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DESDE LA LLUVIA by Mercedes González Rojo

Abril es el mes de los libros por excelencia. A lo largo y ancho de toda nuestra geografía se repiten los actos que tienen estos por protagonistas. Primero, el día 2, en torno a la literatura infantil y juvenil, en recuerdo del nacimiento de Hans Cristian Andersen, hace ya dos siglos largos. Después, el día 23, el Día del Libro en torno a las figuras del Cervantes y de Shakespeare, dos gigantes de la literatura universal que murieron en un mismo día del mismo año, hace la friolera de más de cuatrocientos. Entre medias, por detrás y por delante, fiestas, exposiciones, presentaciones del libro, ferias, conferencias…, que nos llevan de un lado a otro tras ese preciado objeto. Salvo este año, que esta historia del Covid-19, nos tiene a todos recluidos en casa sin poder hacer nada de esto. Cientos de planes anulados o pospuestos. Pero yo no quería pasar la ocasión de celebrar un año más, así que he querido compartir con los lectores y lectoras de este blog, uno de mis relatos que (aunque no es el único) se desarrolla en torno a la importancia de los libros en mi vida. Espero que os guste. 

DESDE LA LLUVIA

Llovía torrencialmente. Su paseo entre las casetas de la Feria del libro, que ya era casi un ritual, la alejó de la plaza en busca de un refugio.

Y, quizá por curiosidad, quizá por inercia, sus pies la llevaron hasta la pequeña librería de viejo que se escondía entre la estrechez de la calle y el bullicio de los bares que sacaban sus clientes al exterior. 

Como tantas otras veces entró en ella y se puso a curiosear entre los libros, sin un afán de búsqueda definido, solo por curiosear, aun consciente de que esos eran los momentos más peligrosos para su bolsillo, porque era precisamente en esas ocasiones en las que no buscaba nada concreto cuando siempre acababa con algún libro entre las manos. 

Su deambular por aquella estancia cargada de libros de todas las épocas, de lomos usados, de cubiertas con olor a piel y a papel viejo…, la llevó a la sección de infantil y juvenil. 

La portada oscura y brillante de  un libro atrajo su mirada. Y sus manos. Lo cogió mientras sus labios esbozaban una sonrisa y, al abrirlo, se agolparon en ella los recuerdos. Aún los conservaba con mimo entre sus pertenencias, esperando la lectura atenta de una nueva generación. Historias que la transportaron en su día a mundos y países lejanos. 

Se sentó en una pequeña y coqueta camilla que la librería ofrecía a sus clientes para hojearlo como más calma. Y se dejó llevar por su memoria. 

Una niña de ojos azules y pelo castaño ocupó la estancia. Era la mañana de Reyes. Su padrino y su esposa se habían acercado hasta su casa para entregarle un regalo. Mientras observaba disimuladamente el paquete rectangular que traían entre sus manos, intentando aparentar una relativa indiferencia, imaginaba que títulos podrían esconderse bajo aquel envoltorio. Un año más eran libros, estaba segura. Y lo agradecía profundamente pues era una lectora empedernida. Recordó entre sonrisas las dos entregas anteriores que había disfrutado con fruición. 

El primer año habían sido “Fabulas de Samaniego” y “El Quijote”. El segundo “Calila y Digna” y “Las mil y una noches”. Con esas portadas acharoladas que escondían siempre las ediciones juveniles de la editorial Everest. 

La voz de la mujer la sacó de su ensimismamiento mientras trataba de averiguar cuáles serían los títulos escogidos para esta ocasión. Era un simple juego de probabilidades, porque, fueran los que fuesen, siempre serían bien recibidos. 

– Como ya eres toda una “pollita” este año no te hemos traído libros…

No escuchó más. La sonrisa se borró de su cara mientras sus manos deshacían el paquete y un tímido y decepcionado ¡gracias! salía de su boca. 

Las historias, las palabras entrelazadas que siempre le prometían momentos agradables, ratos para un disfrutado asueto, habían sido sustituidas por el olor a lavanda de la colonia y el jabón que aquel estuche encerraba. Ocultó su decepción como pudo. No recuerda si la creyeron o no. Lo que sí quedó para siempre grabada en su mente fue la sensación de decepción frente a aquel esperado regalo que no llegó a materializarse. 

Fuera ha dejado de llover. Acaricia una vez más la portada del libro. El título baila en letras amarillas sobre el fondo oscuro, en el que destacan también unas figuras vestidas con ropas orientales. Sonríe pensando en aquella niña. Sonríe pensando también en su hija que tiene el mismo afán devorador de libros que ella tuvo a su misma edad. La misma ilusión por descubrir nuevos títulos entre los regalos recibidos. La misma afición a visitar las librerías…               

            “Las mil y una noches” será el próximo libro que le ceda, rescatado por fin del dulce sueño de los años pasados desde entonces.

Mercedes G. Rojo

Este relato, junto a otros varios y también diversos poemas, podéis encontrarlo en mi libro Días Impares, publicado por LápizCero Ediciones

http://entrepalerasyencinas-mercedesgrojo.blogspot.com/search/label/D%C3%8DAS%20IMPARES?m=1

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