Diciembre en soledad por Jessica Sánchez

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El frío de diciembre cala hasta los huesos, pero es en las venas donde realmente se siente: un hielo que no viene del clima, sino de esa soledad que se instala entre las costillas, como si el alma se hiciera pequeña y temblorosa. Afuera, las luces de las casas parpadean, como si quisieran burlar la tristeza que a veces acompaña a las fiestas. Adentro, en el rincón más callado de mi corazón, sé que no es el frío lo que me estremece, sino la ausencia de amor.

No hablo del amor que se encuentra en canciones ni en promesas vacías, sino del amor que prende una vela en los días oscuros, que abraza sin palabras y te hace sentir que perteneces, aunque todo alrededor se desmorone. En su ausencia, diciembre se convierte en un desierto helado, donde el paso de los días deja huellas que nadie sigue.

Aun así, me abrazo a mí misma, como quien abraza una verdad a medias. Quizá, me digo, el amor no siempre llega con grandes gestos ni con redobles de tambor. Tal vez está en el simple acto de caminar bajo las estrellas, de respirar profundamente el aire frío y saber que, aunque el mundo parece vacío, el corazón sigue latiendo, terco, como un fuego pequeño que no se apaga. Tal vez amar comienza ahí, en ese calor mínimo que me pertenece solo a mí.

@Jessica Sánchez relato
@Imagen Pinterest


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