narrativa

Caníbales: Volvemos en siete años by Lucas Corso

La semana pasada se pudo ver en el centro de Madrid un cartel que dio que hablar, aunque no se vayan a pensar que mucho porque la cosa tampoco da para tanto. Verán, es muy simple: aprovechando que estaba próximo el Día Mundial de la Televisión, el grupo Atresmedia quiso enviar un mensaje en forma de dardo a las plataformas de contenidos más importantes, véase Netflix, HBO, etc. ¿Por qué quiso enviarles ese mensaje? ¿Y por qué a ellas? Esperen, que a eso venía yo hoy.

Resulta que ya hace tiempo que las televisiones convencionales vienen perdiendo audiencia de una manera salvaje. Hay varias razones para ello. Los horarios y ritmos de vida son cada vez más dispares, lo cual provoca que no todos puedan ver lo mismo a una misma hora. Sumémosle a ello que la oferta televisiva se aleja cada vez más de lo que un espectro muy amplio de la audiencia quiere consumir. Además, en los últimos años hemos visto el nacimiento de diferentes plataformas con una oferta prácticamente infinita de contenidos de todo tipo: las mencionadas Netflix o HBO, entre otras, e incluso YouTube o Twitch. Si a usted le gusta el cine de Spielberg o Tarantino, por poner un ejemplo, tiene al alcance de la mano, además de sus películas, incontables documentales y reportajes hechos por amantes de su filmografía que les dan sopas con honda en contenido y edición a lo que pueda ofrecer hoy un canal de televisión al respecto. Ocurriría lo mismo si sus intereses están más centrados en, digamos, el puntillismo o la botánica; tiene a su disposición interminables horas de contenidos que puede ver cómo y cuando quiera. Y sin cortes. Hasta ahora, claro.

Los anuncios en plataformas como YouTube ya hace años que existen, pero hay formas de evitarlos. Sin embargo, no es algo que vaya a poder esquivarse tan fácilmente en las otras plataformas que ya he mencionado. Unas plataformas que, dicho sea de paso, siempre han sacado pecho por no tener anuncios interrumpiendo sus películas o series y que ahora parece que ya no será así. Y es por ello por lo que Atresmedia ha sorprendido a todos con ese cartel, grande como un bloque de pisos, en el que de manera sibilina pero clara da la bienvenida a la televisión de toda la vida a todas esas plataformas que miraban por encima del hombro a las más convencionales por no emitir anuncios. Y claro, todo quisqui llenándose la boca y las teclas con el zasca de turno. Pero, ¿ha sido así? ¿Ha sido ahora la televisión convencional la que le ha pasado la mano por la cara a las plataformas?

Habrán visto que siempre que un creador de contenido, o youtuber, como los llaman en la tele, hace algo que puede resultar transgresor, o molesto, o remotamente reprochable, aparecen durante una o dos semanas en todos los programas de televisión recibiendo la misma estopa que podría recibir un criminal cualquiera. Este es uno de los indicios del increíble resquemor que hay por parte de estas empresas audiovisuales, y no es para menos: una persona con un foco, un micrófono y dotes de edición puede crear un contenido desde su habitación que congregue a más audiencia que el programa de televisión más puntero y en el que se ha invertido más pasta. La televisión no ha sabido ver el cambio de paradigma hasta que se le ha echado encima, y lo que ha optado por hacer ha sido atacarlo. Se le ha intentado desprestigiar de mil maneras diferentes, con especial ahínco a sus profesionales, y cuando no ha podido hacerlo se le ha intentado emular pero encorsetado por las formas arcaicas propias del medio televisivo. Hoy se le ningunea como en una especie de pataleta de críos. Y con las plataformas de contenidos no ha sido muy diferente. Ataques y lloros mediante, el sangrado de televidentes se ha ido haciendo cada vez más evidente. De ahí ese sacar pecho con el cartel en cuestión, sintiéndose estupendos al señalar que ahora ya todos son más parecidos a pesar de no haberlo querido nunca. Pero, ¿es así realmente? En ninguna noticia publicada en prensa se ha podido leer nada más allá de titulares trufados de palabras como dardo, el consabido zasca o recado. Y es normal, la prensa en papel lleva años perdiendo su propia batalla contra las nuevas tecnologías, que también brindan nuevas maneras de informarse, la mayoría de las veces más inmediatas e independientes que las tradicionales. Por eso nadie ha apuntado que sí, que estas plataformas ahora tendrán anuncios, pero que las cadenas tradicionales hacen un uso abusivo de los mismos a pesar de estar ampliamente subvencionadas. Tampoco mencionan los porqués de ese constante trasvase de espectadores de un medio a otro, como por ejemplo la facilidad de poder escoger qué ver, cuándo y de qué manera. Eso por no hablar de la decadencia en la que han ido cayendo todas estas cadenas tanto en formas como en contenidos.

Atresmedia cerraba el texto del cartel de la discordia con un atrevido:

Si necesitáis algún consejo, podéis escribirnos a comollegara20millonesdepersonascadadia@atresmediatv.com. Y ahí está otro aspecto que les trae por la calle de la amargura: las mediciones de audiencia en plataformas de contenido o streaming es siempre exacta, (a veces incluso menor, pues en un mismo hogar suele haber más de una persona). Sin embargo, en un país de casi cincuenta millones de personas, la televisión tradicional tiene que echar cuentas de sus telespectadores a partir de los datos que arrojan 5.700 medidores instalados. La sospecha de inflar datos siempre les ha sobrevolado, pero con una competencia tan feroz como la de hoy en día, más que una sospecha es casi un hecho. Atremedia, Mediaset y similares están experimentando su propio Volvemos en 7 minutos, sólo que en su caso puede que se alargue mucho más tiempo del que puedan aguantar despiertos.

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