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Ruth by Diana González

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Ruth, nerviosa, se miró al espejo por enésima vez en la última media hora.  Arreglo su rizo rebelde y rojo que insistía en caerse encima de su ojo izquierdo. Jan Paul vendría a buscarla en nada y se quejaría si aún no estaba lista. “Es muy importante para mí la visita a la casa del señor Tukker, es mi tutor y una eminencia en su campo. Y también es muy importante para mí que vengas conmigo. Además ya lo conoces y me conoces, que estés allí aliviará mi cortedad” —dijo sin inmutarse.

Se miró al espejo con detenimiento, la piel tersa y demasiado clara para su gusto, el cabello leonado y bermejo. Las pecas incontables que se desparramaban por su cara, los ojos entre glaucos y amarillos, según su estado de ánimo.

Se quitó la chaqueta y la arrojó sobre la cama con rabia. Maldijo la hora de haber hecho aquel curso hacía apenas un año. Como espantando un tábano se giró y fue hasta la pila de ropa en mitad de la cama, tomo un suéter azul con escote en uve, decidió que llevaría ese, era nuevo, hacía juego con el jean y el pañuelo y no destacaba demasiado su figura. Volvió a maldecirse.

Jan Paul pasó a menos cinco de la hora indicada, estaba nervioso también él. Aunque, sabía el destino, por motivos muy diferentes.

Llegar a la casa del profesor fue sencillo, Ruth conocía bien el camino. Bajar y tocar a la puerta también fue sencillo para Jan Paul. Ruth tenía una palidez acerada en su rostro y sus manos.

El profesor Tukker, un apuesto hombre de unos cuarenta y dos años los recibió cordial y amable. Les ofreció algo de tomar y que pasaran a la sala.  Cuando los invitó a sentarse en el sofá un resorte interno saltó disparado en Ruth que no dejaba de apretar sus inútiles carpetas contra su pecho.

“Para estar más cómodos pueden sentarse en el sofá”, se repitió a sí misma mientras miraba fijo y ocupó, seria, recelosa y discreta una silla al costado.

Después de la entrevista, lejos de la casa del señor Tukker, cuando Jan Paul le recriminara no haberlo ayudado, después de censurarse y considerarse una estúpida, Ruth volvió a dudar que aquel fuera el momento oportuno para hablar.

FlemingLAB Taller de Escritura “Actividad Describir un personaje”

 

 

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