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Diario de Buenos Aires By Fabiana Laffitte

Salir o no salir

En este momento del transcurrir del Covid-19, se han abierto algunas posibilidades de salir de casa. Aunque son pocas y limitadas, han dado oportunidades interesantes. Serán solo 5 cuadras hasta el cajero automático, pero la chance se percibe como vacaciones en la Polinesia. Sol cálido, 19°C de temperatura, el clima ayuda para andar un poco por la ciudad, tras el encierro que lleva 50 días.

Sofi no tardó en aprovechar la ocasión, previa larga parada en el vestidor. Su salida debía ser vivida al máximo. ¡Cuántos días de ropa deportiva y zapatillas! Por no decir, pijamas y pantuflas anti-eros. Eligió un lindo vestido, zapatos con taco alto y se maquilló todo lo que podía quedar bien a las 2 y media de la tarde porteña. Hasta dedicó tiempo a elegir la cartera de marca que valía la pena sacar a pasear también.

Indescriptible sensación de libertad y placer. ¡Qué bueno! Mira su imagen en el frente vidriado de un edificio de departamentos. Le encanta lo que ve. Deseos de cantar “I feel good”. Está segura de que hasta el barbijo le queda en sintonía con el outfit elegido. Camina decidida, contenta con la sensual sensación del vestido que le ciñe la cadera.

Llega al cajero automático, realiza las operaciones necesarias pero tardando, estirando cada movimiento hasta su máximo posible. Click… Click… El sonido de cada tecla con pausa suficiente. ¿Para qué apurarse? Todo es un disfrute. Recuerda haber leído sobre vivir en modo slow y está convencida de que es justo el momento de ponerlo en práctica. De inmediato le salta la idea de todo lo que hubiera odiado una tarea así en otras circunstancias, pero en este contexto es como un after office.

Sale del banco y elige hacer una cuadra más, hasta la avenida Belgrano, para prolongar la escapada. A escasos metros de alcanzar la bocacalle, ve los autos detenidos por el semáforo y el llegar zigzagueante de un motociclista que la mira.

¡Wow! ¡Qué ojos! — se emociona.

El joven no la pierda de vista, mientras acerca al cordón de la vereda su enorme motocicleta rugiente. El semáforo abre, los automóviles continúan su marcha pero el motociclista se queda, como esperándola.

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