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La Pastilla Mágica Aplicadas a Relaciones Con Mujeres by Claudio Nigro

dibujo pastilla magica

Este relato forma parte de la Actividad del taller de Escritura j re crivello de Barcelona referido a “escribir con humor”

Pasé muchos años luego de mi separación, y (que) cargan con ese dicho popular “cuando te quemas con leche, ves una vaca y lloras”; con esa limitación a flor de piel no conseguía afinar puntería con ninguna relación amorosa, nada me venía bien; cada relación que experimentaba era como ver el demonio (con abogado incluído).

Entonces como para entretenerme y no sentirme frustrado de tal situación (llámese no hacerme cargo), me dedique a realizar una agrupación por tipo o característica de relación o contacto que se presentaba (físico o virtual).

Para dejarlo un poco mas en claro, sucedió que me llovían recomendaciones y/o presiónes de mi entorno familiar&amigos, y terminé accediendo a inscribirme en esas famosas páginas de “sólos y solas”.

Allí contacté y conocí unas 80 mujeres de entre 40 y 55 años, de gustos y orientaciones religiosas varias: vegetarianas, veganas, hindúes, deportistas,  con o sin animalitos, viudas, separadas (o en vias “de”).

Por la dudas antes de describir esos grupos (y a fin de no herir suceptibilidades), remarco que nosotros, los hombres  , hacemos exactamente lo mismo; en el marco religiosos digo que Dios nos creo con el mismo molde, aunque algunos  varios  se han fabricado con el chip del  autoengaño o negación de la realidad, pero además y como decía mi querido sabio abuelo Vicente: “somos todos iguales pero unos vienen con monedero y otros con manijita”, al fin y al cabo así resulta ser la cosa.

Bien, volviendo al tema,  esto quedó más o menos así:
Tipo A:
Solteras, con o sin apuro aparente, son las que poseen elevado nivel de requerimientos, en orden: abultada billetera, título profesional, físico del tipo Cristiano Ronaldo, 3 idiomas mínimo y disponibilidad para viajar por el mundo y como si fuera poco todo esto, casa o departamento bien ubicado, obviamente un buen auto que no supere los 3 o 4 años de antigüedad.

Son extremadamente inestables y podés encontarte como algo parecido a una olla a presión (intente destapar una pero sin enfriar… bueno no lo intente mejor).
Tipo B
Separadas o en vías  de.., tenían los mismos requerimientos que las del Tipo A, pero  con tiempo compartido con sus anteriores parejas que jamás los dejaban de tener presente y dedicaban gran parte de sus conversaciones a ellos. Sacaban sus afilados cuchillos de entre sus ropas y lo descarnaban sin piedad.

Lo que nunca entendí, es porque lloran mientras los cortan en cubos (comenzando por sus genitales); digo yo, si lo estás destrozando aunque sea date el lujo de ¡disfrutarlo!

 

 

 

 

 

 

 

 

Tipo C

Divorciadas con antigüedad  entre 0 a 5 años;  no incluyo a las mayores a 5 años pues por alguna razón  desconocida, y apartir del sexto año,  se comportan exctamente igual a las del Tipo A

En este grupo ya entra a pesar aspectos de hijos, disputas con sus anteriores maridos celosos, invasivos, hijos con la misma problemática que los padres y tal vez más celosos que sus propios padres (o con específicos mandamientos de ellos).

No son tan pretensiosas, pero la carga de sus historia presente no deja desarrollar nada interesante.
Y como digo siempre, “pa’ quilombo” ya tengo los míos propios.

 

Tipo D ( y último grupo)

Viudas, este es un mundo muy particular dado que la mayoría ; excepto casos muy especiales que clasifican en Tipo A, acá va mi anecdota.

En terminos generales se parecen al Tipo C, son mas asentadas pero con un grave problema, el difunto siempre te esta rascando la espalda y hablándote al oído dándote directivas de cómo manejar a “su mujer”; ah! y ni se te ocurra ningun tipo de acercamiento sexual o parecido si “El” pues está presente, porque las viudas tiene conexión directa con el mas allá, se convierten en medium  con mucha faclidad y ahí esta el finado para poner orden.

Consideré que de todos estos casos, lo mas adecuado para mí sería una mujer pertenciente a este último grupo, tal vez por muchas razones; la mayoría por defectos psico-estructurales de mi propiedad  (lo entendí  mucho tiempo después), entre los aspectos mas salientes me consideraba un muerto, y es así como andaba por el mundo de los vivos, arrastrando penas y lágrimas.

Como les decía, estas mujeres se parecen al Tipo C y como tal está el tema hijos, y en adición el difunto que no está, ¡pero está!

Como si esto no fuera suficiente , mágicamente aparecen familiares y amigos del “susodicho”  a marcar territorio, que por la misma razón mágica habían desaparecido, ahora estaban presente trayendo fotos, recuerdos y comparaciones (muy incómodas por cierto), algo asi como los Reyes Magos de la Discordia.

Visitarla era  como jugar la final de un campeonato con todo el estadio en contra, faltaban que me silbaran o abuchearan cuando llegaba a su casa (estadio local).

Pero eso sí, todo era con una sonrisa y no faltaban abrazos con cuchillos, como previa a la ceremonia del medium y traerlo en cuerpo presente.

Pero entre mis virtudes (y defectos) esta la tozudez… cabeza dura pa’ caramba!, decidí entonces a pesar de tener todo en contra en contra, continuar con esta relación, tal vez porque mi autoestima estaba en el segundo sub suelo y entendía que no merecía otra cosa, además de cumplir con los consejos de mi hermana Vivian y un tal amigo Carlos (alias El Sin Patas titulo otorgado en el pueblo donde vivo).

 

 

 

 

 

 

 

Pero al poco andar y por las condiciones adversas mencionadas, apareció lo impensado, el amigo inseparable comenzó a fallar (a buen entendedor pocas palabras, cierto?), nunca me había pasado esto!, entonces no tuve mejor idea que recurrir a los consejeros espirituales o coaching amorosos personales, me recomendaron de todo, menos que deje esa tortuosa relación .

Así es que pasé por curanderos, que me diagnosticaron mal del difunto, era algo asi como un cinturon de castidad doble (para ella y para mí), nada mas que en mi caso aplicaba la llave de torsión genital impidiendo el paso de sangre y por ende el amigo entraba en desánimo.

No convecido de las predicciones extra terrenales, fuí a parar a un centro de estafa medicinal (eso es lo que son) y me diagnosticaron sindróme de estrés postraumatico de algo que no entendí, y en rigor de verdad no quise mayor explicación despues que me pasaran el precio del tratamiento; creo que era mas barato colocarse uno nuevo y que funcione que pagar ese tratamiento, y menos cuando me dijeron en que consistía el tratamiento, que de sólo escuchar se me estremecía hasta los intestinos y algo mas abajo también.

Así es que recurrí a la solución de potrero, aquella que cuando era chico te definía masculinidad o muerte, ahí llame a mi querida amiga sexual para defender el trono casi quemado, me la jugaba el todo por el todo.

Por suerte para mí y mi amigo, las cosa fue mas que bien. Debo confesar que repetí la experiencia como para no dejar dudas.

Un tiempo despues, volví a la carga ya sin las mil escusas que puse para no dejar en evidencia la imposibilidad de concreción.

Ese día estaba altivo como un torero esperando salir a la arena, preparado como nunca; y como para asegurar el tiro, bajo estricta recomendación de mi consejero El Sin Pata, llevé en mi bosillo la poderosa Pastilla Mágica ( la de color azul para que se entienda).

Con autoestima por las nubes y la poderosa azul como aram secreta, salimos a cenar.

Todo se desarrollaba según mi plan mental, en un momento me fui al toilette para tomar en tiempo y forma la pastilla mágica y así asegurar los efectos deseados.

Cuando estabamos por retirarnos y encaminarnos al momento más esperado, nos convidaron con una serie de vinos muy interesantes, ah no!…rechazar tal convite en la jerga del ámbito en que me desenvuelvo profesionalmente (vitivinícola) es un pecado bíblico, así que tomé mas de lo recomendado para el uso de la famosa pastilla (juro que nadie me lo había advertido).

Los efectos colaterales no se hicieron esperar, mis intestinos crujian como casa de madera en los sismos, sentía que me abrían el abdomen; en un momento y sin mediar palabra y balbuceando, alcance a decirle,  “dame un minuto ya regreso”, partí a paso acelerado al toilette, al que retorné reiteradas veces, con una brutal descompostura, abrazo al inodoro, con el Difunto como testigo, viendo como una y otra vez pedía por todos los santos el perdón divino; y mis intenciones pecaminosas con su mujer se iba por el mismo lugar que descargaba los efectos colaterales de aquella  mezcla letal.

Lo último que recuerdo fue como Ella se esfumaba del lugar (sin mirar atrás) junto a mis deseos e intenciones, y la sonrisa fantasmal de un marido que logro su objetivo.

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