La sociedad actual parece presentarse bajo una fachada casi idílica.
El hombre ha conquistado la gran mayoría de las ramas del saber. El conocimiento resulta abrumador, los nuevos descubrimientos se multiplican gracias a la financiación de las universidades y nos parece que todo se encuentra casi al alcance de nuestras manos. He ahí una de las grandes falacias de nuestro siglo.
Al igual que el personaje del Fausto de Goethe, el hombre posee un hambre insaciable de conocimientos, de intención y deseos que tienden hacia el futuro, pero, se debe puntualizar que, al hablar del «hombre», no se hace referencia al varón, sino al ente racional que incluye en su definición más primaria al varón y a la mujer. Ambos sexos se alimentan de las mismas esperanzas, y son parte fundamental de un pensamiento convergente que se alza en pos de la persecución de un progreso futuro en que las ciencias, las letras y las artes forman parte de un universo igualmente importante. Por esta razón, se hace preciso mencionar la posición de subversión que durante tantos años ha sufrido la mujer investigadora, aquella que ha quedado sumida en la más completa oscuridad.
Al tener en cuenta las cifras de académicos varones en el mundo, se podría llegar a pensar que las cifras de mujeres dentro de la educación superior son inferiores a la tasa de varones que acceden a este tipo de educación. Sin embargo, nada más lejos de la verdad. Mientras que el porcentaje de varones que acaban los estudios universitarios se encuentra en un 46%, el de las mujeres asciende a un 54%, lo que, en términos meramente numéricos, pone de relieve la mayor cantidad de mujeres que acaban la educación superior frente a varones. ¿Cómo puede ser entonces posible que exista un número mayor de catedráticos hombres que mujeres? Trabajemos con números de nuevo. En España actualmente solo un 21% de los catedráticos son mujeres, mientras que el porcentaje de las editoras o rectoras de universidades desciende hasta casi la mitad de este número. ¿Será que las mujeres se encuentran menos preparadas que los hombres o reniegan de puestos de mayor autoridad? Los recientes estudios niegan esta posibilidad. Más del 50% de las mujeres que terminan estudios de postgrado buscan un status de autoridad dentro del entramado laboral y académico. ¿Fracasarán luego en las admisiones a las instituciones de gran prestigio? ¿Será la sociedad responsable de un mayor número de aprobados académicos en mujeres una rémora de un pasado más tolerante respecto a las facultades de la mujer? Nada más alejado de la realidad.
La discriminación salarial por causas no explicadas en los mismos puestos de autoridad y prestigio entre varones y mujeres se sitúa en un 30% en algunas disciplinas, incluidas aquellas técnicas y de investigación. España, sin embargo, presenta una diferencia con el resto de otros países del mundo: los salarios de los profesores universitarios están mucho más fijados y constreñidos y, por ende, las mujeres comienzan a estar más valoradas en aquellos sectores en los que hace un par de décadas eran rechazadas o menospreciadas por su condición de género.
Otra de las grandes desventajas a las que se enfrentan las mujeres son las financiaciones a proyectos de investigación. Aunque en la actualidad, estas barreras están desapareciendo, todavía resulta mucho más frecuente la aprobación de proyectos llevados a cabo por varones que por mujeres. Solo un 20% de la financiación en proyectos de investigación de gran coste son puestos en marcha por mujeres. La gran desventaja en este tipo de proyectos suele ser la menor visibilidad otorgada a los proyectos llevados a cabo por mujeres, algo que se percibe también en las conferencias y seminarios en los que ellas participan.
Lo mismo sucede con la percepción de la competencia profesional, el último y quizá más importante de todos los factores anteriormente mencionados. Un experimento, conocido con el nombre «Efecto Jennifer y John», fue llevado a cabo por la universidad de Yale en 2012, demostrando que, ante el mismo currículo, el hombre suele parecer más competente que la mujer, demostrando como los prejuicios y estereotipos de hace décadas constituyen una rémora que sigue operando con la misma viabilidad que en el pasado.
No obstante, los esfuerzos de las mujeres y la conciencia que comienza a despertar en la sociedad sobre la necesidad de cambio dentro de la labor profesional y académica parece iluminar con un prospecto mejor a todas las mujeres de estas nuevas décadas.
Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en
Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.
Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.
Su primer poemario Tiempo en calma fue publicado con la editorial Mariposa Ediciones.
La sociedad actual parece presentarse bajo una fachada casi idílica.
El hombre ha conquistado la gran mayoría de las ramas del saber. El conocimiento resulta abrumador, los nuevos descubrimientos se multiplican gracias a la financiación de las universidades y nos parece que todo se encuentra casi al alcance de nuestras manos. He ahí una de las grandes falacias de nuestro siglo.
Al igual que el personaje del Fausto de Goethe, el hombre posee un hambre insaciable de conocimientos, de intención y deseos que tienden hacia el futuro, pero, se debe puntualizar que, al hablar del «hombre», no se hace referencia al varón, sino al ente racional que incluye en su definición más primaria al varón y a la mujer. Ambos sexos se alimentan de las mismas esperanzas, y son parte fundamental de un pensamiento convergente que se alza en pos de la persecución de un progreso futuro en que las ciencias, las letras y las artes forman parte de un universo igualmente importante. Por esta razón, se hace preciso mencionar la posición de subversión que durante tantos años ha sufrido la mujer investigadora, aquella que ha quedado sumida en la más completa oscuridad.
Al tener en cuenta las cifras de académicos varones en el mundo, se podría llegar a pensar que las cifras de mujeres dentro de la educación superior son inferiores a la tasa de varones que acceden a este tipo de educación. Sin embargo, nada más lejos de la verdad. Mientras que el porcentaje de varones que acaban los estudios universitarios se encuentra en un 46%, el de las mujeres asciende a un 54%, lo que, en términos meramente numéricos, pone de relieve la mayor cantidad de mujeres que acaban la educación superior frente a varones. ¿Cómo puede ser entonces posible que exista un número mayor de catedráticos hombres que mujeres? Trabajemos con números de nuevo. En España actualmente solo un 21% de los catedráticos son mujeres, mientras que el porcentaje de las editoras o rectoras de universidades desciende hasta casi la mitad de este número. ¿Será que las mujeres se encuentran menos preparadas que los hombres o reniegan de puestos de mayor autoridad? Los recientes estudios niegan esta posibilidad. Más del 50% de las mujeres que terminan estudios de postgrado buscan un status de autoridad dentro del entramado laboral y académico. ¿Fracasarán luego en las admisiones a las instituciones de gran prestigio? ¿Será la sociedad responsable de un mayor número de aprobados académicos en mujeres una rémora de un pasado más tolerante respecto a las facultades de la mujer? Nada más alejado de la realidad.
La discriminación salarial por causas no explicadas en los mismos puestos de autoridad y prestigio entre varones y mujeres se sitúa en un 30% en algunas disciplinas, incluidas aquellas técnicas y de investigación. España, sin embargo, presenta una diferencia con el resto de otros países del mundo: los salarios de los profesores universitarios están mucho más fijados y constreñidos y, por ende, las mujeres comienzan a estar más valoradas en aquellos sectores en los que hace un par de décadas eran rechazadas o menospreciadas por su condición de género.
Otra de las grandes desventajas a las que se enfrentan las mujeres son las financiaciones a proyectos de investigación. Aunque en la actualidad, estas barreras están desapareciendo, todavía resulta mucho más frecuente la aprobación de proyectos llevados a cabo por varones que por mujeres. Solo un 20% de la financiación en proyectos de investigación de gran coste son puestos en marcha por mujeres. La gran desventaja en este tipo de proyectos suele ser la menor visibilidad otorgada a los proyectos llevados a cabo por mujeres, algo que se percibe también en las conferencias y seminarios en los que ellas participan.
Lo mismo sucede con la percepción de la competencia profesional, el último y quizá más importante de todos los factores anteriormente mencionados. Un experimento, conocido con el nombre «Efecto Jennifer y John», fue llevado a cabo por la universidad de Yale en 2012, demostrando que, ante el mismo currículo, el hombre suele parecer más competente que la mujer, demostrando como los prejuicios y estereotipos de hace décadas constituyen una rémora que sigue operando con la misma viabilidad que en el pasado.
No obstante, los esfuerzos de las mujeres y la conciencia que comienza a despertar en la sociedad sobre la necesidad de cambio dentro de la labor profesional y académica parece iluminar con un prospecto mejor a todas las mujeres de estas nuevas décadas.
Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en
Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.
Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.
Su primer poemario Tiempo en calma fue publicado con la editorial Mariposa Ediciones.
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