Sobre mi alma, la noche descalza. Solo la palabra anciana de mil tormentas, reverdecía en el crepúsculo del silencio. De gritos, su voz, —tan cansada de revolver historias yertas— infancias parecidas a inocencias sonrisas parecidas a su luz. Perdida entre volcanes —iridiscente como su lava— descalza de tiempo ansiosa y delirante. El halo de la poesía. Infinitud. ...y descalza, quedé, abrazada al poema.
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