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EL ZOOLÓGICO by Scarlet

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—Hola. La verdad no entiendo por qué me citaste con tanto misterio diciéndome que nos encontráramos en este maldito zoológico. Detesto el maltrato animal y estos lugares representan una absoluta aberración, sí,  imagino que estás pensando: “una detective tan delicada”. El punto es que tras barrotes solo quiero a los criminales pero con los animales es otro asunto. Pagan fortunas para que un degenerado los atrape y encarcele perpetrando esta barbaridad, además ¡Mira esas rejas! están totalmente oxidadas, el pobre león no tiene conciencia de que con solo ejercer un poco de fuerza las podría tumbar y salir corriendo… en fin ¿Qué es lo que no podíamos hablar en la Comisaría?

—Estefanía, disculpa, tienes toda la razón, fue el peor plan que se me pudo ocurrir — expresó Gerardo visiblemente molesto. Tenemos un año como compañeros de trabajo ¡Nos ha ido excelente! y creo que ha sido por ti, tus corazonadas que jamás fallan pero si te cité hoy fue para felicitarte, mañana te reintegras y te van a nombrar “Superintendente General” en un nuevo Departamento de “Análisis cuántico de pesquisas y casos complejos”,  sucede que…— Justo en ese momento, el león que tenían al frente comenzó a arañar el suelo dejando salir un estruendoso gruñido. Estefanía dio un salto atrás tropezándose con un tumulto que sobresalía del irregular pavimento, cayendo sentada, soltó el bolso y se le salió todo el contenido, instintivamente, volteó a ver al rey de la selva.  El león le miraba directo a las pupilas ¡No había salvajismo! Solo una absoluta desesperanza. Gerardo la acompañó dando un brinco, se recompuso lo mejor que pudo e inmediatamente, fue hacia Estefanía, ayudándola a levantarse. Todavía no habían terminado de superar el impacto cuanto de pronto, un espantoso grito retumbó por todo el lugar, Estefanía saltó nuevamente alteradísima mientras Gerardo, parecía llevar mejor el doble susto.

—¡Auxilio! Los alaridos provenían justo detrás del calabozo donde platicaban. Salieron disparados a ver qué estaba pasando. Una mujer con las manos en la cabeza gritaba sin cesar, a sus pies,  yacía el cadáver de una joven mujer con las manos en el pecho como si estuviese orando.

—¡Socorro!— La señora se calmó apenas los vio e inspirando profundamente, relató su experiencia. Me tropecé con ella, siempre vengo al zoológico a pasar un rato de relax observando a los animales encerrados y hoy me ha ocurrido esta desgracia. Gerardo llamó al centro policíaco mientras Estefanía intentaba tranquilizar a la señora. En menos de media hora, el personal había cercado el área con la cinta amarilla, los fotógrafos en lo suyo, los técnicos forenses inspeccionando el cadáver y ellos, peinando con lupa el lugar. Aparte de la dantesca posición de la occisa, le sacaron los ojos y en las cuencas, le colocaron dos esferas de vidrio tipo maniquí.

—Es evidente que no la asesinaron aquí —expresó Estefanía, no tiene ni una gota de sangre, el criminal se arriesgó mucho dejándola aquí como mensaje ¡Tiene el cabello recién pintado!, fíjate también, las uñas perfectas, no se defendió. El asesino se esmeró en limpiarla hasta dejarla pulcra y eso de sacarle los ojos… ¡Ay! Dejé el bolso cuando me caí, voy a buscarlo. Cuando llegó y recogió todas sus pertenencias, se puso frente al león, el animal parecía sentir su solidaridad,  —pensó ¡Si pudiera liberarte lo haría!

—Bueno, sigamos donde nos quedamos, observa la posición ¡Parece un ángel —dijo Gerardo mientras daba instrucciones a los policías recordándoles que citaran al personal del zoológico, a la señora…

El informe forense detalló que chica fue salvajemente violada, con apenas dieciocho años. La vagina destrozada, el forense especificó que posiblemente con un tubo, no encontraron semen, tampoco, rastros de piel en las uñas, la limpiaron con formol y lejía. No se defendió porque la drogaron con Ropinol y lo más sorprendente, la causa de la muerte fue envenenamiento con cianuro. El laboratorio indició además,  que se trataba de una drogadicta de larga data, con suficiente heroína para desconocer hasta su sombra.

Envenenar es un clásico femenino —dijo Estefanía muy a su pesar sin despegar la mirada de los informes, sentada en su nuevo despacho con Gerardo al frente —además, la violaron con un tubo, un hombre que viola, lo disfruta ¿Qué sentido le ves? ¿Impotente? Quizás no se trate de un hombre, podría ser una mujer y no lo digo solo por el cianuro. La cuestión es que no es lo no es lo mismo una mujer sometida a la fuerza por un hombre que por otra mujer. Me recuerda a la novela de Agatha ChristieCianuro espumoso”.

¿En serio? Bueno no dejas de sorprenderme ¡Agatha Christie! ¿Quién lo iba a imaginar? —dijo Gerardo observando las mismas notas forenses. Tus razonamientos como siempre son muy acertados, por algo estás tú sentada de ese lado y yo de este… lo que salta a la vista, es el odio en este crimen  ¿Sacarle los ojos? y para colmo del descaro, llevarla hasta el zoológico colocándola detrás de la jaula más visitada.

Sí, me pregunto lo mismo ¿Por qué el zoológico? Eso tiene que significar algo importante, no ha sido al lado de las hienas o los pájaros… Tal vez intentó demostrar su poder como “La reina de la selva”.

—¡Pues así la llamaremos de momento!

 

Los meses transcurrieron en medio del más intenso trabajo. Estefanía en la Comisaría analizando repetitivamente cada informe, intentando dilucidar el hilo conductor en el enjambre de sus ideas, Gerardo organizando los interrogatorios ¡La ciudad estaba aterrada! Protestaban por las calles solicitando una policía más eficiente, cuestionando los altísimos impuestos que pagaban los cuales ni siquiera garantizaban un simple paseo por el zoológico. Estefanía se sentía culpable, comenzar como Superintendente con semejante responsabilidad la tenía exhausta al punto de quedarse dormida sobre el escritorio e irse a su casa en plena madrugada.

La chica era una prostituta drogadicta ¡Nadie la extrañó! Estefanía se sentía perdida como jamás en su vida. Ya era casi eran las dos cuando de pronto, experimentó la sensación de aquellas corazonadas, decidió ir al zoológico a revivir aquel día, algo no le cuadraba desde hacía tiempo aunque desconocía qué.

La noche tendía su helada niebla,  la espesura de la bruma era tan densa que apenas conseguía ubicarse. No sabe ni cómo llegó justo a la jaula del león, el animal se levantó y sacó la inmensa pata a través de las rejas, un profundo amor la invadió  y sin temor, la acarició mientras el león rugía suavemente como un gatico indefenso. Tan ensimismada estaba que no se percató del crujido de las hojas, alguien se venía acercando, Estefanía volteó con el radar despierto viendo como Gerardo emergía atravesando las penumbras.

—¡Gerardo! — Gritó evidentemente impresionada ¿Cómo qué sentimos la misma necesidad?

—¡Qué sorpresa! Te imaginaba en tu gran despacho…

—Deja ya la ironía, seguimos siendo un equipo.

—Yo no lo diría así, eres “La jefa” — Estefanía decidió obviar el ácido comentario y siguió.

—¿Sabes algo? Vine aquí para recapitular los hechos de ese día y hay algo que no entiendo y ahora que te veo, me llama la atención ¿Por qué me citaste aquel día, aquí, en este zoológico?

—¿No lo entiendes? ¿La “brillante” tú? ¡Qué raro! Piensa un poco…

Te lo estoy preguntando muy en serio y necesito una respuesta no otra pregunta.

—Viniste impulsada por una de “esas” corazonadas y ahora de pronto, empiezas a observar cosas imaginarias ¿Qué quieres qué te diga? Te cité para disfrutar la sorpresa de sorprenderte. Merecía ser ascendido a Superintendente pero te lo dieron a ti que eras mi compañera y con muchos menos años de experiencia.

—¿Es eso? ¿Envidia? Yo no decidí ese puesto, no me impuse.

—Sí, claro, ahora resulta que jamás me opacaste luciéndote con tu arrogante inteligencia.

—Ahora que lo recuerdo, no te sobresaltaste con el grito de la mujer pero sí con el alarido del león, te quedaste muy sereno… —Gerardo comenzó a aplaudir y a reír a carcajadas— ¡Al fin estás llegando al meollo del asunto!

—¡Tú! ¿Por qué?

—Por venganza, placer… No sé cuándo comencé a disfrutar viendo los cadáveres ¡Simplemente me pasé al otro bando! Cierto que aparte de eso, estabas tú y mi deseo de hacerte fracasar y esa chica ¡Era mi esclava! Le daba heroína y hacía con ella lo que quería, me la follé como me dio la gana pero esa noche decidí pasarme de lado y aquí estamos, dos “compañeros” viendo la verdad. Estefanía se volteó e intentó salir corriendo, Gerardo era francotirador, perderse entre la neblina, quizás, era su única opción pero apenas giró, se tropezó con el mismo tumulto del pavimento cayéndose de bruces, Gerardo se le fue encima y comenzó a asfixiarla, Estefanía se extinguía… Inesperadamente, el león se abalanzó tumbando los barrotes,  se fue contra Gerardo fracturándole la cabeza y batiendo la mandíbula, lo mandó disparado como si fuese un juguete y  seguidamente, con extrema dulzura  abordó a Estefanía, lamiéndole el rostro hasta que el rubor retomó sus mejillas,  después, muy lentamente, se encerró de nuevo en la jaula despedazada.

 

Scarlet C.

 

 

 

 

 

 

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