martes, septiembre 22 2026

SORPRESA by Rosa Balbuena

Aquello me mosqueaba. No saber lo que ocurriría me ponía nerviosa, pero además, que los otros estuvieran cuchicheando a mi paso aún me ponía de peor humor. Cierto era que mis compañeros nunca fueron muy cautelosos y criticaban sin piedad a cuantos se ponían delante, pero en esta ocasión la diana era yo, o así lo sentía.

Dejé pasar la mañana, entre cuchicheos a mis espaldas. No meto en el ajo a mis superiores porque ellos ni siquiera habían aparecido para dar los buenos días, cosa que hacían siempre. También eso era extraño.

Así pasé toda la mañana, sospechando que algo ocurría pero no sabía qué. Pregunté a Fernanda que, por ser la mayor, era la que más accesible tenía para que me pudiera contar algo. No me dijo nada, a pesar de que la abordé directamente.

Al final de la mañana, estaba yo algo atrasada con mis tareas por estar dedicando el tiempo a indagar algo que ni siquiera sabía que era, así que tuve que centrarme para poder acabar a tiempo de salir o me tendría que quedar un rato más hasta acabar todo el trabajo.

Aparecieron los jefes, ¡Qué oportunos! Justo cuando yo estaba a mil.

¿Qué querían ahora? No podía atenderles y dejar todo de lado o no podía dejar todo para atenderles a ellos. En fin, mi sentencia estaba segura, saldría tarde sí o sí.

Mis jefes parecían encantados, se dirigían hacia mí con una gran sonrisa en la boca. Eso me mosqueaba más que los cuchicheos que habían tenido mis compañeros el resto de la mañana.

-Señorita Adela, ¿no sabe qué día es hoy?

Negué con la cabeza y con la mirada atónica dije que no.

-Por fin ha llegado su día. Hoy se jubila después de treinta y cinco años en la empresa. ¿No se acuerda usted que nos solicitó su jubilación hace tres meses?

-No me acordaba, ya hasta lo había desestimado después de tres meses sin contestarme.

-No le habíamos contestado para darle una sorpresa y efectivamente parece que sus compañeros se portaron bien y no le dijeron nada.

Ahora con lágrimas en los ojos, miré a cada uno de mis compañeros y empecé a abrazarlos uno a uno, hasta a los jefes abracé, ¡menuda sorpresa! Hoy era mi último día de trabajo y yo sin enterarme.


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