En defensa de la intolerancia del filósofo esloveno Slavoj Žižek abre el debate, desde su tono provocador y arriesgado, sobre la tolerancia como valor supremo para nuestra sociedad. Un ingrediente en principio indiscutible, pero que desde su perspectiva debe ser revisado para evitar los problemas asociados a un relativismo exacerbado. Está claro que se trata de un componente fundamental para cualquier organización democrática, pero un análisis superficial nos enfrenta a no pocas contradicciones de difícil solución. Por ejemplo, la paradoja de la tolerancia expuesta por Karl Popper analiza esta cuestión de manera frontal: ¿Debemos ser tolerantes con los intolerantes? Para el austriaco la respuesta estaba clara y en ciertos aspectos coincidía con Žižek: un exceso de tolerancia podría abrir la puerta a la ruptura de nuestros presupuestos más elementales. Ambos pensadores, aunque podríamos citar unos cuantos más, resuelven la dificultad con la necesidad de una imposición de límites. No todo puede estar permitido, pues esta disposición podría socavar los pilares compartidos. Estos planteamientos reflexivos, si bien radicalmente dispares, confluyen en la búsqueda de conclusiones ante la cuestión planteada en estas primeras líneas. ¿Debemos permitir la proliferación de todo tipo de posturas o es conveniente la revisión de ciertos posicionamientos?
Conviene comenzar reconociendo lo que la propia existencia de este debate revela. Es decir, contamos con la opción de discutir y reflexionar con libertad sobre el tema planteado. Todo tipo de intolerancia tiene espacio en nuestra sociedad y esto, aunque conflictivo, dice mucho del entorno de convivencia que hemos diseñado. Dependiendo del tipo de organización política en el que nos encontremos esta posibilidad podría resultar imposible. Es más, las sociedades intolerantes impiden per se el debate y la expresión de los propios puntos de vista por lo que el posible análisis quedaría yugulado desde un primer momento. Contamos con un horizonte sociopolítico que nos abre las puertas incluso a la oposición frente a los enfoques más elementales de nuestra comunidad. Contamos con la opción de oponernos, de protestar y refutar cualquier perspectiva. Esto en sí mismo supone un valor que debemos cuidar. Quizás por este motivo la determinación de unas lindes claras a nuestra propia capacidad de actuar en lo político resulte del todo benéfica. Ahora bien, ¿quién o quiénes son los adecuados para determinar estas líneas invisibles para delimitar nuestra parcela en lo social?
Deberíamos comenzar por lo más elemental: ¿Qué tipo de sociedad deseamos? Si nos fijamos en nuestra propuesta constitucional, la democracia española, bien considerada y ya consolidada, marca un sustrato abonado por unos nutrientes bien definidos: información, participación y equidad. Freedom House califica a nuestro país con 91 puntos sobre 100 en salud democrática. El derecho a estar informado, a acceder a distintas fuentes y así forjar un punto de vista personal parece vigente y en buen estado de salud. Sí es cierto que el sesgo está presente, pero también es verdad que cualquier ciudadano con cierta inquietud y carácter crítico puede sondear opiniones dispares para así determinar un fundamento informativo sólido. En este punto no hay límites, aunque sea indispensable un trabajo personal para separar el grano de la paja. Por otro lado, la participación de la ciudadanía en lo político también está garantizada desde múltiples perspectivas: sufragio, sindicatos, asociaciones, partidos políticos y demás componentes de nuestra organización institucional posibilitan la contribución individual y colectiva en nuestro orden actual. Por último, la equidad garantizada por el Estado de derecho actual contiene en cierta medida los atropellos y la arbitrariedad de los procesos administrativos o judiciales. Localizamos en estos rasgos unos límites claros a defender, pues, en caso contrario, estaríamos emplazados en una de las sociedades intolerantes que impedirían esta misma reflexión. Para muestra el proceso de degeneración democrática en Estados Unidos. El derecho a la información, después del reciente veto a determinados medios por parte del presidente Trump y la consiguiente impugnación judicial de la medida, es un claro indicativo de la necesidad de preservar aquello con lo que contamos. A pesar de que hemos naturalizado los logros alcanzados debiéramos tener claro que resultan bastante más frágiles de lo que aparentan.
El dique debe imponerse frente al avance que pretende arrastrar las conquistas colectivas. La eliminación o menoscabo de uno solo de los elementos mencionados solo puede conducir al privilegio de unos pocos a costa de alguna minoría. En otras palabras, que se socave el derecho a la información solo privilegia a aquellos que tengan algo que ocultar ya que sumiría a la ciudadanía en la oscuridad. La normativa debe ser intolerante con todos los intentos por parte de los intolerantes para suprimir o reducir lo que hemos creado. Esta paradoja nos conduce a no pocas complicaciones, pero debemos mantenernos firmes y evitar los posicionamientos hostiles al orden constitucional de carácter esencial que no es otro que el emanado de los Derechos Humanos. Siempre, claro está, guiados por la inteligencia y la argumentación. No todo puede permitirse en democracia y la defensa de este emplazamiento es urgente a la luz del escenario que lleva un tiempo fraguándose; comprobamos a diario cómo se criminaliza a ciertos colectivos o cómo se abona la polarización para lograr el rédito político. El populismo, el ataque a las minorías, el uso de la mentira y el bulo, la instrumentalización de nuestras instituciones o la corrupción arrastrada impiden al ciudadano la identificación con su comunidad. Esto, por supuesto, resulta un ejercicio de intolerancia, pues el desafecto es uno de los mayores peligros que podemos encontrar para llevar a término el proyecto común que está en proceso de construcción. Por esta rendija es por donde pueden colarse nuestras peores pesadillas y es una responsabilidad conjunta la defensa de la intolerancia frente a los intolerantes.
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours