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ELEGÍA A UN PADRE MUERTO by Mercedes González Rojo

Imagen tomada de Pinterest

Querido padre:

hoy he vuelto a caminar por los caminos de la Chana,

en la soledad que estos montes tan bien guardan,

por los espacios  que robaste al monte con tu esfuerzo

alimentándolos de sudor y de ilusiones.

Hoy ya no florecen los frutales

que murieron hace tiempo

a manos de las llamas

como si sobrevivir no hubieran querido

a quien alentó su crecimiento.

Hoy, las encinas y los robles

se apoderan de nuevo de esta tierra

que permanece aún  viva tras las cercas derruidas.

Paseo entre jaras y tomillos

y el viento me trae el eco de tu risa 

jugueteando alegre con el trino de los pájaros,

con el sonido metálico de grillos y cigarras.

Querido padre:

hace ya mucho tiempo que te fuiste

dejando tu alma 

                        y tu sabiduría de hombre sencillo 

prendida en cada rincón de estas lomas. 

Respiro tu espíritu en este pedazo de tierra

que hoy se vuelve salvaje de nuevo

y, aunque me entristece ver tu esfuerzo derrumbado,

agradezco la calma que aún se palpa en este espacio,

la alegría de la vida que brota una vez más

alrededor de cada muñón creado por el fuego.

Cuando hoy vuelvo a estos campos  

de la mano de tu nieta

juego a atrapar con ella la calma que me tejías cada tarde

entrelazando el sonido del cuco y de la alondra

con el aliento del viento y tus palabras, 

creando para mí todo un cosmos lleno de historias.

Cobraba entonces otra dimensión el mundo.

Se llenaba entonces  mi universo 

de castillos, de barcos, 

de princesas y dragones 

que habitaban en las nubes.

Y pájaros

             insectos

                         y otros mil seres diminutos

eran heraldos de un cosmos que sentía sólo nuestro.

Sólo con el tiempo me acostumbré 

a la soledad que dejaste en estos montes,

a esa ausencia que no pesa,

donde la naturaleza tiene su propio lenguaje

y es el ser humano

no más que  insignificante grano de arena.

Querido padre:

ahora, después de tantos años,

quiero agradecerte hoy mi herencia,

las nubes jugando a esconder el sol sobre el Teleno,

            el soplo de los vientos,

el cuco ocultándose entre robledos y encinares,

esa paz que se respira entre estos cerros  y

que cura las heridas de la vida,

la calma que te hace olvidar por un momento

el duro fragor de las batallas  

en la que se desenvuelve el día a día. 

Querido padre: 

te fuiste cuando aún me sentía una niña 

madurándome a golpe de responsabilidades

y de ausencias.

Mas hoy retorno a estas tierras          

abandonadas de tus manos 

y , una vez más, encuentro en ellas 

los mejores momentos de mi infancia

mientras me acaricia el viento y, con él, 

el eco de tu voz y tus palabras.

Este poema pertenece a uno de mis poemarios inéditos, el que inicialmente lleva por título  “Tu pie en mis zapatos”.

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