Hacía días que no estaba en casa. Entré en el baño, miré hacia el suelo y allí estaba, un pelo caído en las baldosas de color blanco. Un pelo largo, rizado, color caoba, un pelo mío caído días atrás. Me agaché y lo recogí, jugué con él entre mis dedos, pensando que ese pelo estuvo ayer en mi cabeza, que ese pelo cayó al peinar mi melena hacía algunos días. Pensé en ayer, en ese ayer tan cercano que a veces parece ahora mismo. Cuando ese pelo aún formaba parte de mí y no reposaba perdido sobre aquellas baldosas, cuando tú aún estabas conmigo, cuando yo aún estaba contigo. Ayer, cuando estábamos juntos.
Y en este ahora, en esta dicotomía de haber estado contigo, de estar sin ti, sentí aquello estudiado hace años, vino a mí el concepto del peso específico, en ese instante el peso específico de tu ausencia se hizo realidad y no mera fórmula, tan real que tiró de mí hacia abajo, arrastrándome al abismo, al vacío, al dolor lacerante del destierro de tu cuerpo.
Y deseé que hoy fuera ayer, que ese pelo siguiera en mi cabeza y que mi peso específico se despojara de tu ausencia transformando ésta en presencia.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.