Desde la Sección: CON VOZ Y VOTO. Escriben nuestras jóvenes
La violencia de género no existe: es un invento ideológico. Así lo creen aproximadamente un 20% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años. Argumentan que la violencia debe ser perseguida, independientemente del sexo, la raza y la religión del agresor; que hay miles y miles de mujeres que ponen denuncias falsas a sus parejas; que se viola la presunción de inocencia del varón e incluso defienden que quienes ejercen “violencia machista” son únicamente inmigrantes o enfermos mentales. Este discurso es ya habitual en comidas familiares, reuniones de amigos e incluso mítines políticos. De hecho, el porcentaje antes mencionado no ha hecho más que aumentar con los años. Por eso, muchos chicos y chicas jóvenes nos preguntamos si de verdad la violencia de género existe.
Johan Galtung, un sociólogo noruego, defiende que los conflictos sociales –como el sexismo y todo lo que este incluye– obedecen al triángulo de la violencia. Cuando un hombre le da una bofetada a su novia o a su esposa, al principio lo veríamos como violencia directa, es decir, una agresión física que también podría darse al contrario: de una mujer a un hombre, de una mujer hacia otra mujer, de un hombre a otro hombre… Sin embargo, la violencia directa es tan solo la punta del iceberg, del triángulo, pues, si analizamos la realidad con más profundidad, encontraremos que también se trata, en parte, de violencia cultural pero, sobre todo, de violencia estructural. ¿Por qué no se dan tantos casos al año en los que una mujer asesine a su marido, o en los que un hombre asesine a su novio? Porque que un hombre asesine a la mujer con la que mantiene o ha mantenido una relación amorosa no es un acto, un crimen individual, sino colectivo, que concierne a toda la sociedad.
La violencia de género se considera un tipo de violencia porque reúne ciertas características y tiene un contexto social e incluso histórico. De hecho, en España, durante la dictadura franquista, el Código Penal establecía que, si un hombre sorprendía a su esposa en adulterio y la mataba a ella y a su amante, solo recibiría la pena del “destierro”. Y, si los agredía, pero no los mataba, estaba exento de cualquier castigo por parte de la Justicia. Esto, entre muchos otros aspectos que quedan fuera de los márgenes de lo oficial, nos conduce a una tradición que, aunque ya esté rechazada, denunciada y penada por la sociedad, puede permanecer algo arraigada a nuestras vidas, por lo tanto estamos hablando de violencia cultural, pues forma parte de nuestra Historia. Y, por desgracia, también de la actualidad.
Son 51 mujeres las que han sido asesinadas desde enero hasta octubre de 2023 en nuestro país. Una cifra que supera la de 2022, y es que es aterrador escuchar día tras día en las noticias un nuevo asesinato que, en la mayoría de los casos, deja a niños y jóvenes huérfanos de madre y, a veces, también de padre, pues aproximadamente la mitad de los asesinos se suicidan tras haber cometido el crimen. Y, si echamos la vista atrás, desde 2003 hasta este año, son 1235 las víctimas mortales de violencia machista. Esto en España, un país desarrollado en políticas contra el machismo y la violencia de género, por lo que en muchos otros países estas cifras aumentan bastante.
Sin embargo, hay que tener en cuenta también las miles de mujeres que son maltratadas cada año, pues siempre se habla de asesinatos machistas, pero parece que dejamos relegadas a aquellas mujeres que sufren maltrato día tras día. En 2022, fueron 32.644 las víctimas de violencia de género, según el INE, que también afirma que las denuncias han aumentado considerablemente de un año a otro. Este hecho podría resultar alarmante, pero (dentro de lo que cabe) es una buena señal: que cada vez haya más denuncias significa que las víctimas se sienten cada vez más apoyadas, que reconocen la violencia, no que el número de mujeres maltratadas haya aumentado. Tampoco esto quiere decir que las denuncias falsas sean habituales: según la Fiscalía, las denuncias falsas por violencia de género representan el 0,01% de las denuncias presentadas.
…que cada vez haya más denuncias significa que las víctimas se sienten cada vez más apoyadas, que reconocen la violencia, no que el número de mujeres maltratadas haya aumentado.
Tampoco es cierto que la mayoría de los agresores tengan otra nacionalidad: representan aproximadamente un tercio de los maltratadores, una cifra que hay que tener en cuenta, pues resulta exuberante en comparación al porcentaje de inmigrantes en España, pero que no se debe exagerar. Al igual que muchas personas afirman que, ante una acusación por violencia machista, se viola la presunción de inocencia del varón, un derecho que todos los ciudadanos tenemos. Esto también es falso, un bulo: la detención, cuando no es judicial, es una decisión que corresponde a las fuerzas y cuerpos de seguridad según las circunstancias del caso. Y lo lógico es que, si una mujer denuncia a un hombre por violencia de género, se encarcele temporalmente al acusado para que no pueda actuar contra la supuesta víctima, y más aún si se entera de que lo ha denunciado.
Sin embargo, la violencia de género no es solo ejercida a través de agresiones físicas, sino también a través de maltrato psicológico. Exigir revisar el teléfono móvil (un hecho que lamentablemente se da a menudo entre parejas jóvenes, tanto por parte del chico como por parte de la chica), prohibir vestir determinadas prendas de ropa, impedir que salga de fiesta o con sus amigos, negarle que dedique su ocio a determinadas actividades, los celos excesivos… Todo ello, a menudo no explícitamente sino manipulando las situaciones y pareciendo una simple preocupación para que ceda y cambie sus hábitos, sin duda alguna es signo de violencia psicológica y en la mayoría de los casos se da de hombres a mujeres pero, sobre todo, en las parejas jóvenes. Es importante tratar estos temas con los adolescentes de nuestro alrededor para advertirles, para hacerlos sentir seguros y respaldados en el caso de que sufran algo así. Sin embargo, muchos de ellos evitarían la conversación y la creerían innecesaria.
Se podría deducir que la causa de que un porcentaje considerable de jóvenes no crean en la violencia machista se debe a la desinformación y a ciertos discursos políticos que señalan esta clase de violencia como un concepto ideológico. Y es que la gran mayoría de jóvenes solemos informarnos a través de las redes sociales, por donde se extienden fácilmente bulos y fake news, y nos podemos ver influenciados por creadores de contenido que lancen discursos negacionistas. A esto también influye el fácil acceso que tienen los niños a estas plataformas, lo cual es bastante grave, ya que muchos de ellos no tienen formado todavía un criterio con el que poder desechar la información falsa o nociva que día a día nos transmiten las redes sociales.
Es sumamente importante darle visibilidad a la violencia de género y presentarla no como un invento ideológico, sino como una lacra social que aún hoy perdura, un problema que nos concierne a todos. En nuestras manos está el educar a una generación consciente y que frene y denuncie la violencia machista o una generación que permita la tortura que día tras días muchas mujeres, en sus hogares, sufren, y que representa, aproximadamente, medio centenar de mujeres asesinadas al año.
MARA AMO. (Aceuchal, Extremadura. 2007)
Est
udiante. Escritora en ciernes
Comencé a escribir acerca de brujas y licántropos, por diversión, pero he descubierto que la literatura es, además de arte, una forma de transmitir mis inquietudes o de contar historias ya olvidadas. En 2022, gané el concurso infantil y juvenil Felipe Trigo con «El hiyab». Compagino mi afición con los estudios y mis ensayos de teatro en el grupo amateur Acebuche-Teatro. Me gustaría estudiar Filología Hispánica y seguir nutriéndome de otros autores para encontrar mi propio estilo.
Adoro las novelas negras y, en mis relatos, suelo plasmar reflexiones acerca del bien y el mal y la contradicción humana. Me gustan las historias desgarradoras y los personajes femeninos atormentados, pero en general trato de admirar el arte en cualquiera de sus formas.
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