martes, septiembre 1 2026

No hay más que una

By Jorge Aldegunde

Al despertar, se vio atado de pies y manos en un destartalado catre. Se notaba aturdido y desorientado. Había un muchacho en la habitación. Tenía una expresión huidiza, mezcla de miedo y curiosidad.

Trató de hablar, pero un pañuelo le tapaba la boca –solo podía balbucear–. El joven se sobresaltó al oírlo.

–No debes hacer ruido, o ella vendrá.

Angustiado, comenzó a agitarse; la cama vibró sobre sus pesadas patas mientras él forcejeaba.

Un ruido de cristales rotos en la planta superior los sobresaltó.

–Te lo dije –espetó el chico–. Has enfadado a mamá.


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