Por las mañanas,
cuando desayunamos juntos,
entra la luz en mi casa.
Entra la luz en mi casa,
cuando llegas —los miércoles—
de pasear con tu amiga.
Radiante, habita la luz en mi casa,
mientras escribes en tu ordenador,
—el que tarda tanto en arrancar—.
Entra la luz,
cada vez que quieres saber
si le puse de comer a la gata, —en mi casa—.
Entraba, abrumadoramente,
cuando en aquella época color gris bancario,
tampoco dejamos de querernos.
Raudales de luz en mi casa porque
—incluso así— nos quisimos.
Cuando…
—yo sé que tú sabes que yo sé lo que digo—
así, también entra la luz en mi casa.
¡Cuánta luz hay en mi casa!
@Pedro Ruiz Hidalgo
@Imagen Pinterest
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