Estoy acabando de desayunar, son las 11 de la mañana. Sí, es así. Es una hora un tanto tardía para desayunar, pero me lo puedo permitir porque ‘estoy malita’. Llevo días, muchos, arrastrando un malestar profundo de bronquios y derivados. No es un asunto propio, parece que es un tema que tiene en situación compleja de salud a media España, o a medio mundo. Que si variante de gripe, que si variante de covid, que si variante de catarro…; ya no sabemos en qué variante nos encontramos ni qué nueva vacuna viene bien a la nueva variante. Pero sin vacunas, y con vacunas, este nuevo cóctel de virus ataca sin piedad y es persistente en sus manifestaciones. “En definitiva”, como diría cualquier político que se precie; “concretando”, digo yo, llevo muchos días ‘hecha polvo’ y por eso desayuno a las 11 de la mañana. Estoy aburrida y cansada de encontrarme mal. Hago el esfuerzo. Cada día hago el esfuerzo de dejar la cama, aunque sea por unas horas, creo que es saludable hacer ese esfuerzo.
Bien. El martes pasado estaba acabando de desayunar a las 11h. de la mañana, cuando a través de la puerta de cristal que da al huerto (entiéndase por huerto la zona de árboles frutales que bordea una parte de la casa) me llama la atención un gran erizo que viene caminando desde lejos mientras va rebuscando en la tierra con el hocico. Qué raro me parece, un erizo buscando comida a media mañana. Me sorprendió y no dejé de observarle. El erizo avanzaba tranquilamente mientras rebuscaba. Mishi, el gato, naturalmente le detecta y se acerca con cautela, se acerca por detrás hasta casi tocarle, pero el erizo ni se inmuta, sigue a lo suyo, avanzando y comisqueando. Mishi se aburre y le deja tranquilo. El erizo, una vez que llega hasta la puerta de la cocina, desvía su ruta hacia la pradera; por el camino se encuentra restos de un ratón que el gato ha abandonado y se para a comérselo con gran deleite. Después sigue a pasito ligero hacia espacios más amplios. Le sigo, me acerco a él y ni se inmuta, el erizo sigue a su rollo hasta que se pierde entre la vegetación.
Me tiene asombrada. Es algo insólito este comportamiento porque los erizos suelen salir en la oscuridad de la noche. En esta casa tienen cogido el truco de encontrar comida fácil y aparecen después de que Baloo, el mastín, haya acabado de comer. Es entonces cuando aparecen ellos, varios, la familia entera, a comer los restos. Baloo lo sabe, como lo sabía Lea y todos los perros que han vivido aquí, y siempre dejan restos para los erizos; es más, les encanta ver como aparecen los erizos y comen de su plato. Es una escena de amistad y camaradería. Pero, sin embargo, estos erizos no se fían mucho de los humanos y aunque ‘les consiento’ (con significado mejicano de cuidar) siempre huyen a la carrera en cuanto me acerco. Y, parece mentira las velocidades que cogen con esas patitas tan cortas que tienen, corren como el rayo a esconderse y en un ‘pis pas’ desaparecen. Por todo esto, el erizo del martes me tenía muy sorprendida, ni se asustaba, ni se escondía, ni se inmutaba a pleno día.
Ya que me encontraba en danza decidí dar de desayunar a Farinelli, mi caballo (castrado), y entonces descubro que por la pradera del caballo corre el agua del río como si fuera el amazonas. El río Tuerto se había desbordado y corría a gran velocidad por las fincas como si fuese su cauce habitual, algo insólito. Esto no tiene otra explicación más que la de que han abierto a tope las compuertas del pantano de Villameca. Me informo y, efectivamente, han abierto de golpe las compuertas del pantano dejando salir tal volumen de agua de pronto que el caudal, infinitamente mayor que lo que los cauces pueden admitir, inundó campos de cultivo y riveras. Las fincas del molino completamente inundadas, los árboles de la ribera parecían mástiles de barcos hundidos. Entonces entendí el porqué del comportamiento del pobre erizo aventurero. En realidad, estaba escapando de las inundaciones de sus campos. Iba a la deriva, desorientado, a mitad de la mañana. Y ¿qué pasaría con su familia? ¿se habría ahogado?
Llevo ya nueve días observando los drásticos cambios de la naturaleza tras los cristales, mientras que los cambios en la naturaleza de mi salud se dan en pequeñas dosis y no parece que lleven un avance muy positivo. “Un paso ‘pa’ lante y un paso ‘pa’ atrás”, como dice Celia Cruz en su salsa cubana; o “un paso adelante y dos pasos atrás” como escribió Lenin en 1904 cuando no parecía que su partido avanzara. Mi salud ahí va, danzando entre salsa y filosofía de supervivencia.
Y mientras yo estoy ensimismada con mi precaria salud el mundo sigue. El bla, bla, bla de los medios de comunicación repitiendo y repitiendo todos lo mismo con muy poca crítica y análisis de las distintas y complicadas situaciones, manipulaciones, intereses e invenciones de la realidad política y judicial. Un terrible, doloroso e inquietante caos nacional. Y un espantoso y amenazador caos internacional. Ya no sirven para nada las leyes, son papel mojado, sobre todo las internacionales, esas que los bravucones se las pasan por el forro sin que nada ni nadie se lo impida. Para estos tiranos el mundo es su tablero de juegos en siempre ganan porque ellos ponen las reglas, claro.
Qué bueno sería poder hacer como el erizo que cuando le inundan su terreno no tiene más que coger veredita y pasito a pasito cambiar a un entorno más saludable. En eso nos lleva ventaja.
O témpora o mores
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