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Naipes by Awilda Castillo

naipes

El tiempo es Perfecto,

Discreto , eterno…

No se atrasa, ni adelanta,

Ni corre porque lo persiguen,

Es el tiempo, es Perfecto

 

La lluvia cae sobre Barcelona, la vieja. Es Marzo, así que la lluvia no debería tener agenda de presencia en esta fecha, pero como todo lo que no se espera, llega. Azucena, se deja mojar y las frías gotas ocultan el llanto que desde hace tres cuadras atrás le acompañan. La calle Anzoátegui, a esa hora del día, 10:30 am generalmente tiene muchos transeúntes, sin embargo la lluvia fuerte ha hecho que más de uno deje para después su idea de salir.

Ella repite casi a modo de oración, las palabras de su abuelo, cuando sentada en sus piernas le arrullaba para dormir la siesta meciéndola en una vieja mecedora de su propiedad: “el tiempo es Perfecto, discreto, eterno… no se atrasa, ni adelanta, ni corre porque lo persiguen, es el tiempo, es Perfecto” y siempre también terminaba diciéndole: “tú mi niña eres una hija del tiempo, eres perfecta” que nadie te apresure ni agite, que nadie te detenga.

Ahora, esas palabras se volvían algo distantes, pero en medio de esta decepción era lo único que la mantenía en pie.

Las viejas casonas del casco histórico de la ciudad, simulaban duelo ante su paso. Silenciosas y mojadas, como haciendo endechas por el corazón tan lastimado de ella.

Mientras crecía, a la vez que el abuelo le repetía esas mismas palabras muchas veces, le mostraba también ese naipe, el “Siete de Corazones” y con el dibujo del reloj y el número, le repetía, que el tiempo era Perfecto, como ese número siete, como ella. Su abuelo, su “taita” como le decía de chiquita, le hizo sentir siempre muy especial. Ella que se había quedado prácticamente sola en la vida ante el abandono de su madre y la muerte temprana de su padre, tuvo en su abuelo el más firme pilar para su vida.

Había muerto hacía unos cinco años, contando en su haber con más de ochenta y cinco. En su lecho, de forma tranquila y con la certeza de haber cumplido su misión con ella, le tomó de las manos para darle un regalo. Ella a sus veinte años, le recibió ese mismo naipe que muchas veces le mostraba luego de repetirle sus palabras.

“Llévalo contigo, y cuando quieras recordar quien eres,  mira la perfección del siete y ten presente que tú eres como el tiempo… única y perfecta”.

Mientras su abuelo era fuerte y ella era una niña nunca entendió a ciencia cierta, porqué le insistia tanto con esas palabras, pero en la medida que fue creciendo y comprobando cómo se encontraba personas en el camino que querían hacerla sentir nadie por la ausencia de sus padres o que querían herirla por envidia ante sus propios dones; esas palabras dadas por su abuelo cada vez más tuvieron sentido.

Pero esta vez era distinto, porque además era algo nuevo. Con el corazón roto y un desprecio hecho por quien consideraba su alma gemela, decirse así misma que era perfecta y única le sonaba ridículo, pero lo hizo y la caída de las gotas sobre su cabeza, terminaron siendo como un susurro que recordaba la voz de su abuelo y el amor de Ely, una vez más se hizo presente.

Así que luego de horas de llanto y de secar tanto las lágrimas como la lluvia de su cuerpo; decidió realmente ser como el tiempo, dejando pasar a quien no quisiera quedarse, sintiéndose más allá de la desolación que pudiera generarle, quien no había valorado realmente quien era.

Los días transcurrieron y una especie de primavera llenó las calles de Barcelona, esas que ella recorría en su bici para ir a dar sus clases de inglés a los niños de un colegio en el centro. Con cada flor que se abría ante  sus ojos, pudo entender que el tiempo hacía que pudieran florecer y marchitarse, entendiendo que todo pasaba y tenía un ciclo, pero el tiempo era Perfecto.

 

Así va hoy,  más  vestida de tiempo,

con pasos que a veces se despegan del suelo,

con la mirada que borra el dolor de todo aquello;

sintiéndose única y perfecta, como decía su abuelo.

El naipe, aunque gastado siempre cerca de su pecho.

1 respuesta »

  1. Qué cuento bonito, Awilda. Esa magia entre los hombres de nuestra familia y las niñas. Siempre somos perfectas para ellos y lo seremos. En cuanto a los hombres que pasan y se van, no se les puede creer nada, solo sus dichos fueron cuentos de camino. No te quepa duda, que eres perfecta. Yo lo creo porque mi papá me lo dijo.

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