Rantayu
Hola, me llamo Gines y tengo doce años. Hoy por fin he terminado la Primaria, nada menos. La premisa fundamental para pasar un buen verano la he cumplido con creces, según yo. Podría haber sacado mejores notas, versión mi madre. En mi casa las normas son claras. Si no tienes todo aprobado no hay verano en el pueblo. Y para mí verano y pueblo son dos cosas que van juntas, por eso, y por el rollo de labrarme un futuro, chapo todo el año para que las calificaciones no interrumpan mis planes.
No quiero ir de campamento, a pesar de lo que mi madre insiste en que me vendría bien, yo quiero ir a casa de mis abuelos a pasar el verano. A comer lo que abu recoge de la huerta y a saborear los huevos de la gallinas que ella cuida todo el año. Cuando vamos el fin de semana nos da cosas, pero en la ciudad no saben como en su casa, allí pringo con el pan de hogaza los huevos de yemas naranja y me pongo como un quico. De las vacas que aún le quedan me pone la leche para el desayuno, pero sobre todo, me gusta las rebanadas que me prepara con su nata y cola cao por encima.
Todas las tardes la pandilla bajamos al río a darnos un baño. El agua es transparente y está un poco fría, pero a nosotros no nos importa. Muchos somos veraneantes, como Jimena que vive todo el año en Madrid, pero pasa también el verano en el pueblo, el paraíso, lo llama ella. En su casa las cosas no van bien, por eso su madre, que ahora está separada, la deja todo el tiempo con su abuela. A ella el plan le encanta. El verano pasado nos hicimos un poco novios, pero no paso nada. Llevamos todo el año mandándonos WhatsApps, y creo que este si va a pasar algo.
Del pueblo me gusta ir a mi bola, solo tengo que estar en casa a la hora de la comida, recoger la merienda antes de bajar al río, y después de la cena puedo salir a la plaza. En la ciudad, eso es impensable, «nos acechan muchos peligros» dice mi madre continuamente.
Ya nos hemos encontrado esta tarde en plaza, en nuestro lugar de reunión entorno al caño de agua, nos saludamos dándonos dos besos. Es un buen principio después de nueves meses sin vernos, pienso.
Aquí en tiempo no pasa, vuela, y este fin de semana mis padres vienen a buscarme para iniciar el nuevo curso en el insti. Jimena aún se queda unos días, ella empieza más tarde. Aún no ha pasado nada, y eso que varias noches la he acompañado a su casa, bueno, un día me dejó cogerla de la mano.
Este sábado es la última oportunidad de cumplir mi sueño y no lo veo fácil, pero insisto en ir hasta la casa de su abuela para despedirnos. Charlamos un rato y cuando voy a irme, coge mi cara entre sus manos y me besa en los labios. Sabe a nata y fresa, como el helado que comió a media tarde.
Voy a casa de mi abu sintiendo alas en los pies, paso y repaso la lengua por los labios para saborear una y otra vez a Jimena. El corazón parece que se quiere salir del pecho. Ahora somos novios del todo me ha dicho al despedirse, y yo ya sueño con la llegada de próximo verano para regresar al paraíso.
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