Orallo (para leer el primero tendrán que esperar ya al mes de febrero), permítanme dar paso a la presentación de quien será nuestra guía visual por esos lugares, cuyo recorrido hoy iniciamos con este avance.

Olga Orallo: la fotógrafa

1— Rincones abandonados en diversas poblaciones, bajo la mirada de Olga Orallo

Olga Orallo es una excelente fotógrafa leonesa, podríamos decir que aficionada por cuanto no se dedica de forma profesional a este arte, con la que me unen diferentes colaboraciones desde que por casualidad nos conocimos allá por 2018, con motivo de un homenaje a la escritora (tantas veces nominada al Nobel) Concha Espina. Aficionada como soy desde hace muchos años a la fotografía, aunque hace ya que no le dedico tiempo ni empeño, coincidimos en algunos aspectos que son los que nos han hecho concebir este trabajo conjunto: por un lado la fotografía en blanco y negro que Olga Orallo prefiere sobre el color; por otro esa especial atracción por las ruinas que se desperdigan por doquier y que a veces salen a su paso inesperadamente mientras que en otras ocasiones sale a su premeditada búsqueda.

He querido saber un poco más cuáles han sido los motivos que la han animado a escoger esta temática como uno de sus principales centros de interés, dentro de esa pasión más genérica por el paisaje en todas sus facetas, y aquí tienen sus respuestas:

Mercedes G. Rojo ¿Cómo y cuándo te surge esta pasión por fotografiar espacios en ruinas? 

OO: No podría concretarlo en un momento determinado, sí en el hecho de que un día vi un edificio en ruinas y me trajo buenas sensaciones; ahora salgo cada vez que puedo en busca de estos lugares. El amor por la fotografía y una cierta pasión por todo lo antiguo son los motivos que me han impulsado a descubrir, desde hace varios años, estos rincones con la peculiaridad que les da el hecho de estar olvidados y abandonados. 

MGR. ¿Qué es lo que encuentras en estos lugares que la diferencia de otros objetivos? 

OO: La grandeza de lo que fueron, las historias que transmiten,…;  sin duda es fascinante ver como la naturaleza se adueña de estos lugares, lugares que tienen una historia que sólo sus muros pueden contar, pero que, a su vez, guardan celosamente hasta el último instante de su existencia. Es maravilloso ver espacios abandonados que han quedado congelados en el tiempo.  Lo que a unos les parece un horror, a otros nos parece de una belleza absoluta; es solo cuestión de los ojos de quién mira.

MGR. ¿Qué le aportan estos espacios a tu fotografía? ¿Por qué consideras importante rescatar estos lugares para el ojo de quien puede conocerlos a través de tu fotografía?

OO: Sin duda estos lugares en ruinas son los que nos dan la posibilidad de dejar que la historia misma se nos manifieste, más allá de las palabras. A todos los edificios les llega el momento de perder su utilizad original. Algunos quedan abandonados, pero otros pueden gozar de una segunda oportunidad con funciones muy distintas a aquellas para las que fueron proyectados en su origen, como ha ocurrido en algún caso.  Como ejemplo,  el Complejo del Salto de Castro, en Zamora que ya tiene nuevo propietario, para darle otra segunda vida. Yo los fotografío porque alguno de estos edificios desaparecerá, y es bonito recogerlos en imágenes, por si el tiempo no llega a darles esa otra oportunidad; también para que permanezcan en la memoria de las personas que lo habitaron o, simplemente, para los que sentimos nostalgia por estos lugares.

MGR. ¿Cómo eliges los lugares que fotografiar y qué tratas de recoger a la hora de realizar tu reportaje? 
OO: Ahora en las redes sociales, encuentras un buen nicho de estos lugares, pero en mi caso a veces son meras casualidades. Cuando viajo, siempre me encuentro algo curioso, pero cuando salgo a propósito a la caza de estos edificios o lugares, antes de hacerlo me informo y visualizo con bastante precisión en Google Earth, porque no es la primera vez que llego al destino, y me encuentro con qué ese edificio está en obras, para la construcción de un próximo hotel rural, por ejemplo, como me sucedió hace poco en Galicia, en un lugar situado en Oza: “el inquietante sanatorio de Cesuras” 

Minas de Wolframio en el Bierzo (león)

2— Lugares que en su momento fueron ejemplos del desarrollo económico de diversas zonas

MGR. ¿Blanco y negro o color? ¿Qué aporta cada uno de ellos a la fotografía de este tipo de lugares?

OO: Para este tipo  de fotografía casi siempre utilizo el monocromo. Creo que al eliminar el color se centra más la atención del espectador  en otros elementos como la textura, la forma o el contraste; de todas formas los amantes del monocromo, de algún modo sabemos que la fotografía en blanco y negro tiene esa particularidad de capturar la esencia eliminando lo superfluo, de transmitir un mensaje, y de generar misterio, eso es lo que yo trato de hacer a la hora de capturar la imagen en estos lugares. Y en lo que se refiere al uso del color, también es verdad que  hay veces que el propio escenario me lo pide, y en el momento de la captura decido si roba atención, qué rol juega dentro de la imagen, como es de representativo o si me comunica algo a mayores; en otras palabras, si es fundamental para que la historia que cuento sea todo un éxito.  

MGR. A lo largo de los diferentes reportajes que has ido realizando en relación con esta temática ¿Cuál ha sido la mayor dificultad con la que te has encontrado? ¿no entraña un cierto peligro acceder a estos lugares?

OO: La verdad es que nunca me he encontrado con obstáculos difíciles que me hayan impedido cumplir con mi objetivo, si es cierto que cuando frecuentas estos lugares, te invade el silencio y la extraña sensación de verlo todo vacío, y te da bastante respeto. Cuando se practica este tipo de exploraciones es importante saber ante qué  estamos para diferenciar claramente si estamos realizando una acción que puede ser ilícita o no. En mi caso nunca accedo al interior de propiedades privadas; pero si  en alguna ocasión he querido acceder a interiores siempre busco solicitar el correspondiente permiso o autorización. Si te refieres al peligro que conlleva acceder a su interior por riesgo a sufrir un accidente, si percibo el peligro, no arriesgo. Lo habitual en mí es disparar desde el exterior.

MGR. ¿Qué tipo de precauciones sueles  tomar al respecto? 

OO: Nunca realizo la exploración en solitario y antes de acceder a un determinado lugar hacemos una revisión de la zona. Además, antes de visitar el lugar que me interesa fotografiar, como bien he mencionado ya, busco información y visualizó el lugar desde Google eart, y si no lo veo claro, siempre tengo un plan B.

Las ruinas no solo están presentes en territorio terrestre, también el espacio marítimo puede ser un lugar donde encontrarlas.

Y hasta aquí, la entrevista realizada a Olga Orallo. Con sus respuestas y sus fotografías, espero haberles despertado el suficiente interés como para animarles a viajar con nosotras, entre letras e imágenes, cada primer sábado de mes, y descubrir a través de nuestros reportajes la huella de las personas que un día transitaron por los lugares que hoy son solo ruinas y memoria. Les emplazamos para el próximo mes.

Próximo reportaje: El desconocido tesoro de las minas de wolframio (Sábado 4 de febrero)

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