Éste era un joven bien considerado por toda la comunidad estudiantil y lo echaban de menos. JM y Karim se alejaron del grupo, deseaban reconocer el lugar y también a sí mismos poro a poro de la piel. Una grieta en la pared de rocas que protegía la playa los llevó a un lugar con mucha más vegetación y un arroyo de aguas cristalinas. Allí disfrutaron los dos de la tarde entre baño y baño, entre beso y beso.
Cuándo la luna creciente y las estrellas los iluminaban regresaron con los demás para indicarles aquel lugar tan especial. Allí pasarían la noche dejando una hoguera y las letras SOS grabadas en la arena por sí aparecían los equipos de rescate. Una furtiva sombra parecía no perderlos de vista aquella noche, una que acechaba y vigilaba desde la penumbra cada uno de sus movimientos, sobre todo los de las mujeres del grupo.
Por la mañana, al llegar a la playa descubrieron que no había ni el más mínimo rastro de la hoguera. Estaba claro que no estaban solos. Al atardecer, nadie los había localizado aún por lo que encendieron una nueva hoguera aún mayor. En la oscuridad de la noche se reunieron en torno al fuego. De pronto una oscura y siniestra sombra se recortó ante ellos ayudada por las llamas.¡ La conocían!
¿ Qué hacía allí Hassan Hasset de aquella manera? ¿ Cómo había llegado allí?. La respuesta a todas las preguntas se la dio el propio químico sin salir de la penumbra. Todo es cosa mía, todo, la sustancia la inventé en el laboratorio a raíz de una mezcla casual y la bomba también es cosa mía. Durante todo el tiempo hice que os ayudaba para evitar vuestras sospechas y así llevar a buen término mi plan, los picores que sufrí eran asumibles, un daño colateral y para qué más explicaciones. Ninguno de vosotros llegará a mañana con vida.
Tras éstas palabras, Hassan desapareció en la oscuridad dejando a todos con el miedo en el cuerpo, parecía que amenazaba en serio. Una especie de golpe sintieron tras las rocas. Al asomarse tras la grieta, lo que vieron les encogió el corazón. La silueta de Hassan colgaba agonizante de un árbol. A sus pies había un paracaídas y su mochila verde de la que nunca se separaba. Tic, tac, tic, tac,
escucharon mirándose a los ojos mientras sus cuerpos temblaban. Alí se decidió y la abrió. Tic , tac, tic, tac. Sólo restaban quince segundos en el temporizador.
Huyendo del peligro se lanzaron al mar. Tic, tac, tic, tac.. tres, dos, uno…se hizo el silencio, el
más largo de sus vidas. Nada, nada…todo continuaba en silencio. El sonido inconfundible de varios helicópteros se escuchó sobre sus cabezas que aún permanecían en el agua, alejadas de la playa.
Nunca nadie pudo descubrir los componentes de la sustancia, ni los motivos del sabotaje,¿ Quizás desamor?…
@Carlos Cubeiro
@Imagen Pinterest
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