TEJER, BORDAR Y COSER. ARTES FEMENINOS. Por Irene Fidalgo López

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Las referencias al mundo de lo «textil» como arte nunca han sido muy afortunadas. El coser, tejer y bordar han sufrido una desvalorización en el mundo del arte desde sus comienzos hasta principios del siglo XX. No obstante, en los últimos años, la reivindicación de una serie de colectivos de mujeres artistas ha puesto en valor la vinculación del arte textil a la mujer, poniendo de relieve su inclusión dentro del mundo de las artes, vehiculación que se ha conseguido gracias a la voz de muchas mujeres tejedoras que han reivindicado la propia memoria histórica de sus antepasadas.

El arte en el tejido

Pensemos en nuestras abuelas y tatarabuelas. Su vínculo con lo textil se nos aparece en la memoria como una forma de desempeño íntimo, ritual, casi natural a la condición de la mujer desde los albores del tiempo. A pesar del valor funcional innegable que realizaban nuestras antepasadas, en tiempos donde la economía de subsistencia era casi la única opción de vida a la que podían optar, no se puede negar el valor decorativo que poseían sus piezas.

Ahora bien, dentro del mundo académico, sigue existiendo una discrepancia a la hora de intentar resolver el problema que se entabla en la distinción presente entre arte y artesanía, siendo las voces femeninas actuales dentro del arte las que han impulsado a un cambio en la mentalidad de la Academia al incluir en sus piezas creativas instrumentos propios del arte de nuestras abuelas o materiales propios de su labor costurera. La presencia de estas mujeres creadoras ha conseguido lo que parecía casi imposible hace cincuenta años: acortar las diferencias entre las artes decorativas y las Bellas Artes que han guiado la historia del arte en la cultura occidental.

Gracias, entre otros, al estudio de Larrea Príncipe, se ha podido entender la complicada estructura interna que guía el proceso creador que acometían nuestras antepasadas al lado del fuego del hogar. Coser, tejer o hilar no solo eran instrumentos que les permitieron sobrevivir, sino que servían al acto de recordar y narrar. El tejer, desde tiempos inmemorables, se conecta con la existencia del tiempo lineal y sucesivo que marca el devenir. El arte de coser y tejer siempre estuvo unido al tiempo de contar historias y crear personajes que rondaban la imaginación de las gentes.

Obra de Bisa Butler

Ahora, situémonos a finales del siglo XIX en Europa y Estados Unidos cuando la situación social y laboral comienza a dar un giro de tuerca al aparecer la industria y desplazar a la mayoría de la población del medio rural al urbano. La mujer, hasta esta fecha, se limitaba casi exclusivamente al cuidado doméstico y las labores del hogar, siendo el coser, el tejer, el hilar y el bordar elementos esenciales a través de los cuales sobrevivir en el medio hostil del mundo rural o bien mostrar su valía frente a otras mujeres y procurarse una reputación social de prestigio. A partir de esta fecha, las mujeres entran a trabajar en fábricas, lo que hace surgir el cuestionamiento sobre si la mujer es compatible con el trabajo extradoméstico. Dolores Ibarruri destaca en esta época por su defensa de los derechos de las mujeres trabajadoras, desvinculando la labor creativa que involucra el uso de los tejidos de la producción mecánica en la nueva industria. Este pensamiento revolucionario, sin embargo, no llegó a calar de la misma manera en todos los países. En 1867 un delegado francés alegaba que debía seguir existiendo una división de los trabajos según los géneros y los materiales y técnicas empleados, de manera que los hombres trabajasen con la madera y los metales mientras las mujeres se encargaban de la familia y los tejidos. El carácter de este problema tiene que ver con la situación en la que la mujer comienza a encontrarse y la independencia que supone para ella realizar los mismos trabajos que antes realizaban solamente los hombres, apropiándose de un espacio que estaba exclusivamente reservado para el género masculino.

A finales de este siglo, las condiciones en las que trabajaban las mujeres y los hombres en las fábricas fueron equilibrándose, al igual que algunos de los salarios que hasta ese momento cobraban las mujeres y que se encontraban por debajo de lo que ganaban sus compañeros masculinos. Los trabajos en las fábricas, sin embargo, siguieron estando divididos según el sexo y las atribuciones que se hacían a este: para aquellas tareas que requerían de una mayor delicadeza, agilidad o paciencia, las mujeres eran las más cotizadas, mientras que los hombres se afanaban en trabajos en los que resaltaba la habilidad, velocidad o fuerza.

Una obra de la actual creadora Montse Llamas, basada en técnicas textiles


Los ideales feministas de principios del siglo XX cambiaron parte de la situación educativa de la mujer, abogando por una mayor educación para las mujeres que no las distanciasen de los mejores trabajados pagados a los que podían optar los hombres. El arte de coser y tejer seguía siendo fundamental en la enseñanza de las mujeres y constituía uno de los pilares esenciales del matrimonio, pero su condición de arte comenzó a ser sustituido por su utilidad. No fue hasta la mitad del siglo XX que comenzaron a surgir una serie de mujeres como Vanessa Barragao Portugal, Ulla Stina-Wikander, Bisa Butler o Billie Zangewa que reivindicaron su condición femenina a través del arte entendido como tejidos, utilizando diversos materiales como lana, hilo o esparto en sus creaciones artísticas, siempre unidas a una nueva forma de narrar historias confeccionadas a través del tejido. Una nueva forma de reivindicar el valor de la mujer dentro y fuera del hogar, como madre, pero también como artista y trabajadora.

La apertura hacia la revaloración del tejido como arte había dado sus primeros pasos.


 

Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

 Su primer poemario Tiempo en calma  fue publicado con la editorial Mariposa Ediciones.

 

Las referencias al mundo de lo «textil» como arte nunca han sido muy afortunadas. El coser, tejer y bordar han sufrido una desvalorización en el mundo del arte desde sus comienzos hasta principios del siglo XX. No obstante, en los últimos años, la reivindicación de una serie de colectivos de mujeres artistas ha puesto en valor la vinculación del arte textil a la mujer, poniendo de relieve su inclusión dentro del mundo de las artes, vehiculación que se ha conseguido gracias a la voz de muchas mujeres tejedoras que han reivindicado la propia memoria histórica de sus antepasadas.

El arte en el tejido

Pensemos en nuestras abuelas y tatarabuelas. Su vínculo con lo textil se nos aparece en la memoria como una forma de desempeño íntimo, ritual, casi natural a la condición de la mujer desde los albores del tiempo. A pesar del valor funcional innegable que realizaban nuestras antepasadas, en tiempos donde la economía de subsistencia era casi la única opción de vida a la que podían optar, no se puede negar el valor decorativo que poseían sus piezas.

Ahora bien, dentro del mundo académico, sigue existiendo una discrepancia a la hora de intentar resolver el problema que se entabla en la distinción presente entre arte y artesanía, siendo las voces femeninas actuales dentro del arte las que han impulsado a un cambio en la mentalidad de la Academia al incluir en sus piezas creativas instrumentos propios del arte de nuestras abuelas o materiales propios de su labor costurera. La presencia de estas mujeres creadoras ha conseguido lo que parecía casi imposible hace cincuenta años: acortar las diferencias entre las artes decorativas y las Bellas Artes que han guiado la historia del arte en la cultura occidental.

Gracias, entre otros, al estudio de Larrea Príncipe, se ha podido entender la complicada estructura interna que guía el proceso creador que acometían nuestras antepasadas al lado del fuego del hogar. Coser, tejer o hilar no solo eran instrumentos que les permitieron sobrevivir, sino que servían al acto de recordar y narrar. El tejer, desde tiempos inmemorables, se conecta con la existencia del tiempo lineal y sucesivo que marca el devenir. El arte de coser y tejer siempre estuvo unido al tiempo de contar historias y crear personajes que rondaban la imaginación de las gentes.

Obra de Bisa Butler

Ahora, situémonos a finales del siglo XIX en Europa y Estados Unidos cuando la situación social y laboral comienza a dar un giro de tuerca al aparecer la industria y desplazar a la mayoría de la población del medio rural al urbano. La mujer, hasta esta fecha, se limitaba casi exclusivamente al cuidado doméstico y las labores del hogar, siendo el coser, el tejer, el hilar y el bordar elementos esenciales a través de los cuales sobrevivir en el medio hostil del mundo rural o bien mostrar su valía frente a otras mujeres y procurarse una reputación social de prestigio. A partir de esta fecha, las mujeres entran a trabajar en fábricas, lo que hace surgir el cuestionamiento sobre si la mujer es compatible con el trabajo extradoméstico. Dolores Ibarruri destaca en esta época por su defensa de los derechos de las mujeres trabajadoras, desvinculando la labor creativa que involucra el uso de los tejidos de la producción mecánica en la nueva industria. Este pensamiento revolucionario, sin embargo, no llegó a calar de la misma manera en todos los países. En 1867 un delegado francés alegaba que debía seguir existiendo una división de los trabajos según los géneros y los materiales y técnicas empleados, de manera que los hombres trabajasen con la madera y los metales mientras las mujeres se encargaban de la familia y los tejidos. El carácter de este problema tiene que ver con la situación en la que la mujer comienza a encontrarse y la independencia que supone para ella realizar los mismos trabajos que antes realizaban solamente los hombres, apropiándose de un espacio que estaba exclusivamente reservado para el género masculino.

A finales de este siglo, las condiciones en las que trabajaban las mujeres y los hombres en las fábricas fueron equilibrándose, al igual que algunos de los salarios que hasta ese momento cobraban las mujeres y que se encontraban por debajo de lo que ganaban sus compañeros masculinos. Los trabajos en las fábricas, sin embargo, siguieron estando divididos según el sexo y las atribuciones que se hacían a este: para aquellas tareas que requerían de una mayor delicadeza, agilidad o paciencia, las mujeres eran las más cotizadas, mientras que los hombres se afanaban en trabajos en los que resaltaba la habilidad, velocidad o fuerza.

Una obra de la actual creadora Montse Llamas, basada en técnicas textiles


Los ideales feministas de principios del siglo XX cambiaron parte de la situación educativa de la mujer, abogando por una mayor educación para las mujeres que no las distanciasen de los mejores trabajados pagados a los que podían optar los hombres. El arte de coser y tejer seguía siendo fundamental en la enseñanza de las mujeres y constituía uno de los pilares esenciales del matrimonio, pero su condición de arte comenzó a ser sustituido por su utilidad. No fue hasta la mitad del siglo XX que comenzaron a surgir una serie de mujeres como Vanessa Barragao Portugal, Ulla Stina-Wikander, Bisa Butler o Billie Zangewa que reivindicaron su condición femenina a través del arte entendido como tejidos, utilizando diversos materiales como lana, hilo o esparto en sus creaciones artísticas, siempre unidas a una nueva forma de narrar historias confeccionadas a través del tejido. Una nueva forma de reivindicar el valor de la mujer dentro y fuera del hogar, como madre, pero también como artista y trabajadora.

La apertura hacia la revaloración del tejido como arte había dado sus primeros pasos.


 

Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

 Su primer poemario Tiempo en calma  fue publicado con la editorial Mariposa Ediciones.


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Mercedes G. Rojo http://entrepalerasyencinas-mercedesgrojo.blogspot.com/

Ligada al mundo de la creación literaria y la animación, difusión y promoción cultural cuento con poesía, relatos y literatura infantil publicados en numerosas antologías, publicaciones corales y revistas y blogs especializados, habiendo recibido diversos premios a lo largo de mi recorrido. Actualmente colaboro como articulista en diferentes medios, con proyectos propios, siendo uno de mis afanes visibilizar la obra de las mujeres en el campo artístico. Entre mis publicaciones individuales cuenta, entre otras, con Días Impares, Pecado de omisión y varios títulos de álbumes ilustrados de la colección Hrias. y leyendas del gato maragato, además de algunas más que verán la luz próximamente.

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