“He estado antes aquí,
Pero no sabría decir cuándo,
El aroma sano y penetrante,
El rumor acompasado, las luces de la costa.
Habías sido mía antes,
No puedo decir cuánto tiempo hace de ello;
Pero justo cuando te giraste
Para ver la golondrina. Un velo cayó y lo supe todo de los tiempos pasados.
(Dante Gabriel Rossetti, Lazos de Amor, Brian Weiss, pág. 95)
13, de junio de 1925
Llevamos tres días de viaje. La cubierta sufre una ventisca y es difícil salir. Estoy mareada y a veces deseo vomitar. Varios, después de una charla me han pedido que les explique su futuro. O tan solo les cure del mareo. Mis poderes nacidos hace años están revueltos e inexplicables. Yo también me pregunto: ¿Argentina será tan brillante como la explican?
Suelo despertarme en la noche. Sueño y luego regreso a mi aldea natal. ¿El destino será tan misterioso como se presenta?
Ayer a una persona pude leerle su futuro. Era esa imagen tan presente y espantosa que no pude decirle la verdad. Cuando uno viaja en un barco de emigrantes, parece ir rodeada de tan solo futuro.
Tan solo… de futuro.
Doménica
Nota: Doménica viaja en el buque Mafalda hacia Argentina en junio de 1925.
Nota 2:
El buque “Principessa Mafalda”, construido en 1908 en los astilleros de la Societá Esercizio Bacini, de Riva Trigoso (Italia), fue uno de los grandes buques de su tiempo y también de los más suntuosos y rápidos en la ruta Italia-Argentina. Era un majestuoso trasatlántico de dos chimeneas y 9.210 toneladas de registro bruto, perteneciente a la Compañía de Navigazione Generale Italiana y orgullo de la Marina Mercante de su país. Medía 148 metros de eslora y 17 metros de manga; desarrollaba una velocidad de 18 nudos y tenía capacidad para transportar 1.710 pasajeros, con una dotación de 290 tripulantes.
Estaba considerado uno de los mejores trasatlánticos y más confortables en la línea del Plata y cubría el itinerario entre Génova y Buenos Aires, con escalas en Barcelona, Rio de Janeiro y Montevideo. Era un vapor de gran lujo, con nombre principesco y justificaba ser uno de los más veloces de su tiempo, realizando el citado itinerario en sólo 14 días, todo un récord en aquella época, por lo cual, desde su aparición, se convirtió en el preferido de los artistas y familias acaudaladas sudamericanas que viajaban a Europa. De hecho, un año antes de esta última salida, Carlos Gardel y sus guitarristas viajaron a bordo de Buenos Aires a Barcelona.
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