martes, septiembre 22 2026

TIYI, ESPOSA DEL HARÉN DE RAMSÉS III. CONSPIRADORA Y ¿ASESINA? DEL REY. Por Elvira Martínez Ropero

De la sección «En femeNILO»

Situémonos por un momento alrededor del año 1150 a.C., a orillas del Nilo, un anciano Ramsés III reina en un momento de crisis interna y externa del país. Nos encontramos en una época en la que es casi imposible imaginar que alguien sea capaz de intentar dañar al faraón, al hombre que representa el equilibrio y bienestar de todo el pueblo, un ser igualado con los dioses. Sin embargo, la lucha por el poder llevará al asesinato de aquel que representa a la divinidad y el orden en la tierra. Una conjura que se forjará en manos de una mujer, Tiyi, una de las esposas del faraón.

Las conjuras e intentos de asesinato forjados en el harén real se habían dado con anterioridad en el Egipto faraónico. El harén era una institución en Egipto, una parte del poder real a la que se le daba gran importancia y reconocimiento. En él, convivían las esposas principales y las secundarias, la familia de estas, consejeros, confidentes e incluso era fácil que aparecieran partidarios de las diferentes esposas. De este modo, surgían muchas veces rivalidades y luchas entre las favoritas, ya que aquella que fuese nombrada Gran Esposa Real sería la que daría a luz al sucesor del faraón y toda madre quiere lo mejor para su hijo, aunque eso suponga atentar contra la vida del rey.

Detalles del interior de la tumba de Ramsés III

Uno de los ejemplos más conocidos es el acontecido ya en el Reino Antiguo. Manetón en su historia de Egipto cuenta que Pepi I fue asesinado por uno de sus guardias personales. En el texto conocido como Intrucciones de Amenhat, en las que el rey aconseja a su hijo Sesostris I, cuenta cómo fue asesinado y le aconseja no confiar en nadie. Existen además varias referencias en textos literarios. No obstante, es probable que aconteciera en más ocasiones, dado que solía ocultarse este tipo de hechos, que se convertían en un tabú y a los que se le aplicaba la damnatio memoriae.

Es nuestro ya mencionado Ramsés III, de la XX Dinastía, quien sufrió una de las conspiraciones más famosas e intrigantes de la historia. Ramsés III había llegado a la vejez en el trono, lo habitual era vivir entre 35/40 años de media (por supuesto, si alguien vivía más era probablemente alguien de las altas esferas). Al llevar ya 30 años en el poder, el faraón tuvo que celebrar el llamado festival de Sed, mediante el cual se renovaba el poder y fuerza del faraón, quien ejecutaba una serie de pruebas para demostrar que podía continuar en el trono. Cuando se celebraban este tipo de acontecimientos existía el llamado harén itinerante, donde parece que empezó a forjarse toda esta conspiración.

En el caso de la trama contra Ramsés III tenemos testimonios directos de lo que sucedió, pues se produjo un juicio del que quedaron registros, entre los que destaca el papiro jurídico de Turín, donde quedó registrado todo el proceso.

Papiro jurídico de Turín en el que se registra el juicio contra los conspiraciores y asesinos de Ramsés III

Tiyi, una de las esposas favoritas del rey había tenido un hijo con este, Pentauret, a quien no le correspondería el trono, si no que este sería para el hijo de otra de las esposas, Isis, cuyo hijo será el futuro Ramsés IV. Tiyi es la única que aparece con su nombre real en los documentos del juicio, al resto se les puso un nombre ficticio derivado del suyo propio cuya modificación pretendía humillarles, insultarles y también que su nombre real no apareciera para que sufrieran el olvido de la historia. Tiyi aparece pues como la artífice principal, quien se beneficiaba de la muerte del faraón y quien movió los primero hilos. Probablemente el inicio del conflicto estuvo en que Ramsés III tuviera más de una Gran Esposa Real, en sus diferentes harenes y que el conflicto de la heredad del trono estuviera presente desde mucho antes.

Toda la trama fue urdida muy inteligentemente y no faltaban detalle ni lugar que no tuvieran a algún cómplice ni se perdió oportunidad de facilitar la conspiración, incluso utilizando la magia. Ramsés III había sido en la primera década de su mandato un gran faraón, había conseguido importantes victorias bélicas así como detener a los pueblos del mar en su intento de invasión y conquista, como de igual modo frenó a los libios y nubios, manteniendo siempre las fronteras del país a salvo. Pero, con el paso de los años, parecer ser que comenzó una crisis económica y social, de la que se ha acusado a la mala administración de los funcionarios y con la que se llenó de descontento a distintos estratos de la sociedad, especialmente a los trabajadores de las aldeas relacionadas con la construcción, quienes protagonizaron la primera huelga de la historia en la que decidieron dejar de trabajar hasta que se les pagase todo el salario que se les debía, que en el caso de los egipcios era la cerveza que les servía de sustento (una cerveza espesa y llena de cereales que difiere a lo que entendemos por cerveza en la actualidad).

Así, Tiyi comenzó,  junto con otra dama del harén y seis fieles seguidores, a atraer a su causa a varios funcionarios, tanto del harén como de la administración general. Continuaron creando un malestar entre la población a través de contactos externos para lograr hostilidad contra el faraón, extendiendo así el complot lo más posible. En el documento que detalla el posterior enjuiciamiento se nombran un total de veintiocho hombres directamente implicados y un número indefinido de mujeres, de las que solo conocemos, como ya dijimos, el nombre de Tiyi. 

Pero todo el ardid fue aún más allá, procurando que la magia estuviera a su favor. Los conspiradores consiguieron unir a su causa a unos escribas de la Casa de la Vida y estos lograron que un funcionario se hiciera con (robase) un papiro de escritos mágicos que fueron usados para crear estatuillas de cera y usar conjuros que usarían en contra de aquellos que se cruzaran en su camino e intentaran impedir que ejecutaran su plan, ejecutados por un hechicero llamado Hui, quien sería juzgado como el resto de los conspiradores. Es por este tipo de documentos por lo que sabemos que la magia negra ya había comenzado en el Antiguo Egipto.

Momia de Ramses III

Hasta hace unos pocos años se pensó que toda esta intriga no había tenido éxito y que el faraón descubrió a tiempo las intenciones de los confabulados y que tras esto delegó en un tribunal excepcional el juicio y castigo de los mismos. Sin embargo, en el 2012 se realizaron una serie de estudios entre las momias que habían sido encontradas hacía tiempo en Deir el Bahari, en un lugar en el que los sacerdotes antiguos habían escondido varias momias juntas lejos de su tumba original para salvarlas de los saqueos que ya se daban en el propio Antiguo Egipto. Entre esas momias se encontraba la de Ramsés III, a la que se le realizó una tomografía computarizada. La prueba lanzó un argumento de peso para considerar que la conspiración tuvo éxito y el asesinato fue ejecutado (y este fue entonces el verdadero motivo del juicio): la momia de Ramsés tiene en el cuello un profundo corte que había sido reparado por los embalsamadores, dejando en su interior un amuleto con forma de ojo de Horus, con la intención de posibilitarle la vida en el más allá. Dicho corte está bajo la laringe, mide unos siete centímetros y llega a tráquea, esófago y arterías, lo que debió causar con casi total seguridad la muerte del rey.

Así pues, hubo de iniciarse un complicado juicio, que se vio interrumpido por la corrupción de algunos de los jueces, a quienes descubrieron practicando orgías con algunas de las acusadas, que buscaban así su benevolencia. Una vez aclarado el problema con los jueces corruptos, que también fueron condenados, se continuó con el juicio a través de testimonios y confesiones que determinaron la culpabilidad y grado de implicación de los acusados.

Como resultado final varios fueron condenados a mutilación de orejas y nariz, y muchos otros fueron condenados a muerte, de los cuales solo una docena tuvieron el “privilegio” de ser ellos los que ejecutaran su propia muerte, entre ellos el hijo de Tiyi, Pentauret, para quien su madre había llevado la conspiración hasta el final. A pesar de todo esto, Tiyi, seguramente debido a su condición de esposa real, solo podía ser juzgada por el nuevo faraón, por lo que no está incluida en este icónico proceso, pudiendo ser para borrar su nombre de la historia o por no atreverse a condenarla debido a su estatus. Ramses IV, pues, tuvo que tomar una decisión respecto a la esposa de su fallecido padre, una decisión que ha sido borrada de la historia y cuyo desconocimiento nos aleja de conocer el destino final de Tiyi.


 

 

Elvira Martínez Ropero. Escritora

Nací y crecí en Trobajo del Camino, León. Estudié Filología Hispánica en la Universidad de León, completando estos estudios con el CAP y un Master de Literatura Comparada. He participado en varios congresos de la Sociedad Española de Humanistas y en algunos recitales de poesía, afición que desembocó en la publicación de mi poemario Luciérnagas en el desierto y que ha impulsado mis ganas de seguir creando versos.  La predilección por las culturas antiguas nunca ha salido de mi formación, desde el estudio de lenguas antiguas: latín, griego, hebreo, egipcio e incluso un poco de sumerio; hasta la obtención del título de Egiptología del Museo Liceo Egipcio de León.  Mi carrera profesional se ha volcado en la enseñanza de Lengua y Literatura en secundaria y bachillerato. También estoy trabajando en el Museo Liceo Egipcio de León en la traducción de textos jeroglíficos con un maravilloso equipo, así como realizo en el mismo una visita teatralizada nocturna que escenifica los ritos de muerte y resurrección del Antiguo Egipto.

De la sección «En femeNILO»

Situémonos por un momento alrededor del año 1150 a.C., a orillas del Nilo, un anciano Ramsés III reina en un momento de crisis interna y externa del país. Nos encontramos en una época en la que es casi imposible imaginar que alguien sea capaz de intentar dañar al faraón, al hombre que representa el equilibrio y bienestar de todo el pueblo, un ser igualado con los dioses. Sin embargo, la lucha por el poder llevará al asesinato de aquel que representa a la divinidad y el orden en la tierra. Una conjura que se forjará en manos de una mujer, Tiyi, una de las esposas del faraón.

Las conjuras e intentos de asesinato forjados en el harén real se habían dado con anterioridad en el Egipto faraónico. El harén era una institución en Egipto, una parte del poder real a la que se le daba gran importancia y reconocimiento. En él, convivían las esposas principales y las secundarias, la familia de estas, consejeros, confidentes e incluso era fácil que aparecieran partidarios de las diferentes esposas. De este modo, surgían muchas veces rivalidades y luchas entre las favoritas, ya que aquella que fuese nombrada Gran Esposa Real sería la que daría a luz al sucesor del faraón y toda madre quiere lo mejor para su hijo, aunque eso suponga atentar contra la vida del rey.

Detalles del interior de la tumba de Ramsés III

Uno de los ejemplos más conocidos es el acontecido ya en el Reino Antiguo. Manetón en su historia de Egipto cuenta que Pepi I fue asesinado por uno de sus guardias personales. En el texto conocido como Intrucciones de Amenhat, en las que el rey aconseja a su hijo Sesostris I, cuenta cómo fue asesinado y le aconseja no confiar en nadie. Existen además varias referencias en textos literarios. No obstante, es probable que aconteciera en más ocasiones, dado que solía ocultarse este tipo de hechos, que se convertían en un tabú y a los que se le aplicaba la damnatio memoriae.

Es nuestro ya mencionado Ramsés III, de la XX Dinastía, quien sufrió una de las conspiraciones más famosas e intrigantes de la historia. Ramsés III había llegado a la vejez en el trono, lo habitual era vivir entre 35/40 años de media (por supuesto, si alguien vivía más era probablemente alguien de las altas esferas). Al llevar ya 30 años en el poder, el faraón tuvo que celebrar el llamado festival de Sed, mediante el cual se renovaba el poder y fuerza del faraón, quien ejecutaba una serie de pruebas para demostrar que podía continuar en el trono. Cuando se celebraban este tipo de acontecimientos existía el llamado harén itinerante, donde parece que empezó a forjarse toda esta conspiración.

En el caso de la trama contra Ramsés III tenemos testimonios directos de lo que sucedió, pues se produjo un juicio del que quedaron registros, entre los que destaca el papiro jurídico de Turín, donde quedó registrado todo el proceso.

Papiro jurídico de Turín en el que se registra el juicio contra los conspiraciores y asesinos de Ramsés III

Tiyi, una de las esposas favoritas del rey había tenido un hijo con este, Pentauret, a quien no le correspondería el trono, si no que este sería para el hijo de otra de las esposas, Isis, cuyo hijo será el futuro Ramsés IV. Tiyi es la única que aparece con su nombre real en los documentos del juicio, al resto se les puso un nombre ficticio derivado del suyo propio cuya modificación pretendía humillarles, insultarles y también que su nombre real no apareciera para que sufrieran el olvido de la historia. Tiyi aparece pues como la artífice principal, quien se beneficiaba de la muerte del faraón y quien movió los primero hilos. Probablemente el inicio del conflicto estuvo en que Ramsés III tuviera más de una Gran Esposa Real, en sus diferentes harenes y que el conflicto de la heredad del trono estuviera presente desde mucho antes.

Toda la trama fue urdida muy inteligentemente y no faltaban detalle ni lugar que no tuvieran a algún cómplice ni se perdió oportunidad de facilitar la conspiración, incluso utilizando la magia. Ramsés III había sido en la primera década de su mandato un gran faraón, había conseguido importantes victorias bélicas así como detener a los pueblos del mar en su intento de invasión y conquista, como de igual modo frenó a los libios y nubios, manteniendo siempre las fronteras del país a salvo. Pero, con el paso de los años, parecer ser que comenzó una crisis económica y social, de la que se ha acusado a la mala administración de los funcionarios y con la que se llenó de descontento a distintos estratos de la sociedad, especialmente a los trabajadores de las aldeas relacionadas con la construcción, quienes protagonizaron la primera huelga de la historia en la que decidieron dejar de trabajar hasta que se les pagase todo el salario que se les debía, que en el caso de los egipcios era la cerveza que les servía de sustento (una cerveza espesa y llena de cereales que difiere a lo que entendemos por cerveza en la actualidad).

Así, Tiyi comenzó,  junto con otra dama del harén y seis fieles seguidores, a atraer a su causa a varios funcionarios, tanto del harén como de la administración general. Continuaron creando un malestar entre la población a través de contactos externos para lograr hostilidad contra el faraón, extendiendo así el complot lo más posible. En el documento que detalla el posterior enjuiciamiento se nombran un total de veintiocho hombres directamente implicados y un número indefinido de mujeres, de las que solo conocemos, como ya dijimos, el nombre de Tiyi. 

Pero todo el ardid fue aún más allá, procurando que la magia estuviera a su favor. Los conspiradores consiguieron unir a su causa a unos escribas de la Casa de la Vida y estos lograron que un funcionario se hiciera con (robase) un papiro de escritos mágicos que fueron usados para crear estatuillas de cera y usar conjuros que usarían en contra de aquellos que se cruzaran en su camino e intentaran impedir que ejecutaran su plan, ejecutados por un hechicero llamado Hui, quien sería juzgado como el resto de los conspiradores. Es por este tipo de documentos por lo que sabemos que la magia negra ya había comenzado en el Antiguo Egipto.

Momia de Ramses III

Hasta hace unos pocos años se pensó que toda esta intriga no había tenido éxito y que el faraón descubrió a tiempo las intenciones de los confabulados y que tras esto delegó en un tribunal excepcional el juicio y castigo de los mismos. Sin embargo, en el 2012 se realizaron una serie de estudios entre las momias que habían sido encontradas hacía tiempo en Deir el Bahari, en un lugar en el que los sacerdotes antiguos habían escondido varias momias juntas lejos de su tumba original para salvarlas de los saqueos que ya se daban en el propio Antiguo Egipto. Entre esas momias se encontraba la de Ramsés III, a la que se le realizó una tomografía computarizada. La prueba lanzó un argumento de peso para considerar que la conspiración tuvo éxito y el asesinato fue ejecutado (y este fue entonces el verdadero motivo del juicio): la momia de Ramsés tiene en el cuello un profundo corte que había sido reparado por los embalsamadores, dejando en su interior un amuleto con forma de ojo de Horus, con la intención de posibilitarle la vida en el más allá. Dicho corte está bajo la laringe, mide unos siete centímetros y llega a tráquea, esófago y arterías, lo que debió causar con casi total seguridad la muerte del rey.

Así pues, hubo de iniciarse un complicado juicio, que se vio interrumpido por la corrupción de algunos de los jueces, a quienes descubrieron practicando orgías con algunas de las acusadas, que buscaban así su benevolencia. Una vez aclarado el problema con los jueces corruptos, que también fueron condenados, se continuó con el juicio a través de testimonios y confesiones que determinaron la culpabilidad y grado de implicación de los acusados.

Como resultado final varios fueron condenados a mutilación de orejas y nariz, y muchos otros fueron condenados a muerte, de los cuales solo una docena tuvieron el “privilegio” de ser ellos los que ejecutaran su propia muerte, entre ellos el hijo de Tiyi, Pentauret, para quien su madre había llevado la conspiración hasta el final. A pesar de todo esto, Tiyi, seguramente debido a su condición de esposa real, solo podía ser juzgada por el nuevo faraón, por lo que no está incluida en este icónico proceso, pudiendo ser para borrar su nombre de la historia o por no atreverse a condenarla debido a su estatus. Ramses IV, pues, tuvo que tomar una decisión respecto a la esposa de su fallecido padre, una decisión que ha sido borrada de la historia y cuyo desconocimiento nos aleja de conocer el destino final de Tiyi.


 

 

 

Elvira Martínez Ropero. Escritora

Nací y crecí en Trobajo del Camino, León. Estudié Filología Hispánica en la Universidad de León, completando estos estudios con el CAP y un Master de Literatura Comparada. He participado en varios congresos de la Sociedad Española de Humanistas y en algunos recitales de poesía, afición que desembocó en la publicación de mi poemario Luciérnagas en el desierto y que ha impulsado mis ganas de seguir creando versos.  La predilección por las culturas antiguas nunca ha salido de mi formación, desde el estudio de lenguas antiguas: latín, griego, hebreo, egipcio e incluso un poco de sumerio; hasta la obtención del título de Egiptología del Museo Liceo Egipcio de León.  Mi carrera profesional se ha volcado en la enseñanza de Lengua y Literatura en secundaria y bachillerato. También estoy trabajando en el Museo Liceo Egipcio de León en la traducción de textos jeroglíficos con un maravilloso equipo, así como realizo en el mismo una visita teatralizada nocturna que escenifica los ritos de muerte y resurrección del Antiguo Egipto.


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